Elma Saiz, Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España.

Elma Saiz, Ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España. Imagen de archivo

Estilo de vida

Alemania da una lección a España: se jubilan a los 67 años, la paga es de 1.550 euros y fondos privados

España y Alemania afrontan el reto de las pensiones con modelos similares, pero con estrategias distintas que marcan su sostenibilidad futura.

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A lo largo de los últimos años, España ha ido encadenando reformas para tratar de garantizar la sostenibilidad del sistema público de pensiones. Sin embargo, el debate sobre su viabilidad a largo plazo sigue abierto, especialmente ante el envejecimiento de la población y el aumento del gasto.

Aunque las cotizaciones sociales han crecido con fuerza —un 7,8% hasta febrero de 2026— y el sistema ha registrado un saldo positivo puntual, los expertos coinciden en que persisten tensiones estructurales que obligan a seguir introduciendo ajustes.

En este contexto, Alemania se ha convertido en uno de los países de referencia dentro de Europa. Ambos comparten un modelo basado en el sistema de reparto, pero el país germano ha optado por complementar este esquema con incentivos y herramientas adicionales orientadas a reforzar su sostenibilidad.

Si se atiende al estudio del Mercer CFA Institute 2025, Alemania obtiene una calificación de 67,8 puntos (nota "B"), mientras que España se sitúa en 63,8 puntos (categoría "C+"). Esta diferencia refleja, principalmente, una mejor valoración del sistema alemán en términos de sostenibilidad futura.

En Alemania, la pensión pública media se sitúa en torno a los 1.200 euros brutos mensuales tras las últimas revalorizaciones, aunque persiste una brecha de género significativa: los hombres perciben cantidades notablemente superiores a las de las mujeres.

La 'Aktivrente': trabajar más allá de la jubilación

Una de las medidas más recientes impulsadas por el Gobierno alemán es la denominada Aktivrente, en vigor desde el 1 de enero de 2026. Se trata de un modelo que fomenta la prolongación voluntaria de la vida laboral una vez alcanzada la edad legal de jubilación.

En España, esa edad se sitúa en 2026 en 66 años y 10 meses, mientras que el salto definitivo a los 67 años llegará en 2027. Alemania sigue un calendario similar, con previsión de alcanzar esa misma edad en 2031.

La clave del sistema alemán está en el incentivo fiscal. Aquellos trabajadores que decidan continuar en activo pueden percibir hasta 2.000 euros mensuales de su salario libres del impuesto sobre la renta. Esto convierte la prolongación de la vida laboral en una opción económicamente atractiva.

Además, estos trabajadores pueden seguir cobrando su pensión de forma simultánea, lo que genera un doble ingreso. Aunque deben continuar abonando ciertas cotizaciones, como las correspondientes al seguro médico, el resultado es un aumento notable de su poder adquisitivo.

Con este modelo, Alemania persigue un doble objetivo: aliviar la presión sobre el sistema de pensiones y, al mismo tiempo, hacer frente a la escasez de mano de obra en determinados sectores.

El fondo 'Generationenkapital'

Otra de las iniciativas clave es el llamado Generationenkapital (Capital Generacional), un fondo soberano impulsado por el Gobierno alemán para reforzar la financiación futura del sistema.

A diferencia de lo que a veces se plantea, este instrumento no sustituye el modelo de reparto, sino que lo complementa. Su objetivo es reducir la presión sobre las cotizaciones sociales en las próximas décadas.

El Ejecutivo alemán ha comenzado a dotar este fondo con recursos públicos —incluyendo financiación mediante deuda y activos estatales— con la intención de invertir en mercados financieros globales. La estrategia busca aprovechar el interés compuesto para generar rendimientos a largo plazo.

La previsión es que este fondo alcance un volumen cercano a los 200.000 millones de euros a mediados de la próxima década, aunque todavía se encuentra en fase de desarrollo.

Los beneficios obtenidos se destinarán a estabilizar el sistema, especialmente para evitar subidas excesivas en las cotizaciones de los trabajadores más jóvenes.

Este enfoque se combina con otras medidas estructurales, como el compromiso de mantener el nivel de las pensiones en torno al 48% del salario medio al menos hasta 2032.

Dos modelos con enfoques distintos

Las diferencias entre España y Alemania no radican tanto en la base del sistema —ambos de reparto— como en las herramientas utilizadas para reforzarlo.

Mientras que en España se ha apostado principalmente por aumentar ingresos vía cotizaciones y mecanismos como el MEI, Alemania ha incorporado incentivos fiscales, prolongación de la vida laboral y una estrategia de inversión a largo plazo.

El resultado es un modelo más diversificado que busca repartir los riesgos entre distintas fuentes de financiación.

Aun así, los expertos coinciden en que ningún sistema está exento de desafíos. El envejecimiento poblacional y la evolución del mercado laboral seguirán marcando el futuro de las pensiones en Europa.

En este escenario, el caso alemán se presenta como una referencia interesante, pero no necesariamente como un modelo directamente trasladable. España, con su propia estructura económica y demográfica, deberá seguir ajustando su sistema para garantizar su equilibrio en las próximas décadas.