Mar, dueña de un bar.

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Estilo de vida

Mar, la dueña de un bar que prohíbe los pagos con tarjeta: "Prefiero fiar un café antes que pagar comisiones al banco"

España es uno de los países europeos donde más ha caído el uso del efectivo entre 2016 y 2022, solo por detrás de Chipre.

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El pago con tarjeta se ha convertido en el método habitual para millones de personas en España. Según los últimos estudios del Banco de España y del Banco Central Europeo, más de dos tercios de la población utiliza medios electrónicos para sus compras diarias.

Hacer un bizum, pagar con tarjeta, acercar el móvil o el reloj al datáfono… son hábitos que están instaurados en nuestro día a día y que demuestran que los pagos digitales están cada vez más presentes. De acuerdo con los informes, en 2022, el importe total pagado con tarjeta superó por primera vez al pagado en efectivo.

Este cambio en los hábitos de consumo, acelerado tras la pandemia, está transformando la relación entre clientes y pequeños comercios. Mientras los consumidores valoran la comodidad y la rapidez, muchos negocios advierten de los costes ocultos que conlleva esta forma de pago.

Las comisiones bancarias asociadas a cada operación, aunque a simple vista parezcan reducidas en términos porcentuales, tienen un impacto directo en la rentabilidad de los pequeños negocios. Es el caso del bar de Mar, en Galicia, donde su propietaria ha optado por prohibir los pagos con tarjeta.

La respuesta de los negocios frente al pago con tarjeta

En España, aceptar pagos con tarjeta no es una obligación legal para bares y restaurantes, pero en la práctica se ha convertido en una exigencia casi inevitable. Más del 80% de los consumidores utiliza habitualmente medios electrónicos para pagar y cada vez son menos los que llevan efectivo encima.

Esta realidad ha obligado a muchos establecimientos a instalar un datáfono para no perder clientela, ya que la ausencia de esta opción puede provocar que el cliente se marche. En los casos en los que no se aceptan tarjetas, la normativa exige que el local lo comunique de forma visible mediante un cartel claramente identificable.

Precisamente estos carteles son los que ya predominan en muchos bares de Galicia. Diferentes establecimientos y pequeños negocios se han plantado ante esta situación y han optado por rechazar directamente el pago con tarjeta.

La hostelería, un sector tradicionalmente basado en consumos pequeños y frecuentes, es especialmente vulnerable al impacto de las comisiones bancarias. Un café, un refresco o una caña tienen precios ajustados y, en muchos casos, dejan apenas unos céntimos de margen una vez descontados los costes fijos.

Cuando un cliente paga un café de 1,30 euros con tarjeta, el banco aplica una comisión que sale directamente del ingreso del hostelero. A esa cantidad hay que restarle además el IVA, los impuestos, la factura de la luz, el agua, el alquiler del local y el coste de la materia prima, enumera Mar en un reportaje de Cuatro.

El resultado, explican muchos profesionales, es que una venta que debería ser rentable acaba convirtiéndose en una operación casi simbólica, cuando no directamente deficitaria.

@noticias_cuatro La rebelión de los bares contra los pagos con tarjeta: "Me niego a darle una comisión al banco" #noticiastiktok #noticias #news ♬ sonido original - Noticias Cuatro

Mar lo explica con claridad desde la barra de su bar. No le parece lógico tener que pagar una comisión al banco de esos 1,30 euros del café cuando ya asume una larga lista de gastos obligatorios.

Asegura que, después de pagar a Hacienda, las facturas y todos los costes asociados al negocio, todavía tiene que ceder parte de su beneficio a una entidad financiera por el simple hecho de cobrar su trabajo. Para ella, el problema no es el importe de la comisión en sí, sino el principio de fondo: trabajar para que otro gane.

Lejos de provocar conflictos, la decisión ha sido bien entendida por su clientela habitual. "Mis clientes lo aceptan perfectamente. Llega alguien a veces, pues me dice: 'No tengo dinero'. No pasa nada, ya volverá", cuenta.

Este tipo de situaciones pone de relieve una tensión creciente: mientras las administraciones y el sistema financiero impulsan el abandono del efectivo, muchos comerciantes reclaman soluciones que tengan en cuenta su tamaño y su volumen de facturación.

En especial, piden comisiones más bajas o sistemas adaptados a micropagos que no penalicen la venta de productos básicos. Para algunos, prohibir el pago con tarjeta no es ir contra el progreso, sino una forma de supervivencia.