Jesús Sola, pastor de ovejas, en el podcast Morir de éxito.

Jesús Sola, pastor de ovejas, en el podcast Morir de éxito. YouTube.

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Un pastor de ovejas: "Las ayudas deberían ir para las personas que tienen animales. Un ganado de cabras limpia más que 100 personas"

El pastor defiende la ganadería extensiva como una herramienta clave para prevenir incendios y denuncia el abandono que sufre el mundo rural.

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En lo que va de mes se han quemado 1.220 hectáreas en España a causa de los recientes incendios forestales. Las elevadas temperaturas estivales han vuelto a poner en jaque el patrimonio natural y las zonas rurales de todo el país.

De acuerdo con los expertos, una de las razones principales detrás de esta rápida propagación es la falta de limpieza en los campos y el abandono de los montes. La biomasa y la vegetación descontrolada funcionan como un combustible perfecto para que el fuego arrase grandes extensiones.

Ante esta crisis, cobran fuerza las palabras de Jesús, pastor de ovejas de Guadalajara que advirtió sobre este problema hace 9 meses en el pódcast Morir de Éxito. Allí, denunció la falta de apoyo al campo y defendió que las ayudas deben ir a quienes tienen animales, recordando que un rebaño limpia el monte con mayor eficacia que cien personas.

La ganadería extensiva, una herramienta para mantener limpio el monte

Jesús Sola conoce de primera mano la realidad del campo. Pastor de ovejas en Tortuera, un pequeño municipio de Guadalajara de apenas un centenar de habitantes, lleva toda la vida vinculado a la ganadería y asegura que el abandono progresivo del medio rural está teniendo consecuencias que van mucho más allá de la pérdida de población.

Entre ellas, sostiene, un mayor riesgo de incendios debido a la falta de pastoreo y de mantenimiento de los montes.

"Un ganado de ovejas, cabras o vacas limpia mucho más que 100 personas. ¿Qué coste tienen esas 100 personas limpiando un monte? Si esas ayudas se dieran a gente que tuviera animales en esos montes, sería una gran solución", afirmaba durante la entrevista.

Su planteamiento coincide, además, con los testimonios de miles de especialistas que han alzado la voz el último mes debido a los incendios que han acabado con casi 1.300 hectáreas en España: el abandono progresivo del monte favorece la acumulación de matorral y biomasa, lo que incrementa la intensidad y la velocidad con la que se propagan los incendios cuando coinciden altas temperaturas, sequía y viento.

En las últimas décadas, la despoblación rural y la reducción de explotaciones ganaderas han transformado amplias zonas del interior peninsular. Allí donde antes había pastores recorriendo diariamente los montes con sus animales, hoy abundan parcelas abandonadas y una vegetación que crece sin apenas control.

Jesús considera que esa transformación ha tenido consecuencias directas. En su opinión, la desaparición progresiva del pastoreo ha contribuido a que los incendios sean cada vez más difíciles de controlar, por lo que cree que las administraciones deberían apostar con mayor decisión por quienes mantienen vivo este modelo de ganadería.

Un trabajo que no entiende de horarios

Más allá de la prevención de incendios, el pastor quiso mostrar cómo es realmente la vida de quienes se dedican a la ganadería. Lejos de la imagen romántica que muchas veces se proyecta del mundo rural, describe un oficio que exige dedicación absoluta durante todo el año.

"El pastor es un oficio duro porque es muy esclavo. El problema de ser pastor o ganadero es que tienes que estar todos los días. Te tiene que gustar; si no te gusta, es difícil", explicaba.

Jesús Sola, pastor de ovejas de Tortuera en el podcast Morir de éxito.

Según relata, el ganado marca completamente la rutina diaria. No existen fines de semana ni festivos y la jornada depende del ritmo de los animales y de la luz solar. "El ganado no tiene reloj. Trabajas un poco con el sol, desde que sale hasta que se pone. Así funcionamos: no llevamos ni reloj", resumía.

Esa exigencia se multiplica durante la época de partos, cuando resulta necesario atender a las ovejas que dan a luz, recoger a los corderos, alimentar a las madres y, en algunos casos, criar manualmente a los animales que no pueden ser amamantados.

Pese a esa imagen tradicional, Sola insiste en que la ganadería actual está muy lejos de ser un oficio anclado en el pasado. Junto a su mujer gestiona alrededor de 2.000 ovejas repartidas en varias explotaciones y utiliza programas informáticos para controlar cada animal, registrar los partos, hacer seguimiento del peso de los corderos y planificar la producción.

La falta de relevo amenaza al campo

Uno de los aspectos que más preocupa al pastor es la pérdida constante de población en las zonas rurales. Asegura que cada año desaparecen vecinos y que son muy pocos los jóvenes que deciden quedarse para desarrollar allí su proyecto de vida.

"Los pueblos se están vaciando cada día más. Es que la gente joven no se queda y la gente mayor va falleciendo", lamentaba.

Según explica, la falta de habitantes no afecta únicamente a la ganadería. En muchos pueblos resulta complicado encontrar electricistas, fontaneros, camareros, policías, profesionales de ayuda a domicilio o personal para atender a las personas mayores, una situación que dificulta todavía más la vida en estas localidades.

A ello se suma la barrera económica que supone iniciar una explotación desde cero. Jesús calcula que un joven necesita adquirir al menos 500 ovejas para que el negocio pueda resultar viable, una inversión inicial que ronda los 75.000 euros únicamente en animales, a la que hay que añadir el coste de las instalaciones y varios años de espera antes de empezar a obtener beneficios.

Por ese motivo considera que la mejor opción pasa por facilitar el relevo entre generaciones, permitiendo que quienes se jubilan cedan sus explotaciones a jóvenes interesados en continuar la actividad.

A pesar de las dificultades, Jesús asegura que no cambiaría el campo por ningún otro trabajo. Reconoce que la ganadería permite vivir, aunque no hacerse rico, y afirma que para él el verdadero éxito consiste en dedicar cada día a una profesión que le apasiona.