Gato lamiendo la mano de su dueña

Gato lamiendo la mano de su dueña iStock

Estilo de vida

Los veterinarios españoles coinciden: que tu gato te lama no es afecto, es la protección que ejerce con otros gatos

El allogrooming es una mezcla de cuidado, comunicación y pertenencia que el animal adopta con las personas, pero también es una señal de alerta a tener en cuenta.

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Quien convive con un gato conoce bien esa sensación áspera sobre la mano, el brazo o incluso la cara. Un gesto que muchos suelen interpretarlo como un beso felino, pero detrás de esos lametones hay un comportamiento social mucho más complejo.

Muchos gatos trasladan a las personas de confianza una conducta que emplean con otros miembros de colonia, como si de uno más de su familia se tratara, pero que poco tiene que ver con el afecto que los dueños de estas mascotas ansían que sea.

Se llama acicalamiento social o allogrooming y consiste en lamer a otro individuo, sobre todo en zonas como la cabeza y el cuello con el objetivo de cuidar a ese miembro, además de por el afecto que le pueda tener.

Desde cachorro

El lamido aparece desde el nacimiento. La madre limpia a sus crías y mantiene el contacto con ellas. Al crecer, algunos gatos conservan ese patrón y lo dirigen hacia compañeros con los que mantienen una relación estrecha, incluidos los humanos.

Por eso, cuando un gato lame a su dueño puede estar tratándolo como a un miembro más de su entorno social. No pretende limpiar la piel humana, sino reproducir una secuencia familiar de cuidado, proximidad y confianza.

La lengua felina está especialmente preparada para esa tarea. Su superficie contiene papilas de queratina orientadas hacia atrás, capaces de funcionar como las púas de un cepillo y de transportar saliva hasta el pelaje. Esa estructura explica por qué el contacto resulta tan rugoso.

Entre gatos, el acicalamiento suele concentrarse en la cabeza y el cuello. El animal que lo recibe puede inclinarse, girar la cara o incluso ronronear para facilitar el acceso, señales que suelen acompañar a una interacción aceptada y relajada.

Reforzar el vínculo

El lamido también ayuda a construir familiaridad. Los gatos se orientan en gran medida mediante el olfato y utilizan diferentes conductas para dejar señales olorosas. Al lamer a una persona, pueden marcarla y reafirmar que forma parte de su entorno cotidiano.

No existe, sin embargo, una única explicación. Un gato también puede lamer porque busca atención, porque le atrae el sabor salado de la piel, porque ha detectado restos de comida o porque ha aprendido que ese gesto provoca caricias y palabras amables.

También importa el lenguaje corporal del felino. Un cuerpo suelto, los ojos entrecerrados y una postura cercana suelen acompañar a un lamido amistoso. Si aparecen orejas hacia atrás, coletazos, tensión o mordiscos, la interacción puede estar derivando hacia la irritación o la sobreestimulación.

Una investigación publicada en 2026, realizada a partir de vídeos de 53 parejas de gatos, confirmó que el allogrooming no siempre es estrictamente amistoso. En algunos casos aparece antes del juego brusco, los mordiscos o pequeños conflictos, por lo que conviene interpretar toda la escena y no un gesto aislado.

Esto no invalida su función afectiva. El estudio muestra, más bien, que el acicalamiento felino puede cumplir varias funciones dependiendo del momento, la relación entre los animales y las señales corporales que acompañan al lamido.

Cuándo es una señal de alerta

Que un gato lama ocasionalmente a su cuidador entra dentro de la conducta normal. La situación cambia cuando el comportamiento se vuelve insistente, aparece de repente o se acompaña de un acicalamiento excesivo sobre su propio cuerpo.

El estrés, los cambios de rutina y la ansiedad pueden aumentar los lamidos. También existen causas físicas, como dolor, picor, alergias o parásitos, especialmente cuando el animal se concentra repetidamente en una zona y provoca calvas, irritación o heridas.

En esos casos conviene consultar con un veterinario. El lamido puede tener un efecto calmante y convertirse en una conducta repetitiva, pero primero deben descartarse posibles problemas médicos.

Tampoco hay que preocuparse si un gato nunca lame a sus dueños. Cada individuo expresa la confianza de una manera distinta: algunos duermen cerca, otros se frotan contra las piernas, amasan con las patas o simplemente permanecen en la misma habitación.