Andrea Antolín, escritora.

Andrea Antolín, escritora.

Estilo de vida

Andrea Antolín, de redactora a azafata de vuelo y novelista: "Mis viajes y mi trabajo alimentan cada historia"

En su primera novela, Andrea Antolín convierte uno de sus destinos en el escenario de una historia que rompe con los clichés románticos.

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Hay decisiones que cambian una carrera y otras que cambian una vida. La de Andrea Antolín pertenece a las dos categorías. Periodista de vocación, formada en Comunicación Audiovisual, pasó siete años entre reportajes y entrevistas en las redacciones de varias revistas españolas de referencia antes de cambiar de rumbo.

Un día esta redactora madrileña y hoy también escritora, decidió dejar atrás el ritmo frenético del periodismo digital para perseguir aquel sueño que ya tenía desde los 18 años: convertirse en azafata de vuelo. Lo que no sabía entonces es que, ese final de su faceta como redactora sería el comienzo de otra etapa creativa.

De ese impulso nació Cuando las mariposas se posen, su primera novela. Una historia que sigue a Chloé, una periodista francesa que pierde su trabajo en París y se cuestiona la vida aparentemente perfecta que llevaba. Ese punto de inflexión la conduce a un viaje físico junto a la paradisíaca isla de Guadalupe, pero también a un recorrido interior que la obliga a replantearse su relación de pareja y, sobre todo, quién quiere ser realmente.

Aunque pueda encajar dentro del género romántico, la intención de Andrea nunca fue escribir una historia de amor al uso. Desde el principio quiso alejarse de los esquemas previsibles. "Porque habla de amor real, no de flechazos mágicos. En mi novela se ve cómo el interés por otra persona se cuela sin darse cuenta en la historia y para eso se necesita tiempo. Desde el principio tuve claro que no quería un cierre perfecto, sino verdadero, uno en el que muchas personas se hayan visto identificadas con esta situación".

En su novela no hay antagonistas claros ni decisiones cómodas. El conflicto nace precisamente de la complejidad emocional. "Quería un dilema de verdad. No una elección fácil disfrazada. Cuando los dos amores son buenos, elegir duele. Y ahí empieza la historia interesante. El lector no puede refugiarse en el cliché, tiene que posicionarse".

"Estoy en todos los personajes"

Aunque hay quienes ven relación entre la propia escritora y Chloé por su pasado como periodista, la autora se define como una especie de mosaico disperso en toda la novela: "Hay mucho de mí en Chloé y la gente lo ve así cuando empieza a leer el libro al haber sido periodista. Pero estoy repartida en todos los personajes. Todo esto son pasados presentes y futuros míos. Así que no solo se encuentra algo de mí en la protagonista", adelanta.

Pero si hay algo que realmente conecta a la autora con su historia es la propia experiencia de reinventarse. Porque la madrileña también ha vivido ese momento de vértigo en el que una etapa se cierra sin tener del todo claro qué vendrá después.

De redactora a azafata de vuelo y novelista

"Cuando tenía 18 años y estaba en esa época en la que tienes que decidir tu formación, tenía claro que quería ser azafata de vuelo. Pero mis padres me animaron a estudiar una carrera y, tras graduarme en Comunicación Audiovisual, empecé como becaria en una revista de moda".

Uno de sus sueños que también se vio cumplido y con el que disfrutó de siete años trabajando en las redacciones, hasta que decidió dar el salto a la aviación. "Curiosamente al dejar de escribir entendí que no podía vivir sin hacerlo y de ese vacío, nació la novela", asegura.

"Mi trabajo alimenta mis historias"

El idílico escenario elegido para su novela tampoco fue casual. O quizá sí, pero de esas casualidades que parecen destino. "Primero estuve buscando islas con nombre de mujer por el final que tenía pensado. Pero tuve la enorme suerte de que al tercer mes de estar trabajando como azafata, volase a Guadalupe. Cuando descubrí que es conocida como 'la mariposa del Caribe', supe que encajaba con la metáfora central del libro. Fue una casualidad demasiado perfecta para no aprovecharla", confiesa.

Andrea Antolín reconoce que escribir es para ella otra forma de viajar. "Es una experiencia única ya que mientras escribes, eres cada uno de los personajes. Cada vez que me sentaba en el escritorio, dejaba de estar en Madrid y de verdad sentía que estaba bañándome en sus playas y recorriendo la isla. Espero poder publicar mi segunda novela ambientada en Sri Lanka a finales de año", adelanta.

Isla de Guadalupe.

Isla de Guadalupe.

Lo que sí tiene claro, es que por el momento no piensa elegir entre volar o escribir. "Mi trabajo alimenta mis historias. Así que tengo claro que no quiero elegir un trabajo u otro, quiero seguir viviendo lo mejor de ambos mundos".

Y cuando le preguntan sobre qué le diría a la Andrea que dudaba antes del cambio, reconoce que le daría un consejo sencillo: "Le diría que confiase siempre en lo que siente. Cuando das un paso con miedo pero con convicción, pasan cosas. No siempre las que esperas, pero sí las que te hacen crecer".

Y al lector, lanza una invitación clara: "Como esta novela es prácticamente una guía de viajes encubierta, al lector le desearía un feliz viaje a Guadalupe a través de una historia dedicada a quienes han amado de verdad y saben que no todo encaja en un final perfecto".