Pedro Sánzhez y Úrsula Von der Leyen

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Bruselas da una lección a España: creará una cuenta bancaria común para movilizar el ahorro de los ciudadanos

Europa estudia cómo desarrollar nuevas cuentas de ahorro e inversión para mover el dinero parado y evitar que la inflación siga avanzando.

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La Unión Europea quiere movilizar el enorme volumen de ahorro que permanece inmóvil en las cuentas corrientes de millones de ciudadanos. Y España ya trabaja en una fórmula inspirada en modelos internacionales para facilitar que pequeños ahorradores puedan invertir su dinero de forma sencilla, flexible y con ventajas fiscales.

La idea ha ganado fuerza en los últimos meses dentro del debate europeo sobre cómo impulsar la inversión privada y mejorar la financiación de la economía comunitaria.

Según distintos informes de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo, los hogares europeos mantienen billones de euros en depósitos bancarios con escasa o nula rentabilidad.

En España, además, el perfil del ahorrador sigue siendo especialmente conservador. Buena parte del patrimonio familiar continúa concentrado en vivienda e inmuebles, mientras que la inversión en productos financieros sigue siendo inferior a la de otros países del entorno.

El abogado laboralista Andrés Millán lo resume con un mensaje contundente: "Europa recientemente dijo que quería que una parte del ahorro de los españoles, que ahora mismo está aparcado en depósitos sin remuneración, saque una rentabilidad porque favorece a toda la economía europea".

Una cuenta pública

La propuesta que estudian distintos países europeos pasa por crear una especie de "cuenta contenedor" que permita a cualquier ciudadano invertir de forma gradual y sencilla.

El objetivo sería facilitar aportaciones periódicas, permitir retirar el dinero sin penalizaciones y ofrecer incentivos fiscales estables. Todo ello con costes reducidos y productos fáciles de entender para el pequeño inversor.

"Se busca que la cuenta no requiera importe mínimo, que permita aportaciones automáticas y una total liquidez", explica Millán. El abogado también critica las elevadas comisiones de algunos productos financieros tradicionales: "Que no sean como las mierdas de productos que te coloca tu banco, que tienen unas comisiones de la leche".

La idea no es nueva en Europa. Uno de los modelos que más se cita es el ISA británico, siglas de Individual Savings Account, un sistema implantado en Reino Unido que permite ahorrar e invertir con importantes ventajas fiscales.

Este tipo de cuentas ofrecen exenciones sobre intereses, dividendos o ganancias obtenidas dentro del producto, siempre dentro de determinados límites anuales de aportación.

La Comisión Europea lleva tiempo insistiendo en la necesidad de canalizar el ahorro privado hacia la inversión productiva. Bruselas considera que Europa depende demasiado de la financiación bancaria y necesita desarrollar más sus mercados de capitales.

En paralelo, varios informes comunitarios alertan de que muchos ciudadanos pierden poder adquisitivo manteniendo su dinero parado en cuentas sin remuneración, especialmente en contextos de inflación elevada.

El miedo a invertir

Uno de los principales problemas es cultural. España mantiene una relación especialmente prudente con la inversión financiera. Según datos del Banco de España y de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, buena parte del ahorro de los hogares continúa en depósitos y efectivo, pese a que durante años ofrecieron rentabilidades prácticamente nulas.

"El español medio solo invierte en ladrillo y si no, no invierte", sostiene Millán. Esa mentalidad, según numerosos expertos financieros, limita la capacidad de muchas familias para proteger su patrimonio frente a la inflación.

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El Banco Central Europeo mantiene como objetivo una inflación cercana al 2% a medio plazo. Eso significa, en términos prácticos, que el dinero pierde valor con el paso del tiempo si no genera algún tipo de rentabilidad.

La inflación registrada en Europa durante los últimos años ha intensificado este debate. Muchos ciudadanos han comprobado cómo sus ahorros mantenidos en cuentas corrientes han perdido capacidad real de compra mientras aumentaban los precios de la vivienda, la energía o la alimentación.

Jóvenes, vivienda y desigualdad

El debate sobre estas futuras cuentas de inversión también está ligado a un problema mayor: el acceso al patrimonio y el aumento de la desigualdad generacional.

Durante décadas, gran parte de la clase media española logró aumentar su riqueza gracias a la revalorización de la vivienda. Sin embargo, el encarecimiento del mercado inmobiliario y las dificultades de acceso al crédito han cambiado radicalmente el escenario para muchos jóvenes.

"Estamos ante un punto de inflexión en cuanto al crecimiento del patrimonio", advierte Millán. "La clase media va a desaparecer", añade. Aunque la afirmación es contundente, distintos estudios económicos sí alertan del aumento de la brecha patrimonial entre quienes poseen activos y quienes dependen exclusivamente de su salario.

La OCDE y el Banco de España han señalado en repetidas ocasiones que las nuevas generaciones tienen más dificultades para acceder a la vivienda, ahorrar e invertir que sus padres.

Por eso, Bruselas considera prioritario fomentar productos sencillos de inversión minorista que permitan a pequeños ahorradores participar en los mercados financieros sin necesidad de grandes conocimientos técnicos ni grandes cantidades de dinero.

Eso sí, los expertos recuerdan que toda inversión implica riesgos y que la rentabilidad nunca está garantizada. También recomiendan desconfiar de promesas de beneficios rápidos o sin volatilidad.