Plato de lentejas caseras

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Estilo de vida

Las abuelas coinciden: las lentejas más ricas no llevan chorizo ni hueso, se hacen con la corteza del jamón y a fuego lento

Es uno de los platos más típicos de nuestra gastronomía, sin embargo, cada hogar tiene su manera de potenciar su sabor.

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Las lentejas de las abuelas españolas tenían algo que hoy seguimos buscando en muchos platos: ese sabor de toda la vida que se consigue con ingredientes sencillos, un buen sofrito y algún que otro truco heredado de generación en generación.

Antes no hacía falta complicarse demasiado para preparar un guiso de los que reconfortan. Bastaba con saber aprovechar bien lo que había en la cocina.

Antes no se hablaba de la cocina de aprovechamiento, pero nuestras abuelas eran auténticas expertas en ella. Uno de esos ingredientes que todavía merece una oportunidad es la corteza del jamón.

Mientras que el hueso suele reservarse para dar sabor al plato, la corteza acaba a menudo en el cubo de la basura. Y, sin embargo, puede convertirse en un pequeño secreto para preparar unas lentejas con ese gusto intenso y casero que tanto recuerda a la cocina de nuestras abuelas.

Las lentejas son uno de esos platos que demuestran que no hacen falta ingredientes caros para comer bien. Unas verduras, unas legumbres, un poco de paciencia y un buen fondo de sabor bastan para conseguir un guiso de los que apetecen especialmente cuando bajan las temperaturas.

El secreto está en la corteza

La corteza del jamón encaja perfectamente en esta filosofía. Bien preparada, aporta sabor y una textura particular que enriquece el conjunto sin necesidad de añadir demasiados ingredientes. Es un recurso humilde, de los que se aprovechaban en las cocinas de antes, cuando cada alimento tenía su utilidad.

Se puede pedir en una jamonería o charcutería, aunque conviene solicitarla expresamente, porque no siempre se encuentra a la venta. Lo importante es retirar la mayor cantidad posible de grasa antes de cocinarla y prepararla adecuadamente para incorporarla al guiso.

Con el calor, la corteza va soltando parte de su sabor y adquiere una textura que cambia durante la cocción. Si se fríe, también puede quedar crujiente, como sucede con las cortezas y otros aperitivos tradicionales. En las lentejas, en cambio, interesa aprovecharla para enriquecer el caldo y dar al plato ese toque sabroso que marca la diferencia.

Es uno de esos trucos sencillos que nos recuerdan cómo cocinaban nuestras abuelas: sin desperdiciar nada, con ingredientes de siempre y buscando sacar el máximo partido a cada producto.

Un plato perfecto

Las lentejas son una de las grandes protagonistas del invierno y de la cocina de cuchara. Son baratas, fáciles de preparar y admiten casi cualquier compañía. Esta versión, más ligera que las clásicas con chorizo o morcilla, resulta sorprendentemente completa.

Aportan proteínas vegetales, hidratos de carbono de absorción lenta y una cantidad generosa de fibra. Las cortezas de jamón suman proteínas animales de alto valor biológico, sobre todo colágeno, fundamental para tejidos y articulaciones.

Cuenco con lentejas caseras.

Cuenco con lentejas caseras. iStock

Un plato así ronda las 500 kilocalorías por ración, pero con una distribución muy equilibrada de nutrientes. Saciante, reconfortante y perfectamente compatible con una dieta de control de peso si se ajustan las cantidades.

La fibra, además, juega un papel clave. Entre las lentejas y las verduras, se alcanzan cifras cercanas a las recomendaciones diarias. Eso se traduce en mejor digestión, más sensación de saciedad y un impacto más suave sobre el azúcar en sangre.

No se ponen en remojo

Depende del tipo de lenteja y del agua. Las lentejas pardinas de buena calidad pueden cocinarse directamente tras lavarlas, sobre todo si el agua es blanda.

En una olla normal estarán listas en menos de una hora. En una olla a presión, mucho antes. Si el agua es dura, el remojo sí ayuda y acorta tiempos.

Ingredientes

Ingredientes para las lentejas

  • 400 g de lentejas pardinas
  • 100 g de pieles de jamón serrano
  • 2 zanahorias peladas y picadas en rodajas o en cubitos
  • 1 cebolla picada
  • 1 pimiento verde picado
  • 1 tomate rallado
  • 2 dientes de ajo picados
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • 1 hoja de laurel
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • Sal al gusto

Paso 1

Con un cuchillo, retira toda la grasa posible de la piel de jamón y, a continuación, corta esta en pequeñas tiras que cocinaremos a fuego lento en una sartén para que se funda toda la grasa que no hayamos podido retirar. Cuando los trocitos de corteza estén crujientes, los escurrimos y los reservamos.

Paso 2

Calienta en una olla grande el aceite de oliva y sofreímos el ajo, la cebolla y el pimiento verde a fuego medio hasta que estén bien dorados, unos 5 minutos.

Paso 3

Añade las zanahorias en rodajas o en cubitos y el tomate rallado, cocina durante unos minutos más hasta que el tomate esté bien integrado y se haya evaporado casi toda su agua.

Paso 4

Cuando el sofrito esté listo, incorporamos las cortezas de jamón. Cocinamos todo junto durante 3-4 minutos para que los sabores se mezclen.

Paso 5

Añade el pimentón dulce, removemos rápidamente para que no se queme, y, a continuación, incorpora las lentejas previamente lavadas y escurridas en la olla.

Paso 6

Cubre las lentejas con agua (aproximadamente 1,5 litros) y añadimos la hoja de laurel. Llevamos a ebullición y, una vez que hierva, bajamos el fuego a medio-bajo. Dejamos cocer durante unos 40-45 minutos, removiendo de vez en cuando.

Paso 7

Retira la hoja de laurel y dejamos reposar unos minutos antes de servir.

Actualmente, muchos paquetes indican claramente los tiempos de cocción y preparación, pero, siguiendo estas pautas será suficiente para no fallar.