Pedro Porro, durante la entrevista con EL ESPAÑOL

Pedro Porro, durante la entrevista con EL ESPAÑOL David Morales

Estilo de vida

Pedro Porro (25 años): "Mis abuelos me criaron, mi madre salía de trabajar a las 5 de la mañana y mi padre trabajaba en lo que salía"

El deportista, ahora en la élite del fútbol, no olvida su infancia en Extremadura, asumiendo que cada nuevo logro es también de su familia.

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Pedro Porro atraviesa uno de los momentos más destacados de su trayectoria deportiva. Consolidado en la élite del fútbol europeo, el defensa extremeño ha logrado convertir en realidad el sueño que comenzó a perseguir cuando apenas era un niño.

Sin embargo, detrás de su éxito existe una historia familiar marcada por los sacrificios, las dificultades económicas y el apoyo incondicional de sus padres y sus abuelos. El futbolista ha repasado esa etapa durante una entrevista concedida a ABC.

El jugador (13 de septiembre de 1999, Don Benito) recuerda una infancia en la que sus progenitores tuvieron que trabajar durante largas jornadas para mantener a la familia. Esa situación provocó que sus abuelos asumieran un papel fundamental en su crianza y en sus primeros pasos en el deporte.

Sus abuelos

Porro ha explicado que su madre trabajaba en un supermercado, mientras que su padre aceptaba los empleos que iban surgiendo. Debido a sus horarios, eran sus abuelos quienes se ocupaban de él buena parte del día.

"Mi madre estaba en el Mercadona y mi padre trabajaba en lo que le iba saliendo, y por eso mis abuelos se tuvieron que quedar conmigo. No fue por nada especial, simplemente porque mis padres trabajaban y mis abuelos hicieron esa labor también de padre y madre cuando no estaban los míos", revela.

"Siempre recordamos eso porque cuando mi madre salía a trabajar a las 3, las 4 o las 5 de la mañana, me llevaba a casa de mi abuela", ha contado para el diario.

Aquella rutina familiar permitió que el futbolista estuviera acompañado mientras sus padres intentaban sacar adelante la casa. Su abuelo, además, se convirtió en la persona encargada de llevarlo a entrenamientos y partidos.

"Yo he tenido una suerte grandísima en el simple hecho de que mi abuelo siempre me ha podido llevar a jugar, a cumplir mis sueños. He tenido una infancia difícil por el tema financiero; no era muy buena la situación", ha recordado también.

Problemas económicos

El jugador no oculta que durante aquellos años el dinero escaseaba. Pese a las dificultades, conserva especialmente el recuerdo de la entrega de su abuelo, que buscaba cualquier solución para que pudiera continuar jugando al fútbol.

"En casa hemos sufrido mucho económicamente, pero me quedo más con el detalle de mi abuelo de poder llevarme a todos lados como sea. Él se buscaba los medios para verme feliz a mí y también estoy muy feliz porque a día de hoy todo ese esfuerzo que él hizo en su día, se lo intento devolver con lo mejor que puedo".

Su carrera profesional le ha permitido compensar, al menos en parte, los sacrificios realizados por sus familiares. Para Porro, compartir sus logros con quienes lo acompañaron desde pequeño es una de las mayores satisfacciones que le ha dado el deporte.

"Lo que más feliz me hace a mí es devolver todo ese cariño que me han dado ellos y todo ese esfuerzo desde el minuto uno porque esto no acaba aquí. Si Dios quiere, tengo muchos años de carrera y se lo dedicaré a ellos todos los días de mi vida", ha asegurado.

Esfuerzo por los estudios

Además del fútbol, su familia insistió en la importancia de la educación. Aunque los entrenamientos ocupaban una parte importante de sus jornadas, el extremeño buscó una alternativa para terminar la Educación Secundaria Obligatoria.

"Eso es importantísimo para mí, sobre todo para los valores que me ha dado mi familia. Pude cumplir las dos partes, que eso es lo que me hace más feliz. Para sacarme la ESO fui a una escuela de adultos por la tarde porque entrenaba por la mañana y compaginé como pude".

Porro reivindica así una enseñanza que va más allá de sus éxitos sobre el terreno de juego. Su historia está ligada al esfuerzo de unos padres que trabajaban de madrugada y a unos abuelos que buscaron los medios necesarios para que no tuviera que renunciar a sus aspiraciones.