Jaione Otxandorena, en un reportaje de La Sexta.

Jaione Otxandorena, en un reportaje de La Sexta.

Estilo de vida

Jaione, dueña de un bar, sobre la subida de precios en España: "He pasado de pagar 800 a 3.000 euros de luz"

Según datos de Hostelería de España, miles de establecimientos cerraron de forma definitiva entre 2020 y 2023, uno de ellos el de Jaione.

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España arrastra desde hace años una escalada sostenida de precios que ha impactado de lleno en el día a día de familias y pequeños negocios. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, el IPC llegó a superar el 10 % en 2022 y, aunque posteriormente se moderó, los precios no han vuelto a niveles previos.

Este encarecimiento generalizado se percibe de forma especialmente clara en los suministros básicos. La electricidad, el gas y el agua han experimentado subidas muy por encima del crecimiento de los salarios, provocando un fenómeno cada vez más extendido de pobreza energética.

Miles de hogares se ven obligados a reducir el consumo, a prescindir de calefacción o aire acondicionado y a priorizar qué facturas pueden pagar cada mes. En paralelo, los pequeños negocios, especialmente aquellos con un alto consumo energético, han visto cómo sus márgenes se reducían hasta desaparecer.

En sectores como la hostelería, esta presión es todavía más asfixiante. Restaurantes, bares y cafeterías dependen de la electricidad para mantener cámaras frigoríficas, cocinas y sistemas de climatización, y no pueden trasladar de forma ilimitada los costes al cliente sin arriesgarse a perderlo.

Precisamente esta situación fue la que denunció hace cuatro años Jaione Otxandorena en una entrevista concedida a La Sexta, al revelar que su factura de la luz había pasado de unos 800 euros a rozar los 3.000 euros mensuales, un incremento de más de 2.000 euros que puso en jaque la viabilidad de su negocio, que terminó por cerrar.

La subida de los servicios básicos

La hostelería española lleva años encadenando dificultades. Primero fue el impacto de la crisis financiera, después la pandemia y, cuando el sector parecía comenzar a recuperarse, llegó la inflación y la crisis energética.

El coste de las materias primas se disparó, con subidas notables en productos básicos como el aceite, la harina, la carne o los lácteos. A ello se sumaron el aumento del salario mínimo interprofesional —necesario para proteger a los trabajadores pero difícil de asumir para negocios pequeños— y el encarecimiento de alquileres y suministros.

Según datos de Hostelería de España, miles de establecimientos cerraron de forma definitiva entre 2020 y 2023, y muchos de los que sobrevivieron lo hicieron endeudándose o reduciendo personal.

La rentabilidad media del sector cayó de forma drástica y numerosos empresarios dejaron de percibir un salario para poder mantener el negocio abierto. Es el caso de Jaione y su pareja, que varios años después de abrir tuvieron que prescindir de un sueldo, explican en un reportaje de La Sexta.

Imagen de archivo.

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Jaione abrió su restaurante en 2018, con ilusión y con números que, por entonces, cuadraban. Ella cobraba su sueldo, su pareja y su hermana también, y podían hacer frente a las facturas de proveedores, agua y electricidad. Incluso la pandemia logró superarse.

Sin embargo, a finales de 2021 la situación empezó a torcerse de manera preocupante. "Lo mismo que compraba seis meses antes me costaba 200 euros más", explicaba.

El incremento constante del precio de los alimentos obligó a replantear la carta y a tomar una decisión que muchos hosteleros temen: subir los precios. Jaione aumentó un euro el menú del día y cuatro euros el de fin de semana, con miedo a perder clientela.

La reacción fue comprensiva y esa medida permitió, durante un tiempo, seguir pagando gastos y mantener el restaurante a flote. No obstante, el golpe definitivo llegó con la electricidad.

La factura, que en 2018 oscilaba entre los 800 y los 1.000 euros mensuales, pasó en 2022 a situarse entre los 2.600 y los 2.900 euros. Durante meses, no bajó de los 2.500. "Llegaba a fin de mes y no tenía ningún beneficio, no cobraba la nómina y mi pareja tampoco", cuenta.

Es en esta situación en la que Jaione y su pareja tuvieron que tomar medidas, como llevarse a casa la comida que sobraba del bar para cenar o pedir ayuda a su familia.

A pesar de todo, la empresaria mantenía la ilusión de seguir adelante, de probar a subir de nuevo los precios si el público lo entendía y de resistir un poco más. Al mismo tiempo, reconocía la posibilidad real de tener que cerrar o traspasar el restaurante si la situación no mejoraba. Un dilema que ha sido común para miles de hosteleros en España.

Estas declaraciones se produjeron en 2022. Hoy, en 2026, la página web del restaurante ya no existe y la última publicación en redes sociales se remonta a hace casi tres años.

No hay comunicados oficiales ni grandes titulares sobre su cierre, pero el silencio digital es el mismo que envuelve a tantos negocios que bajaron la persiana sin hacer ruido, ahogados por la imposibilidad de pagar servicios tan básicos como la luz o el agua.