Albañil trabajando en la obra

Albañil trabajando en la obra IStock

Estilo de vida

Un albañil hondureño trabajando en España: "En la construcción gano unos 1.400 euros al mes, en mi país no llegaría a los 400"

A pesar de una mejor estabilidad, la ausencia de la familia es el aspecto más duro de la emigración para miles de trabajadores que llegan a España.

Más información: Jennifer López (26 años), fontanera: "Estar trabajando y que intenten ligar contigo es muy desagradable"

Publicada
Actualizada

La construcción atraviesa uno de los momentos más delicados de los últimos años en España. El sector necesita incorporar cientos de miles de trabajadores para cubrir la falta de mano de obra.

Un problema agravado por el envejecimiento de las plantillas y la escasa incorporación de jóvenes a un oficio cada vez menos demandado.

En este contexto, miles de inmigrantes han encontrado en las obras una oportunidad para empezar de nuevo. Uno de ellos es Luis Alberto, un albañil hondureño que hace tres años dejó su país para buscar un futuro mejor.

Hoy trabaja de lunes a sábado en España, donde asegura haber logrado estabilidad económica gracias a su experiencia.

Su historia refleja la realidad de muchos trabajadores extranjeros que sostienen una parte importante del sector mientras tratan de construir una nueva vida lejos de sus familias.

Empezar de cero en España

Luis Alberto ya era albañil antes de emigrar. En Honduras conocía perfectamente el oficio, pero la falta de oportunidades laborales terminó empujándolo a tomar una decisión difícil: marcharse a Europa.

"En Honduras no hay oportunidades y falta trabajo también, entonces eso lo hace decidir a uno emigrar a estos países", explica.

Sin embargo, llegar a España no significó incorporarse inmediatamente como oficial de obra. Aunque contaba con experiencia, tuvo que demostrar sus conocimientos desde el principio porque nadie conocía su trayectoria profesional.

Además, descubrió que incluso el vocabulario cambiaba. Muchas herramientas y materiales reciben nombres diferentes, por lo que una parte importante de la adaptación consistió en aprender el lenguaje utilizado en las obras españolas.

"Las herramientas son mucho más cómodas, estamos hablando de materiales que en Honduras no se manejan, pero aquí en estos países sí", comenta.

Cada jornada supone adquirir nuevas expresiones y adaptarse a una forma distinta de trabajar, mientras se gana la confianza de los encargados y del resto del equipo.

Ganar 90 euros al día

Como sucede con muchos inmigrantes que llegan al sector, Luis Alberto comenzó desempeñando funciones de ayudante, independientemente de la experiencia que ya acumulaba en su país.

"Te conocen en tu país, que eres el albañil, pero aquí no. Cuando vienes, ganas como un ayudante unos 50-55 euros al día", explica.

Con el paso de los meses, su trabajo empezó a hablar por él. La calidad de las tareas realizadas y la confianza que fue generando entre sus superiores hicieron que mejoraran también sus condiciones económicas.

"Van viendo lo que vas haciendo en la evolución de tu trabajo, que lo vas haciendo bien, que ya te tienen confianza... te va subiendo hasta ganar 80 o 90 euros".

Hoy asegura que un albañil experimentado puede alcanzar ese salario diario, aunque insiste en que el reconocimiento no llega de forma automática, sino que depende del esfuerzo y de demostrar la profesionalidad cada día.

"Sobre todo es mostrar un buen trabajo... que vean que tu trabajo es bueno". Aun así, encontrar empleo continúa siendo uno de los principales retos para quienes acaban de llegar al país. En su opinión, las oportunidades existen, pero gran parte de ellas llega a través de recomendaciones personales.

"Es un poco difícil encontrar trabajo aquí. Bueno, todo está en contactos, pero así se consigue trabajo, sí se consigue".

El sacrificio de emigrar

Aunque reconoce que los ingresos son superiores a los que podría obtener en Honduras, Luis Alberto recuerda que la emigración tiene un coste emocional que pocas veces se visibiliza.

Las jornadas comienzan temprano y se prolongan durante seis días a la semana. Como muchos trabajadores de la construcción, debe llevar su propia comida y organizar cada detalle de la jornada antes de salir de casa.

Sin embargo, ninguna dificultad pesa tanto como la distancia con sus seres queridos. "Lo más difícil para todo inmigrante es dejar a su familia. Son muchos kilómetros de distancia y es difícil el día a día", confiesa.

A pesar de ello, asegura que el esfuerzo tiene como único objetivo ofrecer un futuro mejor a sus hijos. "No importa la distancia, aquí lo que importa es que nuestros hijos tengan el pan cotidiano". La nostalgia forma parte de su rutina. "Estando aquí solo y la verdad es tremendo, es muy duro y difícil".