Imagen de la serie 'Girls'

Imagen de la serie 'Girls' IMDb

Estilo de vida

La amistad femenina como red salvavidas entre mujeres: un vínculo de escucha y sostén que permite seguir creciendo

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Hace tiempo que dejamos de ser medias naranjas para considerarnos la fruta al completo. Sin embargo, sentirse llena no es sinónimo de no querer seguir creciendo en compañía de los demás. De la familia, de la pareja ―en caso de que se tenga― y de, por supuesto, las amistades en femenino.

Cuando la vida no sólo gira en torno al amor romántico, se abre un mundo de posibilidades que también ayuda a querer mejor. A los demás, por supuesto, pero también a una misma. Saber que cada tipo de relación debe, y merece, ocupar un espacio es fundamental para crear lazos y redes de sostén que estén en lo bueno y en lo malo.

Por fortuna ―y a pesar del borrado histórico de artistas, literatas y grandes sabias―, desde hace unas décadas y en firme, el papel de estos vínculos se ha ido reflejando y reescribiendo en los productos de cultura pop.

Desde la conexión entre las protagonistas en televisión de Las chicas de oro, hasta Sexo en Nueva York, pasando por Girls; o la que se encuentra en las páginas de La amiga estupenda, Mujercitas ―también entre las hermanas―, Uno para todas o Big Little Lies.

Un nuevo amor

Si durante años el relato cultural insistió en que el gran amor debía ser romántico, las amistades entre mujeres han ido ocupando, poco a poco, otro lugar en la conversación. De repente, este tipo de historias comienzan a proliferar y a mostrar lo que de verdad suponen tales vinculaciones.

Frente a la idea de la amiga como simple secundaria —la confidente, la cómplice o el alivio cómico—, muchas historias recientes han empezado a tratarlas como lo que son en la vida real: relaciones centrales, complejas y duraderas.

Sin grandes gestos ni declaraciones, también ahí hay un cuidado y una intimidad que funcionan como un sostén necesario y tantas veces olvidado para las que siempre ocupan —en unas edades u otras— el papel de proteger a los demás y acompañar de forma marcadamente emocional, con el peso psicológico que ello conlleva.

Las protagonistas de 'Sexo en Nueva York' en una escena de la serie.

Las protagonistas de 'Sexo en Nueva York' en una escena de la serie. IMDb

"Estamos asistiendo a un cambio estructural en la jerarquía de los afectos, y desde la psicología relacional este fenómeno es muy significativo. Durante años, lo romántico se situó como el eje central de la vida adulta", expresa la psicóloga Lara Ferreiro, autora de ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta.

La experta comenta que, históricamente, la pareja no sólo era el vínculo emocional principal, sino la base de la seguridad económica, la legitimidad social y la identidad personal.

"Sin embargo, en las últimas décadas ese modelo está transformándose profundamente. Veo cómo pacientes deciden practicar el celibato voluntario. En EEUU, por ejemplo, ya está instaurada la sologamia, casarse con una misma", cuenta.

Añade que desde una perspectiva psicológica, lo que se está dando es una reorganización del mapa afectivo: "Las relaciones de amistad —especialmente entre mujeres— están ganando un lugar central en la vida emocional. Esto no significa necesariamente que el amor romántico desaparezca, sino que deja de ser el único vínculo que estructura la identidad y el proyecto vital".

Sobre la diferencia de los lazos entre los géneros se pronuncia Coral Herrera Gómez, profesora del departamento de Análisis e Intervención Psicosocioeducativa de la Facultad de Educación y Trabajo Social de Vigo y escritora feminista de, entre otros títulos, Mujeres que ya no sufren por amor: Transformando el mito romántico.

"Hay una brecha enorme respecto a los cuidados que se dan entre ellas y ellos. A los chicos les cuesta más intimar y abrirse en el plano afectivo", detalla.

Al establecer estos vínculos de amistad no solamente se dan cambios en las rutinas y en la forma de ver el mundo, sino que se producen transformaciones también a nivel cerebral.

"Cuando el desplazamiento del vínculo afectivo prioritario va del amor de pareja a este otro, cambia el equilibrio entre los sistemas neuroquímicos y los circuitos relacionados con el apego, la recompensa y la regulación emocional", explica la doctora en Neurociencia Cognitiva Organizacional Helena López-Casares Pertusa.

¿En qué se traduce este apunte de la profesional? En una reducción de la sensación de la urgencia por ver a esa persona —que tomaba la posición central en la vida— y del continuo anhelo de estar con el ser amado. "Es una conexión menos impulsiva", detalla.

"Cuando se trata de una cuestión romántica, la otra persona se convierte en una prioridad, sobre todo al principio, mientras que la amistad es una oportunidad para ampliar los vínculos sociales y aumentar la sensación de pertenencia grupal", destaca la profesional.

Peores enemigas

El discurrir de los acontecimientos enseña que discutir contra los principios de la sabiduría popular carece de sentido. El refranero popular está cargado con unas expresiones pensadas para —de forma metafórica o literal— definir casi cualquier situación a la perfección.

Estos lazos son esenciales en la vida adulta. En la imagen, una escena de 'Big Little Lies'.

Estos lazos son esenciales en la vida adulta. En la imagen, una escena de 'Big Little Lies'. IMDb

Hay una frase que, sin duda, se ha malempleado a lo largo de los años: el peor enemigo de una mujer es otra mujer. Es habitual escucharla en boca de madres 'modernas' incluso. Y eso da miedo.

Pero como se apuntaba, estas píldoras de sapiencia suponen un sinsentido consentido, aunque esta afirmación suene a galimatías. Ellas repiten estas palabras porque han sido criadas en un sistema heteropatriarcal que ha perpetuado determinados roles para que los hombres sigan manteniendo el poder.

"Hasta hace poco no hemos tomando conciencia de la importancia de este tipo de relaciones. Las amistades femeninas son una potente herramienta política porque el sistema establecido nos quiere solas, aisladas, deprimidas y enfrentadas", explica Coral Herrera.

Sin embargo, como dice la profesora, gracias al feminismo se ha descubierto que las mujeres solas son más vulnerables y dependientes. Y que además es más difícil salir de relaciones de malos tratos en esos casos.

Según Herrera, en la última macroencuesta de género que se realizó en España, resultaba significativo un ratio en concreto que tiene que ver con estas redes de apoyo: "Alrededor del 85% de las víctimas que salieron de esa situación señalaron que tenían en su entorno a gente que se preocupaba por ellas".

Lara Ferreiro refuerza la idea de que este tipo de expresiones nace de un trasfondo que va más allá de lo que puede se puede apreciar a simple vista: "Es una construcción cultural diseñada para el control social. Desde la psicología sabemos que los relatos que repetimos como verdades influyen profundamente en cómo nos relacionamos".

La psicóloga explica que esto, a su vez, desemboca en que las mujeres tengan una mala percepción de sí mismas entre ellas, así como en un fomento de la competencia —por razones que no vienen al caso en la mayoría de ocasiones—, la desconfianza y la comparación constante.

"Durante mucho tiempo se ha crecido en contextos donde el reconocimiento social era limitado para nosotras: menos acceso al poder, menos visibilidad pública y menos espacios de liderazgo", añade la psicóloga.

Esta idea la hila con el hecho de que cuando el sistema transmite que sólo hay un lugar disponible para ti, aparece lo que en psicología llaman competencia por recursos simbólicos. Esto se trata de una rivalidad inducida por una estructura social basada en la escasez. Aquí entra el concepto de abeja reina.

Esta expresión popular queda desmentida, o mejor dicho, desmontada de la mano de la ciencia. Helena López-Casares comenta que "el apoyo social sostenido es uno de los moduladores más potentes del estrés. El contacto emocional cercano favorece la liberación de la oxitocina, que disminuye el cortisol y aumenta la confianza y la calma".

Un grupo de niñas jugando.

Un grupo de niñas jugando. Foto de Nellie Adamyan en Unsplash

Ferreiro apunta a que en las últimas décadas se está dando una transformación profunda en lo que suponen las relaciones femeninas. "Hemos comprendido que esta competencia no era algo natural, de ahí que hoy estas amistades se reivindiquen cada vez más como trinchera y refugio emocional. Estamos más conectadas que nunca y más solas, necesitamos red", indica.

Igualmente, habla de la sororidad como forma de regulación emocional. "Desde la neurobiología sabemos que nosotras tendemos a responder al estrés mediante un patrón conocido como tend-and-befriend (cuidar y vincularse), que busca apoyo social", explica.

"Cuando una mujer se conecta emocionalmente con otra, se libera oxitocina, una hormona que reduce el cortisol y favorece la calma", comenta.

Por otro lado, menciona el efecto reflejo. "Antes, la otra podía convertirse en un espejo de carencias o comparaciones. Hoy lo es cada vez más de reconocimiento. Al compartir experiencias el sufrimiento deja de percibirse como un fracaso individual y se comprende como parte de una experiencia compartida", añade.

Según la terapeuta, esto tiene un efecto psicológico muy poderoso: reduce la culpa, disminuye la vergüenza y fortalece el sentimiento de pertenencia.

Un manifiesto

En tiempos en los que es necesario aclarar que el feminismo se trata de una defensa de la igualdad, es fundamental explicarle a las nuevas generaciones que hay que cultivar la amistad entre mujeres, como indica Coral Herrera.

"Y hay que hacerlo al margen de tener pareja o no. Eso es muy importante recalcarlo. Nuestras amigas y nuestras redes —y hablo también de las vecinales— son nuestro salvavidas", explica.

Las protagonistas de 'Las chicas de oro' en una escena.

Las protagonistas de 'Las chicas de oro' en una escena. IMDb

Los cuidados pululan en estos discursos todo el tiempo. Los propios y los que se dan a los demás. "Cuando se hace esto, cuando se escucha, cuando se sostiene... se practica una forma de política íntima. No en el sentido partidista, sino en uno mucho más profundo: la forma en la que las personas se organizan para vivir y construir comunidad", añade Lara Ferreiro.

Según la psicóloga, la amistad femenina puede entenderse como una forma de resistencia cultural cotidiana. "No se da porque las amigas estén necesariamente haciendo activismo explícito, sino porque crean espacios seguros donde se cuestionan los mandatos tradicionales que han definido durante mucho tiempo el rol femenino", añade.

Aquí también destaca el elemento de la reconstrucción emocional colectiva, que ayuda a llevar mejor las presiones externas.

Cuando una mujer dice "he quedado con mis amigas", no está hablando sólo de una cita en la agenda. Está nombrando un espacio donde descansar del mundo y, al mismo tiempo, entenderlo mejor. Un lugar donde no hace falta explicarlo todo porque muchas veces basta con mirarse para saber de qué va la cosa.

Durante demasiado tiempo se ha oído eso de que el amor verdadero era uno solo y que todo lo demás orbitaba a su alrededor. Pero la vida —y también la cultura— está empezando a demostrar que el mapa afectivo es mucho más amplio. Que hay vínculos que no necesitan de anillos para ayudar a respirar incluso cuando la realidad aprieta.

Las amigas son, muchas veces, quienes ven la historia completa: la versión antes de la pareja, durante la pareja y después de ella. Las que recuerdan quién eras cuando una misma lo ha olvidado. Las que celebran las victorias, algo tan importante como estar en los momentos menos buenos.

Los besos de película ahora conviven con audios de madrugada, mesas compartidas, conversaciones en parques infantiles, risas que desarman los días más torcidos y la certeza de que crecer juntas también es una forma de amor.

Nunca se trató de medias naranjas, pero qué suerte ser una al completo y estar bien rodeada en la frutería.