Yolanda Díaz, ministra de Trabajo.

Yolanda Díaz, ministra de Trabajo. EP

Estilo de vida

Portugal da una lección a España con el Salario Mínimo: lo sube un 30% en cuatro años sin destruir empleo

Pese a tener un SMI más bajo, la menor carga fiscal en Portugal permite que el sueldo neto cunda más que en España.

Más información: La Unión Europea cambia las normas: los hogares en España podrán ahorrar hasta 200 euros al año en la luz

Publicada

El salario medio en España se sitúa en torno a los 33.700 euros anuales, una cifra que queda aproximadamente 6.100 euros por debajo de la media de la Unión Europea. Esa distancia no solo persiste, sino que se ha ido ampliando con el paso de los años.

A pesar de que el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) español alcanza en 2026 los 1.221 euros mensuales en 14 pagas, situándose entre los más elevados de Europa en términos nominales, la realidad es que los salarios medios siguen claramente retrasados respecto a economías como Alemania o Francia.

Al mismo tiempo, los salarios reales en España llevan años prácticamente congelados. Aunque las subidas nominales han existido, la inflación ha erosionado su impacto, reduciendo el poder adquisitivo de los hogares. Mientras tanto, al otro lado de la frontera, Portugal ha seguido una estrategia distinta, incrementando su salario mínimo un 30% en apenas cuatro años.

Cómo ha implementado Portugal esta medida

El caso de Portugal se ha convertido en uno de los ejemplos más citados en el debate económico europeo porque rompe con una idea muy extendida durante décadas: que elevar el salario mínimo destruye empleo de forma inevitable.

Lejos de ese escenario, el país ha logrado combinar subidas intensas del salario mínimo con una tasa de paro que se mantiene en niveles relativamente bajos, en torno al 6% o 6,5%, muy por debajo de la española.

La clave no está únicamente en la subida del salario mínimo, sino en cómo se ha implementado. Portugal diseñó una hoja de ruta clara y progresiva, lo que permitió a empresas y trabajadores anticipar los cambios.

Entre 2021 y 2025, el salario mínimo nacional pasó de unos 665 euros a más de 870 euros en 14 pagas, y continuó creciendo hasta situarse cerca de los 920 euros en 2026. Este incremento sostenido ha sido uno de los más intensos de Europa en términos relativos.

Ese proceso se apoyó en un elemento fundamental: el consenso. Gobierno, sindicatos y patronal alcanzaron acuerdos plurianuales que fijaban las subidas con antelación, lo que aportó estabilidad y previsibilidad.

Las empresas no se encontraron con decisiones abruptas, sino con un calendario claro que les permitió adaptarse gradualmente.

Antonio José Seguro, Presidente de la República Portuguesa.

Antonio José Seguro, Presidente de la República Portuguesa. Reuters

A la vez, el Ejecutivo portugués acompañó estas subidas con medidas de alivio para el tejido empresarial, especialmente para las pequeñas y medianas empresas.

Entre ellas destacaron reducciones y bonificaciones en las cotizaciones sociales, lo que amortiguó el impacto del aumento de costes laborales. Esta combinación de subida salarial y compensación fiscal resultó clave para evitar un deterioro del empleo.

Otro factor relevante fue el enfoque sectorial. Portugal partía de salarios especialmente bajos en sectores como el turismo o la agricultura. Al elevar el salario mínimo, obligó a muchas empresas a mejorar su productividad, apostar por mayor valor añadido o ajustar sus modelos de negocio.

Un salario inferior pero una mayor calidad de vida

Aunque el salario mínimo portugués sigue siendo inferior al español en términos absolutos, el efecto combinado de su crecimiento, la estructura fiscal y el coste de vida ha generado un impacto notable en el bienestar de los trabajadores.

En muchos casos, los portugueses han visto mejorar su capacidad de ahorro y su calidad de vida de forma más clara que en España.

Portugal ofrece generalmente una carga fiscal más baja y atractiva que España, destacando por la ausencia de impuesto sobre el patrimonio, menores impuestos de sucesiones y regímenes para residentes no habituales.

Mientras España tiene un impuesto de sociedades del 25%, Portugal aplica tipos más bajos (17%-21% o 12,5% en zonas del interior).

También cuentan con un menor precio relativo de ciertos bienes y servicios, especialmente fuera de grandes ciudades como Lisboa u Oporto. El coste de la cesta básica, la restauración o algunos servicios cotidianos sigue siendo más bajo que en España, lo que permite que una mayor proporción del salario se destine al ahorro o al consumo discrecional.

Además, el aumento del salario mínimo ha tenido un efecto directo sobre el consumo interno. Al disponer de más ingresos, los trabajadores con rentas más bajas tienden a gastar una mayor parte de su salario, lo que dinamiza el comercio local y genera un círculo económico positivo.

El sistema fiscal también ha jugado su papel. Portugal ha aplicado determinados incentivos y ajustes que han favorecido a los tramos salariales más bajos, reduciendo la presión efectiva sobre estos trabajadores.

Esto, sumado a las subidas del salario mínimo, ha reforzado el poder adquisitivo de las rentas más modestas.

Sin embargo, el modelo no está exento de tensiones. Uno de los efectos colaterales ha sido la compresión salarial, es decir, la reducción de la distancia entre los salarios más bajos y los intermedios.

Profesionales cualificados han visto cómo sus ingresos no crecían al mismo ritmo, lo que genera ciertos desequilibrios en el mercado laboral. A esto se suma el fuerte encarecimiento de la vivienda en zonas urbanas, que limita parte de la mejora conseguida.

En cuanto a la vivienda, además, Portugal ostenta el precio medio más elevado de vivienda en venta con 2.898 euros/m2, por delante de España (2.438 €/m2) e Italia (1.828 €/m2).

Sin embargo, nuestro país vecino ha adoptado medidas más drásticas y directas en los últimos años, especialmente enfocadas en frenar los precios y fomentar el alquiler frente a la inversión turística.