Imagen de una mujer aplicándose el corrector.

Imagen de una mujer aplicándose el corrector.

Estilo de vida

Pilar Lucas, maquilladora: "Para parecer más joven, tienes que aplicar corrector en estos cinco puntos"

Este pequeño cambio hace que la expresión parezca más descansada, la mirada más abierta y las facciones mucho más suaves.

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El maquillaje tiene la capacidad de transformar un rostro mucho más de lo que solemos imaginar. No se trata solo de cubrir imperfecciones o añadir color, sino de jugar con la luz, las sombras y las proporciones para conseguir una apariencia más descansada, luminosa y fresca.

De hecho, un buen maquillaje puede suavizar signos de cansancio y devolver vitalidad a la expresión en apenas unos minutos.

Sin embargo, rejuvenecer el rostro con maquillaje no siempre es tan sencillo como parece. Muchas veces pensamos que basta con aplicar más producto o recurrir a bases muy cubrientes para conseguir ese efecto de "buena cara", cuando en realidad ocurre justo lo contrario.

Un exceso de maquillaje puede marcar más las arrugas, endurecer las facciones y apagar todavía más la piel, especialmente a partir de los 50 años.

Es por este motivo que resulta muy eficaz conocer las técnicas para que nuestro maquillaje no resulte contraproducente, y una de ellas la tiene la profesional Pilar Lucas, que apuesta por cinco únicos puntos en el rostro: lagrimal, párpado inferior, aleta de la nariz, pómulo y debajo del labio.

Los cinco puntos clave que rejuvenecen el rostro

A medida que la piel madura pierde colágeno, elasticidad y volumen, el rostro empieza a crear sombras naturales en determinadas zonas.

Son esas pequeñas áreas oscurecidas las que hacen que la cara parezca más cansada, triste o apagada incluso aunque la piel esté cuidada.

Precisamente ahí entra en juego el corrector, que ya no se utiliza solo para tapar ojeras, sino para devolver luz y levantar ópticamente las facciones.

Pilar Lucas insiste en que la clave no está en aplicar grandes cantidades de producto, sino en colocarlo exactamente donde el rostro pierde luminosidad con el paso de los años.

Además, los tonos elegidos también juegan un papel fundamental y es que, si queremos iluminar, el tono del corrector debe ser medio tono o un tono más claro que la piel. Cuidado en este paso, porque muchas personas cometen el error de elegir un producto demasiado blanco.

Cuando se utiliza un corrector demasiado blanco o muy espeso, el resultado puede ser contraproducente porque el producto se acumula en las líneas de expresión y marca todavía más las arrugas.

Uno de los puntos más importantes es el lagrimal. Es la zona donde suele concentrarse la sombra más azulada y hundida del ojo, algo muy habitual en pieles maduras.

Aplicar una pequeña cantidad de corrector claro ahí consigue abrir la mirada de inmediato y elimina ese aspecto de cansancio que endurece el rostro.

El resultado son unos ojos que parecen más despiertos y frescos sin recurrir a sombras o delineados intensos.

Otro punto estratégico se encuentra en la parte externa de la ojera y el párpado inferior. Con el paso del tiempo, el extremo del ojo tiende a descender visualmente y aparecen más marcadas las patas de gallo.

Al colocar el corrector en esta zona y difuminarlo suavemente hacia la sien en dirección ascendente, se crea un efecto lifting óptico muy favorecedor. La mirada parece más elevada y el rostro recupera cierta firmeza visual sin necesidad de técnicas complicadas.

La zona lateral de la nariz también tiene un papel importante en este truco. Es habitual que alrededor de las aletas nasales aparezcan rojeces o pequeñas sombras que endurecen la expresión y aportan sensación de fatiga.

El corrector ayuda a neutralizar ese oscurecimiento y además conecta visualmente la luminosidad de la ojera con el centro del rostro, creando un efecto mucho más uniforme y descansado.

Otro de los puntos clave está justo debajo del pómulo. Aquí el corrector no actúa tanto para iluminar, sino que lo que hace es esculpir.

Al aplicar una línea clara bajo la zona donde normalmente iría el contorno oscuro, se genera un contraste que hace que el hueso del pómulo parezca más elevado.

Este efecto ayuda muchísimo a combatir visualmente la flacidez de las mejillas y devuelve definición al rostro sin endurecerlo.

La última zona estratégica es la comisura de los labios, una zona que tiende a caer y en la que suelen aparecer las llamadas líneas de marioneta, que aportan una expresión triste incluso cuando el rostro está relajado.

Aplicar corrector claro en esta zona ayuda a borrar esa sombra descendente y consigue elevar visualmente la sonrisa. Además, aporta sensación de mayor firmeza alrededor de la boca, una de las áreas que más cambia con el paso de los años.

La técnica también tiene mucho que ver con la forma de difuminar el producto y Pilar recomienda trabajar siempre con movimientos ascendentes y utilizar muy poca cantidad.

La idea no es cubrir completamente la piel, sino reflejar mejor la luz natural del rostro. Cuando el maquillaje queda ligero y bien integrado, la piel parece más jugosa y rejuvenecida.

Otro detalle importante es elegir fórmulas luminosas y flexibles, ya que los correctores demasiado mates o secos suelen cuartearse en pieles maduras y acentúan las líneas de expresión.

Por eso las maquilladoras prefieren productos más hidratantes y ligeros, capaces de fundirse con la piel sin crear efecto máscara.