Muchas menores viven un constante acoso en redes.
Una madre, sobre el veto a las redes para menores de 16: "Si hubiera llegado antes mi hija no habría sufrido tanto"
La medida anunciada por Pedro Sánchez es acogida con cautela por una asociación que trata el ciberbullying y la familia de una víctima.
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El coto al ciberacoso da un paso definitivo en España. Tras el proyecto de ley de Francia para prohibir el acceso a redes sociales a menores de 15 años, el gobierno de Pedro Sánchez también ha dado un paso al frente anunciando que hará lo propio —en el caso de España la edad serán 16, antes eran 14— con el fin de proteger a esta parte de la población de los problemas derivados de un uso indebido de estas plataformas que sirve de caldo de cultivo para el acoso y distintas violencias.
"Actualmente, nuestros niños están expuestos a un espacio en el que nunca deberían navegar solos, un espacio de adicción, abusos, violencia, pornografía y manipulación. No vamos a tolerarlo más", ha dicho el líder del Ejecutivo.
La medida viene a poner un poco de esperanza en un clima preocupante, con miles de casos cada año. El informe 'Infancia Digital', elaborado por Red.es, UNICEF España, la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, indica que cerca del 10% de los menores encuestados declara haber sufrido ciberbullying.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención este martes en Dubái. Efe
Esta noticia ha llegado como un halo de luz en medio de la oscuridad para muchas familias que han sufrido y sufren esta lacra y que pedían a gritos una regulación exhaustiva que proteja a sus hijos y obligue a estas plataformas a ejercer un mayor control. Aunque no es oro todo lo que reluce...
El testimonio
Magas habla con una madre cuya hija de 13 años ha vivido un auténtico calvario a través de las redes por parte de chicas de su edad. No quiere dar el nombre de la menor y no sólo por protegerla; también tiene miedo de que su relato público llegue a las acosadoras y la situación empeore.
Antes de entrar en materia y conocer la historia, le preguntamos por este anuncio del presidente del Gobierno para legislar el acceso a plataformas como Instagram o TikTok, tan populares entre los adolescentes.
"Es una medida que tenían que haber tomado hace muchísimo tiempo, aunque me parece que va a ser complicado aplicarla. Lo digo desde mi experiencia. Yo tengo dos hijas y a la mayor, que ahora tiene 18, no le dejaba usar redes y se buscaba las mañas para crear su cuenta en secreto", confiesa.
Luego Clara, como madre responsable, instaló en el teléfono de la chica esos métodos de control parental para regular su uso, "pero ella llegó a puenteármelo todo y consiguió quitarlo. A mí las redes sociales me dan pánico; son un gran problema en la sociedad".
El caso de María —nombre ficticio— puede ser el de miles de adolescentes. En el imaginario colectivo puede no parecer grave, pues en el caso que atañe a su hija menor no media violencia física y la emocional a menudo es infravalorada, pero afecta notablemente a la salud mental y es un germen que puede desembocar en una tragedia. No puede dejar de mencionar el caso de Sandra Peña, la menor que se suicidó tras sufrir bullying en 2025.
Según nos relata, en el instituto de esta adolescente de 13 años todo parecía ir bien hasta que empezaron a llegar los mensajes despectivos a través de TikTok, siempre con la precaución de las responsables de no nombrarla directamente, pero con datos claves para que se supiera que eran para ella. Así empezó una estrategia para aislarla totalmente del grupo y difundir mentiras sobre ella.
"Tu karma va a ser ver cómo yo disfruto mientras tú te hundes en la miseria". Esta era una de las frases que aparecían en esos vídeos dirigidos a María. "Ella ya iba con miedo a clase, porque no sabía lo que se iba a encontrar y no entendía qué había hecho para merecer ese trato. A veces no tenía ganas de seguir adelante", cuenta su madre con tristeza.
Pero lo peor es que "a la cara se mostraban simpáticas", por lo que su testimonio perdía valor delante de los adultos y de los responsables del centro escolar. El acoso era a través de la pantalla...
Hablaron con el instituto, pero les dijeron que no podían hacer nada porque era algo que sucedía fuera. Las responsables de esos vídeos no decían su nombre, así que tampoco pudieron tomar medidas legales. "Saben que no les va a pasar nada. Son conscientes de cómo hacer daño a otra persona sin que tenga consecuencias", se lamenta Clara.
"Yo habría denunciado tanto a la que lanza el mensaje como a las que contestan, que tiene la misma culpa", asegura Clara sin ocultar su rabia. El problema, según ella misma analiza, es que muchos padres no quieren ver lo que tienen en casa y defienden a sus menores a ultranza.
"Hay que asumir que nadie va a criar hijos perfectos, porque nosotros tampoco lo somos. En casa pueden ser muy buenos, pero fuera es posible que la cosa cambie radicalmente. Pero es necesario que haya consecuencias ante los malos actos —añade—. La mía lleva tres meses sin móvil, por ejemplo".
Los padres deben ser apoyo y también punto de control. iStock
¿Y qué le ha parecido a esta adolescente de 13 años el futuro veto a las redes para menores de 16? Su madre nos lo cuenta casi resignada: "Lo sabe, pero dice que va a ser imposible controlarlo. Y se pone ella de ejemplo, que tiene varias cuentas, aunque, eso sí, todas están en mi teléfono porque se las he ido pillando y lo he vinculado todo".
Clara insiste en defender la medida del Gobierno ante su hija, aunque en privado duda bastante de su eficacia: "Yo le digo que tendrán algún método efectivo para controlarlo y que como me llegue una multa porque se lo salta habrá castigo".
Aun así, tiene esperanza y cree que, de haberse aprobado antes, María "no habría sufrido tanto", porque ese acoso a todas horas a través de las redes no se hubiera dado. "Un día tuvimos que llevarla al hospital con una crisis de ansiedad", revela.
A su juicio, el uso desde tan jóvenes de estas plataformas ha cambiado a los adolescentes: "Ya no hablan, todo es a través del teléfono. No solucionan sus conflictos a la cara". También es consciente de que su hija menor se enfrenta a muchos otros peligros y resalta la importancia de la educación y de que "el primer control sea en la propia casa".
A Clara le ayudó ponerse en contacto con una de las organizaciones que tratan el tema del ciberbullying y ofrecen apoyo a padres y víctimas. Una de ellas es la Asociación Salmantina Contra el Bullying y Ciberbullying, con la que también ha hablado Magas y que nació en 2016 de la mano de tres familias que vivieron este problema y no contaron con el apoyo de las instituciones ni obtuvieron una resolución acertada.
Las asociaciones son prudentes
Carmen Guillén Sánchez, perito judicial especializada en esta temática y presidenta de ASCBYC y de la Federación Española de Asociaciones contra el Acoso Escolar (FEDECAE), comparte sus primeras impresiones tras conocer el anuncio de la ley por parte de Pedro Sánchez.
"Recibimos la noticia con mucha cautela. Indudablemente, hemos llegado a un punto en el que muchas redes sociales se han convertido en lugares que están afectando a la salud mental de niños y adolescentes", explica.
"Hay que legislar, teniendo en cuenta que el 80% del acoso escolar pasa a ser ciberbullying, pero también es necesario educar digitalmente, crear conciencia y, por supuesto, ser un ejemplo para los más jóvenes", añade.
Entienden que la prohibición vendrá acompañada de otras medidas "que, sin duda, hay que valorar, teniendo en cuenta cómo se van a hacer sin vulnerar derechos fundamentales que están reconocidos, igual que las redes privadas virtuales (VPN) pueden ser también un tema a legislar".
En la citada asociación atienden cerca de 300 casos de acoso al año y el 70% de ellos surge de las redes sociales. "Hay muchos de ciberacoso, pero también sexting —envío de fotos íntimas que puede ser difundido sin permiso y servir de extorsión— y grooming —personas adultas que se hacen pasar por adolescentes para conseguir una cita o material sexual—", explica.
Uno de los que Carmen más recuerda porque le impactó especialmente fue el de "una niña menor de 10 años y un adulto que ejercía una manipulación extrema sobre ella".
La medida anunciada obligaría a las apps de redes sociales a implementar sistemas efectivos de verificación de edad y a tipificar como delito la manipulación de algoritmos, entre otras cosas. "Son parte del problema y tienen que ser parte de la solución. Deben actuar siempre buscando el interés superior del menor, con responsabilidad y transparencia, facilitando canales de denuncia ante abusos o contenido ilícito", asegura Guillén.
La pregunta es: ¿los que acosaban por redes a menores no seguirán haciéndolo por otras vías? "Casi con toda seguridad, lo harán. Sin educación, pensamiento crítico y ayuda, el acosador volverá a acosar a su víctima presencialmente o por otros medios. Por eso es tan importante también la ley estatal de acoso escolar, como existe en otros países como Francia", explica.
Otra de las cuestiones que se plantean es si no aumentará la presión sobre los padres como foco de control para que sus hijos no intenten burlar el veto que planteará la norma para seguir buceando en Instagram, TikTok y otras plataformas.
Y de ahí pasamos a la vulnerabilidad de progenitores que no manejan las redes: "Falta mucha formación digital y la brecha digital se ve claramente también en esa falta de recursos de la propia familia. Los padres y/o madres deben ser consecuentes con las acciones de sus hijos, pero deben existir medios, formación, buenas leyes y, por supuesto, ayuda".
Las opiniones en torno al veto están polarizadas: se cuestiona su eficacia, si es un límite a la libertad o si llevará a manipular los contenidos con algún propósito. Sea como fuera, en un mundo donde los nativos digitales crecen expuestos a pantallas antes de tener la madurez suficiente para su uso, la ley puede ser un escudo, pero no la solución definitiva.
Proteger la infancia digital es, sobre todo, una cuestión de acompañamiento, educación y presencia. Porque si algo demuestra la historia de Clara y María, es que ningún algoritmo podrá reemplazar la mirada atenta de un adulto que sepa, simplemente, estar.