Imagen de unos espárragos.
Los cocineros andaluces coinciden: los espárragos de bote mejoran si los combinas con jamón y queso parmesano
Esta combinación lleva décadas funcionando en la gastronomía española porque existe un equilibrio muy concreto entre sabores y texturas.
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Los espárragos se cultivan y consumen desde hace más de 5.000 años. Sus orígenes se sitúan en la cuenca mediterránea y en las antiguas tierras de Mesopotamia, donde ya eran apreciados por civilizaciones como la egipcia, la griega o la romana.
No solo llamaban la atención por su sabor delicado y ligeramente amargo, sino también por las propiedades medicinales que se les atribuían, relacionadas con su efecto diurético, digestivo e incluso afrodisíaco.
Con el paso de los siglos, este brote verde y blanco terminó formando parte de la cocina tradicional de numerosos países europeos, entre ellos España.
En nuestro país, los espárragos han sido durante décadas un alimento muy presente en las casas. Tanto los silvestres que muchas familias recogían en el campo como los conservados en bote se asociaban a una cocina sencilla, accesible y muy habitual.
Durante años fueron considerados un producto económico y fácil de encontrar, especialmente en conserva, algo que hoy ha cambiado por completo debido al aumento de los costes agrícolas, el encarecimiento del transporte y la reducción de algunas zonas de cultivo tradicionales.
Aun así, siguen manteniendo una enorme popularidad y continúan siendo uno de esos ingredientes que nunca desaparecen del todo de la despensa española.
Precisamente esa capacidad para adaptarse a todo tipo de cocina ha hecho que incluso grandes chefs españoles los reivindiquen constantemente. Uno de ellos es Dani García, que ha convertido una receta aparentemente sencilla en uno de sus últimos éxitos en redes sociales.
Imagen de unos espárragos de bote.
El cocinero malagueño, responsable de restaurantes tan conocidos como Leña o Lobito de Mar, sorprendió recientemente con una preparación rápida de espárragos blancos en freidora de aire acompañados de jamón crujiente, parmesano y aceite de albahaca.
Una receta pensada para hacerse en apenas quince minutos y con muy pocos ingredientes. De hecho, es muy posible que todos ellos los tengas en casa.
Ingredientes
6 espárragos frescos pelados
3 lonchas de jamón
Queso parmesano
Un manojo de albahaca
Aceite de oliva virgen extra
150 ml de aceite de girasol
Sal y pimienta al gusto
Paso 1
Limpia los espárragos y colócalos en la freidora de aire. No tienen que quedar amontonados, sino uno al lado del otro.
Paso 2
Pon un poco de sal, pimienta y añade un chorro de aceite de oliva.
Paso 3
Pon en marcha la freidora de aire a 200º, con grill, durante 15 minutos.
Paso 4
Mientras se cocina, pica un poco de jamón hasta dejarlo en taquitos muy pequeños.
Paso 5
A los siete minutos y medio de tiempo, mete el jamón encima de los espárragos y cierra.
Paso 6
Para hacer el aceite de albahaca: primero escalda la albahaca (para que no quede amarga). Dani García lo hace en el microondas. En un bol pon un poco de agua y la albahaca. Un minuto a 900 W.
Paso 7
Saca la albahaca, déjala escurrir y ponla en el vaso de la batidora. Añade 150 ml aceite de girasol, sal, y bate.
Paso 8
Saca los espárragos con el jamón de la airfryer, ponlos en un plato y distribuye un chorro del aceite de albahaca por encima.
Paso 9
Ralla queso parmesano por encima de los espárragos con jamón y el plato estará listo para comer.
Una receta de chef Michelín
La propuesta no es casual. La combinación entre espárragos, jamón y queso lleva décadas funcionando en la gastronomía española porque existe un equilibrio muy concreto entre sabores y texturas.
El espárrago blanco tiene una suavidad ligeramente dulce y vegetal que necesita ingredientes con más intensidad para potenciarse. Ahí entra el jamón, especialmente cuando se cocina hasta quedar crujiente, ya que aporta salinidad, grasa y un toque umami.
Cada bocado mezcla la ternura del espárrago con ese punto seco y salado del jamón, creando un contraste muy reconocible en la cocina mediterránea.
El parmesano juega otro papel importante. Aunque se trata de un queso italiano, lleva años integrado en numerosas recetas españolas porque tiene la capacidad de aportar profundidad sin eclipsar al resto de ingredientes.
Cuando se ralla sobre unos espárragos calientes libera aromas intensos y añade un matiz ligeramente tostado y lácteo que encaja perfectamente con el sabor vegetal del producto principal.
Además, al fundirse ligeramente sobre la superficie, crea una textura cremosa muy agradable que hace que el plato resulte más completo sin necesidad de recurrir a salsas pesadas.
El aceite de albahaca es probablemente el elemento más fresco de toda la receta. Su función no es únicamente decorativa, ya que introduce un aroma herbal que rompe con la intensidad del jamón y del queso.
La albahaca aporta notas verdes y ligeramente dulces que refrescan el conjunto y hacen que el plato no resulte excesivamente salado ni pesado. Además, el aceite ayuda a envolver todos los ingredientes y a potenciar el sabor natural de los espárragos, especialmente cuando se sirven recién hechos.
En el caso de los espárragos, la airfryer permite conseguir una cocción rápida y uniforme, manteniendo el interior tierno mientras la superficie adquiere un ligero tostado.
Todo ello, sin alterar ninguno de sus beneficios. Los espárragos son bajos en calorías, ricos en fibra y contienen vitaminas como la C, la E o el ácido fólico.