Isabel junto a unos calamares fritos.

Isabel junto a unos calamares fritos. E.E.

Estilo de vida

Isabel, cocinera: "Los calamares fritos no se rebozan con harina de trigo; quedan crujientes usando harina de garbanzo"

La experta recomienda secar muy bien el calamar y hacer una fritura rápida para lograr un rebozado ligero y dorado.

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Los calamares fritos son uno de los platos más populares en toda España, siendo una de las tapas y raciones más típicas que podemos encontrar en bares y restaurantes de todo el país. Habitualmente servidas con limón, son un clásico de la gastronomía española al que es difícil resistirse cuando están bien hechos.

Sin embargo, cuando los preparamos en nuestra casa, podemos encontrarnos con algunas dificultades para conseguir que los calamares estén crujientes por fuera y tiernos por dentro. Aunque aparentemente sea sencillo, muchas veces acaban quedando blandos, gomosos o aceitosos.

Afortunadamente, siguiendo las indicaciones de expertas como la cocinera Isabel, creadora del canal de YouTube Cocinando con Isabel, podemos saber cómo preparar unos calamares fritos perfectos en casa, sin necesidad de trucos extraños y siguiendo una técnica sencilla.

Lo que está claro es que, para conseguir el mejor resultado al preparar esta típica tapa con sabor a mar, es necesario utilizar un buen producto y seguir cada paso con precisión y respetando los tiempos de preparación.

La importancia de la limpieza del calamar

Para Isabel, un paso fundamental para conseguir los mejores calamares fritos pasa por realizar una buena limpieza del calamar. Es un paso clave para poder conseguir que el resultado final sea el esperado.

En primer lugar, la chef indica que se deben separar las tripas del cuerpo, para lo que es suficiente con tirar suavemente del calamar. A continuación, se corta la cabeza y se retira el pico o boca, que es una parte que no se puede consumir. Estas sobras se pueden utilizar para la elaboración de arroces o caldos.

Hecho lo anterior, es hora de retirar toda la piel exterior hasta que el calamar quede totalmente blanco. Igualmente, habrá que separar las aletas laterales. Una vez limpio por fuera, habrá que dar la vuelta al cuerpo del calamar para comprobar que no hay restos de tripilla en su interior.

Aunque aparentemente es un gesto sencillo, es clave para evitar sabores desagradables cuando se frían. Una vez que se ha asegurado de que el calamar está limpio, llega el momento de proceder a su corte.

Para ello, el cuerpo debe cortarse en rodajas de un grosor medio, que no sean demasiado gruesas, pero tampoco excederse en que sean demasiado finas. Además, Isabel recomienda cortar la punta final del calamar, uno de sus pequeños trucos.

La cocinera y creadora de contenido lo hace porque es una parte que acostumbra a acumular aire, y cuando entra en contacto con el aceite caliente, puede provocar fuertes salpicaduras. Por tanto, con solo quitarla, se conseguirá una fritura mucho más controlada y segura para el chef.

Secado del calamar

Tras haber limpiado y cortado el cefalópodo, se deben lavar ligeramente los calamares bajo el agua, para seguidamente proceder a su secado, uno de los pasos más importantes de toda la receta.

La propia Isabel insiste en que los calamares se deben secar muy bien, y para ello es suficiente con utilizar papel de cocina o un trapo limpio. Conseguir un buen secado resulta fundamental para poder realizar posteriormente la fritura.

En el caso de que no se haga correctamente, el calamar tendrá agua que provocará que el aceite salte y se enfríe, evitando que el rebozado no quede tan crujiente como nos gustaría. El adecuado secado es fundamental para conseguir una fritura rápida, limpia y sin exceso de grasa.

El truco para unos calamares crujientes

Una vez que se han hecho los pasos anteriores, llega otro momento clave de la preparación. Se salen ligeramente y se preparan para el rebozado, donde Isabel lo tiene claro: “Los calamares fritos no se rebozan con harina de trigo; quedan crujientes usando harina de garbanzo”.

Esta harina, que es menos frecuente en nuestros hogares, aporta una textura mucho más ligera y crujiente que la harina de trigo convencional, además de absorber una menor cantidad de aceite y permite disfrutar de un acabado más fino.

Solo habrá que pasar los calamares por la harina de garbanzo para llevarlos a una cestilla, redecilla o colador grande, donde se sacudirán para eliminar todo el exceso de harina. Isabel asegura que es un gesto clave, ya que el fin es dejar una capa mínima de harina, casi imperceptible, pero fundamental para la textura crujiente final.

Con el aceite bien caliente, antes de introducir los calamares, se realiza una fritura rápida. Los calamares se fríen en pequeñas tandas, sin que queden amontonados, y durante muy poco tiempo. Nada más toman color y se vuelven crujientes, se sacan.

Al hacerlo, se colocan sobre papel absorbente para eliminar el exceso de grasa, de manera que se consigue un calamar ligero, dorado y libre de aceite, con una textura crujiente y un sabor espectacular.

A la hora de servirlos, Isabel añade una ramita de hierbabuena, un toque sencillo, pero que sirve para aromatizar, y tampoco falta el limón para que cada comensal pueda añadir unas gotas del cítrico al gusto.

Con solo seguir las recomendaciones de la cocinera y creadora de contenido, se puede obtener un perfecto contraste entre la ternura del calamar, el crujiente del rebozado y la acidez del limón, una combinación que no necesita de salsas ni otros acompañamientos para convertirse en todo un manjar.

Isabel tiene muy claro que el secreto de unos buenos calamares fritos está en respetar el producto y los tiempos, siguiendo las pautas de la cocina tradicional.