Cristina Higueras posa para Magas.

Cristina Higueras posa para Magas. Nieves Díaz

Estilo de vida

Cristina Higueras: "Cualquier persona, bajo determinadas circunstancias, puede llegar a ser un criminal"

La actriz y autora ha ido construyendo una trayectoria literaria marcada por el thriller psicológico.

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En las novelas de Cristina Higueras, la intriga no se apoya sólo en el misterio, sino en la fragilidad de las relaciones, en la percepción del otro y en lo fácil que es que lo cotidiano empiece a resquebrajarse.

En No me dejes nunca, Wonder vuelve a ese territorio con una historia en la que una desaparición durante un viaje de novios abre una investigación policial y, al mismo tiempo, una grieta íntima: la duda sobre lo que creíamos saber de quien tenemos al lado.

Entre Oporto y Marrakech, la novela avanza como un juego de espejos donde la confianza, la identidad y la incertidumbre se vuelven el verdadero centro del relato.

En la novela, la desaparición de Cito durante el viaje de novios en Oporto abre una grieta emocional muy profunda en la protagonista. ¿Hasta qué punto te interesaba explorar la fragilidad de una felicidad que depende de algo tan inestable?

La elección de Oporto —aunque hay partes en Marrakech y una pequeña en Madrid— responde al contraste. Me interesaba situar un hecho trágico, como la desaparición del marido en plena luna de miel, en un entorno luminoso.

Oporto me parece una ciudad muy bonita, muy viva, donde la gente transmite felicidad. Ese contraste subraya la desolación y la soledad de Mónica: está sin nadie conocido y sin saber cómo reaccionar. Además, había visitado recientemente la ciudad y me resultó muy inspiradora.

La historia lleva a la protagonista de una certeza absoluta a una duda constante. ¿Por qué crees que la incertidumbre resulta tan difícil de sostener para el ser humano?

Cuando desaparece alguien —como vemos en casos reales— surge siempre la misma pregunta: si es peor la desaparición que la muerte. Creo que las familias, aunque no lo reconozcan, encontrarían más paz con una confirmación.

No hay tragedia mayor que la desaparición de un ser querido durante años sin certeza. Puedes sospechar, pero no saberlo es devastador. Además, necesitas algo físico que ayude a asumirlo y a cerrar el duelo.

La escritora en la Casa del Libro.

La escritora en la Casa del Libro. Nieves Díaz

Esa historia compartida desde la adolescencia parece, en principio, un aval de confianza. ¿El tiempo junto a alguien aporta claridad o puede volvernos ciegos ante sus zonas más oscuras?

El tiempo no siempre aporta claridad; a veces refuerza una idea de conocimiento que puede ser engañosa. Cree conocerlo bien porque lo conoce desde muy joven, sus virtudes y sus defectos. Por eso, al principio está segura de que algo grave le ha ocurrido: no encuentra otra explicación para su desaparición y no contempla que pueda ser voluntaria.

Con el paso del tiempo, y tras hablar con un inspector portugués que le menciona casos similares, empiezan a surgir dudas. Aun así, las rechaza. Cuando aparecen cadáveres que podrían estar relacionados con él, la incertidumbre se impone y aparece la gran pregunta: hasta qué punto lo conocía realmente o hasta qué punto creía conocerlo.

Pero no sólo eso: cuando aparecen los cadáveres, surge otra cuestión. ¿Cómo se sobrevive al descubrimiento de que quien era tu refugio puede convertirse en una amenaza?

Ese es el mayor sufrimiento. Es algo tan demoledor que la empuja a no parar hasta descubrir qué ha pasado. No parar, incluso poniendo en riesgo su vida. Llega un momento en que vivir con esa incertidumbre es peor que morir intentando despejarla.

Volvemos, entonces, a la incertidumbre. ¿El amor se sostiene en una verdad compartida o en la confianza que depositamos en el otro?

Se basa en la confianza. Sin confianza no puede haber amor. Puedes enamorarte, pero en cuanto dejas de fiarte, el amor se deteriora. La confianza es esencial en cualquier relación, y especialmente en la pareja.

¿Qué resulta más difícil de asumir: la pérdida física de la pareja o la pérdida de la imagen que tenías de ella?

Probablemente lo segundo. Descubrir que la persona no es quien creías afecta directamente a aquello de lo que te enamoraste. Es difícil que el amor sobreviva a eso. Incluso si esa persona vuelve, la imagen ya ha cambiado. Y, en consecuencia, también cambia la relación y la forma en que tú te sitúas en ella.

¿Hasta qué punto necesitamos certezas para sostener una relación? ¿Puede la verdad, en algunos casos, debilitarla?

Las certezas absolutas no existen. En nada. Ni siquiera en uno mismo, porque todos cambiamos. Con el tiempo y la perspectiva, se entiende que todo es más relativo de lo que parecía. En una relación tiene que haber también cierto margen de misterio. No es necesario conocer todo del otro; incluso puede no ser conveniente. Hay cosas que es mejor ir descubriendo.

Y hay puertas que quizá no deberían abrirse nunca.

Exacto. Hay espacios personales que no siempre se pueden compartir. Y, además, hay puertas que no deberían abrirse nunca. Porque dentro de cada persona hay lugares que forman parte de su intimidad y que no siempre se deben compartir.

Sin esos matices, a veces es difícil comprender lo que uno es. Por eso es mejor que ciertas cosas permanezcan para uno mismo. El misterio también forma parte de lo interesante de una persona.

¿Crees que con los años aprendemos a conocer al otro o simplemente a convivir con lo que no entendemos?

Aprendes a conocerlo, a tolerar lo que no te gusta y a ceder. Vivir en pareja es complicado, muy complicado. Y no hace falta llegar a extremos para comprobarlo.

Viajamos también a Marrakech. ¿Qué papel cumple ese escenario?

Es una parte breve, pero decisiva, porque marca un antes y un después en la percepción. Elegí Marrakech como contraste con Oporto. Si Oporto transmite luz y optimismo, Marrakech me resultó una ciudad muy oscura.

¿De dónde nace esa sensación?

De esos callejones en los que se pierde Mónica y donde está en peligro. Esa fue mi percepción: una oscuridad acentuada también por la falta de iluminación. Frente a la tranquilidad que sentí en Oporto, en Marrakech percibí mucho peligro.

Entonces, ¿las ciudades responden a lo que has vivido en ellas?

Sí. Al escribir te nutres de tus percepciones y de tus vivencias. En mi caso también influye que soy actriz; seguramente, si no lo fuera, escribiría de otra manera. Para mí lo esencial son los personajes.

Puedes tener una trama potente, pero si los personajes son débiles, no se sostienen. Necesitan matices, contradicciones, aristas. Me interesa que el lector sienta que podría conocerlos, que podrían formar parte de su entorno.

¿Ha cambiado tu mirada sobre los personajes con el tiempo?

Con los años te vuelves más tolerante. Antes era más tajante, más extrema. Con la experiencia entiendes mejor los matices y eso se refleja en cómo construyes a los personajes.

El libro No me dejes nunca, Wonder de Cristina Higueras.

El libro "No me dejes nunca, Wonder" de Cristina Higueras. Nieves Díaz

¿Te vuelves más tolerante y también más sincera a la hora de decir algo que no te gusta?

Yo diría que me he vuelto más diplomática con el paso del tiempo. A mí no me gusta hacer daño, y creo que se puede decir lo mismo sin herir, aunque no sea algo positivo. Hay muchas formas de comunicarlo.

Es verdad que llega un momento en la vida en el que uno dice: "ya digo lo que pienso", pero también importa cómo lo dices. Supongo que ese punto en el que te da igual todo… llegará. Pero todavía me quedan unos años.

¿Sientes que la literatura te permite expresar o indagar más que la interpretación?

Mi faceta literaria y la de actriz las veo muy parecidas. Al final, se trata de crear. La diferencia es que, como actriz, construyo un personaje sobre una historia ya dada. En la escritura, en cambio, me encargo de todo: la historia, los personajes… Pero en esencia es lo mismo: crear. Y también es una forma de conocerte mejor y de entender al ser humano.

¿Te interesaba más resolver el enigma de los asesinatos o diseccionar la soledad de una mujer que deja de reconocer a su pareja?

Me interesa más la segunda parte. Por eso me gusta la novela negra. Es un género muy libre. Sobre una historia de intriga puedes contar muchas cosas: una historia de amor, introducir humor, hacer reflexiones morales, crítica social… Eso no lo permiten tantos géneros. Otros tienen reglas más cerradas. La novela negra, en cambio, te da libertad. Y a mí, cuando escribo, me gusta sentirme libre.

¿Cuál es la crítica social que atraviesa la novela?

Si desvelara el núcleo estaría haciendo un spoiler, y no quiero. Pero está relacionada con la inmigración, con cómo tratamos a quienes no pertenecen a nuestro entorno o no se parecen a nosotros. Con hasta qué punto podemos despersonalizar a quien tenemos al lado, incluso sin ningún remordimiento.

¿Crees que los silencios dentro de una relación pueden ser más peligrosos que las mentiras? Al final, hay conversaciones que no se tienen y se acaban viviendo en soledad.

Hay conversaciones peligrosas. Conversaciones que pueden abrir una espita, una caja de Pandora, y transformar una relación por completo. A veces basta una palabra o una frase. Si quieres cuidar una relación, hay que tener cuidado con lo que sacas a la luz. Y vuelvo a lo de antes: esto lo digo por experiencia. Hace años quizá no habría respondido así.

Cristina Higueras posa para Magas.

Cristina Higueras posa para Magas. Nieves Díaz

Oporto, Marrakech, una pareja recién casada, muertes, intriga. ¿Qué te lleva a construir esta historia con todos esos elementos?

Quería volver al personaje de Mónica Rojo. Es la tercera novela en la que aparece. En El extraño del ayer tenía un papel secundario, pero llamó mucho la atención de los lectores. Decidí desarrollarla: ha ido creciendo, de oficial a inspectora. Me interesaba continuar su historia y también su relación de pareja, que en la novela anterior aún no estaba consolidada.

También quería sacarla de su entorno. Eso era importante. Y los viajes a Oporto y Marrakech fueron muy inspiradores. En Oporto empecé a desarrollar la historia: lo que veía, lo que sentía, me ayudaba a construirla.

Y, como en otras novelas, me interesaba abordar un tema concreto. En la anterior me acerqué más al mundo de la adolescencia; aquí tomo otro camino, pero prefiero no desarrollarlo para no desvelar demasiado.

¿Qué hay de ti en Mónica?

Mónica tiene poco que ver conmigo, pero hay un elemento muy directo: la abuela de Mónica está basada en mi madre. Se llama Pilarín —a mi madre la llamaba así todo el mundo— y hay rasgos y dichos suyos en el personaje. Ahí sí hay una inspiración clara.

Y, de alguna manera, también compartimos origen. Yo he sido una chica de barrio, como Mónica. Ella es de Coslada; yo he vivido desde pequeña en el barrio de La Concepción. Luego mi vida ha ido por otros caminos, pero ese punto de partida sí es común.

En un mundo donde todo se expone, ¿somos más opacos cuanto más intentamos parecer transparentes?

Claro, ahí están las redes sociales. Es la paradoja: estamos hiperconectados, con muchos contactos, con interacción constante, y sin embargo la sensación es de soledad. Llegas a casa y estás solo. En las grandes ciudades, cuanto más movimiento hay, más se acentúa. En entornos más pequeños la gente habla más, hay más cercanía.

Además, ya ni siquiera hablamos por teléfono: todo es escrito, más impersonal. Aunque no veas a la otra persona, la voz transmite una calidez que no está en los mensajes. Por eso se da esa paradoja: cuanto más conectados estamos, más solos nos sentimos.

Fíjate, todos somos poliédricos. Sin embargo, en redes sociales se proyecta siempre el mismo perfil, y además suele ser falso.

Sí, claro. En redes sociales todo el mundo es maravilloso. Es plano. Todo el mundo viste fenomenal, está guapísimo, no hay ojeras ni bolsas. Es una imagen absolutamente uniforme. Nadie aparece mal, nadie aparece vulnerable. Y cuando alguien aparece llorando, muchas veces es incluso para captar más atención o más seguidores. Es un escaparate muy artificial.

Para terminar, Cristina, ¿qué es lo que más te asusta de la naturaleza humana después de escribir esta novela?

Lo que más me asusta es pensar que todos, absolutamente todos, bajo determinadas circunstancias, podemos llegar a ser criminales. Podemos llegar a serlo. Parece que no, que uno piensa "yo nunca podría matar a alguien", pero… ¿estás segura de eso? Yo no lo estoy.

La autora leyendo su libro.

La autora leyendo su libro. Nieves Díaz

El título No me dejes nunca, Wonder puede entenderse como una súplica o como una expresión que nace de una felicidad tan plena que ni siquiera contempla la pérdida, ¿qué significado tiene para ti?

La historia empieza de una forma poco habitual en la novela negra: con un "te quiero". Desde el inicio, él le dice "no me dejes nunca, Wonder". Es un apodo cariñoso que nace de su afición a los cómics; la llama Wonder Woman, pero al final se queda en Wonder. Y esa es la escena inicial: la mira y le pide eso, "no me dejes nunca".

Puede interpretarse de las dos maneras: como una súplica en un momento en el que temes perder a alguien, o también como una expresión que nace de una felicidad tan completa que ni siquiera contemplas la posibilidad de la pérdida.

A pesar de lo duro de la historia —la incertidumbre, los cadáveres, todo lo que ocurre— el inicio es muy luminoso.

Me gustan los contrastes. Por eso me parecía interesante empezar con un “te quiero” y después construir una historia mucho más oscura, incluso truculenta.