Adriana en su canal de YouTube.

Adriana en su canal de YouTube.

Estilo de vida

Adriana vive en una furgoneta desde hace un año para ahorrarse el alquiler: "Vivimos dos personas en 8 metros cuadrados"

Según los datos del INE, más del 40 % de los hogares que viven de alquiler destinan ya más del 30 % de sus ingresos a la vivienda.

Más información: Miriam, socióloga, sobre las personas que tienen dos viviendas en España: "Son explotadores, viven del trabajo de otros"

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Según el último Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social, más de 9,4 millones de personas en España viven en situación de exclusión social, y dentro de ese grupo, alrededor de 4,5 millones se encuentran en exclusión severa.

La vivienda es uno de los factores que más empuja a estas familias al límite: el encarecimiento del alquiler, unido a la precariedad laboral y a la falta de viviendas, ha convertido el acceso a un hogar en un problema estructural, especialmente en grandes ciudades y zonas turísticas.

Como consecuencia directa de esta crisis, han surgido formas alternativas de vivienda que hace apenas una década eran inviables. Cada vez más personas optan —o se ven empujadas— a vivir en furgonetas, campers o autocaravanas como única vía para escapar del alquiler.

Asociaciones del sector y estudios universitarios estiman que entre 25.000 y 40.000 personas viven de forma permanente en furgonetas o campers en España, una cifra que ha crecido de forma notable tras la pandemia. Una de esas personas es Adriana, una creadora de contenido que desde hace un año ha convertido una vieja autocaravana en su único hogar.

Cómo es vivir en una furgoneta

Adriana, conocida como Adri en redes sociales, es la persona detrás del canal de YouTube Minimalistamente. Su historia no comienza en una carretera, sino en un profundo malestar personal. Emigró a Alemania con solo 19 años y ha pasado allí más de la mitad de su vida adulta.

Casada con un ciudadano alemán, Kristof, Adriana ha confesado sentirse dividida entre dos países y sin un arraigo claro. Tras años marcados por la depresión y una profunda sensación de vacío, el minimalismo se convirtió en el primer paso hacia un cambio radical de vida que la alejó de la vivienda convencional.

Hoy, Adriana vive junto a su marido y su perro Mateo en una autocaravana del año 1992 bautizada como "Elsa". El vehículo, completamente reformado por ellos mismos, ofrece apenas ocho metros cuadrados de espacio habitable, una superficie inferior a la de muchas habitaciones en alquiler.

Sin embargo, para Adriana, cerrar la puerta, bajar las persianas y repetir pequeñas rutinas le proporciona una sensación de hogar imprescindible para gestionar su ansiedad, independientemente del lugar donde estén aparcados.

Aunque su residencia oficial sigue estando en Alemania, la movilidad que les da la autocaravana les permite pasar largas temporadas en España, especialmente en Andalucía, y también en Francia.

De este modo, puede reconectar con su país de origen sin depender de familiares ni asumir los costes imposibles de un alquiler turístico o de larga duración. Su casa viaja con ella, y eso, asegura, le ha devuelto una libertad que creía perdida.

Su principal fuente de ingresos es el propio canal de YouTube, donde documenta su día a día y reflexiona sobre consumo consciente, viajes lentos y vida minimalista.

Adriana explica por qué vive en una furgoneta.

Crear contenido es un trabajo a tiempo completo que realiza desde la furgoneta, una tarea menos idílica de lo que muestran las redes: no dispone de un espacio cerrado, los asientos no están pensados para jornadas de edición de ocho horas y compartir un espacio tan reducido con su pareja implica interrupciones constantes.

Desde el punto de vista económico, Adriana insiste en desmontar la idea de que vivir en una furgoneta es gratuito. La compra del vehículo y su camperización supusieron una inversión elevada y años de ahorro previo.

Sin embargo, en el día a día, los números son claros: no pagar alquiler marca la diferencia. Calcula que en aproximadamente un año y medio ya habían amortizado el coste de la autocaravana.

El gasto en suministros es mínimo en comparación con una vivienda convencional; entre los dos consumen unos diez litros de agua al día, la electricidad procede de placas solares y la calefacción de gas tiene un consumo muy bajo.

Sus mayores desembolsos son el combustible y la alimentación, por lo que practican el llamado slow travel, viajando despacio para evitar que la gasolina dispare el presupuesto.

La vida en ocho metros cuadrados también impone un minimalismo forzoso. No hay espacio para acumular objetos, lo que obliga a una selección constante de lo verdaderamente necesario.

Adriana reconoce que esta limitación ha tenido un efecto positivo en su bienestar, reduciendo la carga mental y facilitando el orden diario. Además, la reforma de "Elsa" le permitió aprender fontanería, electricidad y mecánica, habilidades que ahora forman parte de su orgullo personal y de su sensación de autosuficiencia.

Sin embargo, lo que se ahorra de orden lo implementa en otras tareas. Vivir en una furgoneta implica enfrentarse a tareas como vaciar y limpiar el váter químico cada pocos días, combatir la humedad y los hongos tras jornadas de lluvia o solucionar averías inesperadas.

La privacidad es prácticamente inexistente, tanto frente a la calle como dentro del propio vehículo. Adriana relata situaciones incómodas, como despertar con la puerta abierta y peatones pasando a escasos metros, o la imposibilidad de mantener una conversación íntima sin que se escuche todo.

Además, la logística no es tan sencilla como parece y mover la casa no es tan simple como arrancar un coche, cada desplazamiento requiere asegurar muebles y objetos, planificar dónde dormir, dónde vaciar aguas sucias y dónde repostar agua limpia.

A esto se suma el miedo a los robos, que limita su capacidad para dejar la autocaravana sola durante mucho tiempo y condiciona cualquier plan turístico. El clima y las averías mecánicas dictan el ritmo de su vida, obligándoles a modificar rutas o detenerse cuando algo falla.

A pesar de todo, Adriana no se considera una excepción romántica, sino el reflejo de una realidad cada vez más común. Para ella, vivir en una furgoneta no es una moda ni una huida caprichosa, sino una respuesta directa a un sistema de vivienda que deja fuera a miles de personas.