Mujer viviendo en una furgoneta camperizada

Mujer viviendo en una furgoneta camperizada iStock

Estilo de vida

Ary, 32 años, nómada: "Desde hace 3 años vivo en una furgoneta de 5 m2 y no pago luz ni agua, y cada vez, menos comida"

Ella misma asegura que cada vez necesita menos para vivir como quiere, de una manera más acorde a su manera de pensar, "lejos del sistema".

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Cambiar de casa, de trabajo o de ciudad puede transformar por completo una vida. Ari decidió hacer las tres cosas al mismo tiempo: vendió su vivienda, cerró su negocio y abandonó la rutina que conocía para comenzar a recorrer distintos lugares en una furgoneta camperizada.

La creadora de contenido, manicurista y tatuadora española comparte ahora su día a día a través de la cuenta @ary.vhs. En sus vídeos muestra una forma de vivir marcada por la movilidad, la naturaleza y el deseo de depender cada vez menos de las estructuras convencionales.

"Me llamo Ari y hace 3 años que vivo de forma nómada". Con esta frase comienza uno de sus últimos vídeos publicados, en el que explica cómo tomó una decisión que, desde fuera, podría parecer radical.

Dejó atrás su vida

El cambio no se produjo de manera accidental. Ari llevaba tiempo sintiendo que la vida que había construido ya no encajaba con aquello que realmente deseaba para su futuro.

Según relata, llegó un momento en el que comprendió que "quería cambiar de vida y alejarme del sistema". Para conseguirlo, tuvo que desprenderse de buena parte de la estabilidad material que había alcanzado hasta entonces.

La decisión implicó renunciar a una vivienda propia y al proyecto profesional que mantenía. "Vendí mi piso y mi negocio y dejé atrás todo lo que conocía", explica en el vídeo.

Su hogar pasó a ser una furgoneta camperizada a la que llama VanHouse. Desde allí trabaja, descansa y se desplaza, construyendo una rutina diferente en cada destino y compartiendo con sus seguidores tanto los momentos agradables como las dificultades de vivir en la carretera.

Su contenido no se limita a mostrar paisajes o amaneceres. También refleja las tareas cotidianas, la organización del espacio, los desplazamientos y los problemas que pueden surgir cuando una vivienda depende, además, del funcionamiento de un vehículo.

Una vida con más libertad

Tres años después de comenzar esta experiencia, Ari asegura que ya no considera la vida nómada una etapa temporal. El tiempo le ha permitido confirmar que se trata del modelo que desea mantener.

"Ahora que ya llevo un tiempo viviendo así y sé que es la forma que quiero de vivir, este año quiero empezar a aprender de supervivencia y cada vez depender menos del sistema", afirma.

Su próximo objetivo consiste en adquirir conocimientos que le permitan ser más autosuficiente. Esa aspiración encaja con el estilo de vida off-grid, basado en reducir la dependencia de servicios externos mediante recursos como la energía solar, los depósitos de agua o una mayor capacidad para resolver imprevistos.

Vivir de esta manera, sin embargo, no significa estar libre de gastos. El combustible, la alimentación, el mantenimiento mecánico, el seguro, la ITV, la conexión a internet y las zonas de pernocta forman parte del presupuesto habitual.

Las averías representan uno de los mayores riesgos. Cuando el vehículo es al mismo tiempo el medio de transporte y la vivienda, cualquier problema mecánico puede alterar los planes y generar una factura inesperada.

El precio de una furgoneta camperizada

La inversión inicial es otra de las principales barreras para quienes se plantean seguir un camino parecido. Una furgoneta de segunda mano puede superar los 20.000 euros, a los que hay que sumar el coste de su transformación.

Una camperización realizada por cuenta propia puede requerir entre 3.000 y 6.000 euros en materiales. Cuando el trabajo se encarga a profesionales, el presupuesto puede partir de 15.000 euros y alcanzar cifras mucho mayores según el equipamiento.

Después, los gastos mensuales pueden oscilar considerablemente dependiendo de los kilómetros recorridos, el consumo del vehículo, el uso de campings y el nivel de comodidad buscado.

A pesar de estas dificultades, Ari no presenta su decisión como una huida improvisada, sino como una búsqueda personal que ha terminado por convertirse en su manera de entender el presente.

No sabe cuánto durará el viaje ni qué lugares formarán parte de su futuro. Después de vender aquello que representaba su anterior estabilidad, conserva una certeza sobre el camino elegido: "Lo único que sé es que me siento más viva que nunca".