Ricky y Paola en el vídeo de YouTube de Monxileros.

Ricky y Paola en el vídeo de YouTube de Monxileros.

Estilo de vida

Ricky y Paola viven desde hace 6 años en una cabaña: "Nos duchamos con un cubo y el agua calentándose al sol"

La pareja vive en una yurta de veinte metros cuadrados sin habitaciones separadas: dormitorio, salón y zona de trabajo conviven en el mismo círculo.

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Ricky y Paola no se conocieron pensando en cambiar de vida ni en irse a vivir al campo. Coincidieron en Londres, una ciudad donde ambos habían aterrizado como tantos migrantes jóvenes: con trabajos precarios, pisos compartidos y la sensación de estar siempre corriendo detrás del dinero.

Él, italiano, llevaba años encadenando oficios como camionero o camarero; ella, brasileña, había salido de São Paulo y pasado por Río antes de instalarse en Londres. Sus vidas eran inestables, pero respondían a un guion bastante común entre muchos migrantes: empleos poco estables, sueldos ajustados y gastos elevados.

La consecuencia de todos estos factores se convirtió en lo que hoy en día practican millones de personas en el mundo, compartir piso. Fue en uno de esos apartamentos compartidos, con varios inquilinos rotando y espacios comunes siempre ocupados, donde terminaron conociéndose, cuentan en el canal de Monxileros.

La historia de Ricky y Paola

Al principio su relación fue la de dos desconocidos que comparten techo por necesidad. Sin grandes planes ni expectativas, empezaron a descubrir que tenían inquietudes parecidas y una misma sensación de desgaste con el ritmo de vida que llevaban.

Sin embargo, el giro en su vida no llegó de forma brusca, sino a través del Camino de Santiago, una experiencia que les llevó a replantearse qué necesitaban realmente para sentirse bien. Al regresar a Londres, el contraste fue tan fuerte que ambos comprendieron que aquella vida urbana había dejado de encajarles.

A partir de ese momento empezaron a trazar una salida. Se centraron en ahorrar y en buscar un lugar donde empezar de cero, y España se convirtió en su destino natural.

Tras recorrer distintas zonas, dieron con la comarca de El Bierzo, en León, donde también encontraron la yurta de segunda mano que acabaría convirtiéndose en su hogar durante los próximos años.

Una yurta es una vivienda tradicional, circular y transportable, utilizada durante siglos por los nómadas de Asia Central. Consiste en una estructura autoportante de listones de madera entrelazados, cubierta con fieltro de lana o cuero, ideal para resistir climas extremos y desmontarse rápidamente.

El interior ronda los veinte metros cuadrados y obliga a una convivencia muy consciente con el espacio. No hay habitaciones separadas: dormitorio, salón y zona de trabajo conviven en el mismo círculo.

Así conviven Paola y Ricky en una yurta.

Debido al poco espacio que tienen, cada cosa que entra debe justificar su presencia. La cama se transforma en sofá y en superficie para comer y, además, los objetos se colocan contra las paredes para dejar el centro libre.

La temperatura marca gran parte de su rutina. En invierno, una estufa de leña situada en el centro convierte la yurta en un refugio cálido en pocos minutos. El fuego no solo sirve para calentarse, también para cocinar y calentar agua.

En verano, cuando el interior puede superar ampliamente los treinta grados, trasladan la vida hacia fuera y utilizan la yurta casi solo para dormir. La sombra, el viento y la orientación del sol se vuelven aliados cotidianos para la pareja.

Cómo se vive en una yurta

Aunque la temperatura puede ayudarles de cara a la rutina, la realidad es que un hogar difícilmente funciona sin electricidad y, en su caso, existe en una versión mínima.

Ricky y Paola disponen de un panel solar sin baterías, lo que significa que la energía depende directamente del sol. Una vez funciona, lo usan para cargar móviles o pequeños aparatos en momentos concretos del día. Por la noche, se iluminan con frontales o luces a pilas.

En cuanto a electrodomésticos, la pareja no dispone de ellos, ya que tampoco existen enchufes en la yurta. Lejos de verlo como algo negativo, lo entienden como un límite que ordena sus hábitos.

Imagen de la yurta en la que viven Ricky y Paola.

Imagen de la yurta en la que viven Ricky y Paola.

Con respecto al agua, Ricky y Paola la recogen y almacenan en bidones, y su uso está medido. En verano utilizan una ducha exterior donde el agua se calienta al sol y en invierno, calientan agua en la estufa y se asean con un cubo dentro de la yurta.

El sistema de baño también se aleja de lo convencional. Utilizan un inodoro seco de compostaje: tras cada uso, cubren los residuos con serrín, paja y restos vegetales para facilitar su descomposición y evitar olores.

Después de varios meses de reposo, ese material se transforma en abono que emplean para los árboles. De esta forma cierran el ciclo de los residuos y reducen al mínimo el consumo de agua.

La orina, por su parte, la esparcen por distintos puntos de la finca, algo que, según cuentan, "sirve para delimitar el territorio y disuadir a otros animales".

La alimentación se apoya en su huerto, en árboles frutales y en plantas medicinales que cultivan ellos mismos: consumen verduras de temporada y algunas flores comestibles de su jardín.

A pesar de reducir mucho las compras, la realidad es que no son completamente autosuficientes. Cuando necesitan productos que no producen, se desplazan a pueblos cercanos como Cacabelos y planifican bien qué traer.