'T-800' uno de los personajes de 'Terminator'.
Hace algunas semanas, alguien volvió a poner sobre la mesa un término prácticamente olvidado: 'Skynet', la inteligencia artificial que lidera al ejército de las máquinas en Terminator (James Cameron, 1984). Y surge la pregunta: ¿es ya algo vintage? ¿O es precisamente ahora cuando más sentido cobran conceptos como la filosofía, la ética y la propia humanidad?
2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), captó magistralmente el miedo de las personas ante una posible rebelión de las máquinas: que lleguen a considerarnos prescindibles, que terminen dominando la Tierra, exterminándonos o convirtiéndonos en esclavos.
Algo parecido sucede con George Orwell. Cuando buscaba un título para su distopía sobre un futuro Estado totalitario, llegó a 1984, invirtiendo el orden de los dos últimos números del año en el que se encontraba, 1948. Ficción científica que, con el tiempo, se convirtió en realidad sociológica.
Terminator plantea de nuevo el escenario de unas máquinas autónomas y conscientes y, en el centro de la historia, está 'Skynet', una inteligencia artificial que alcanza la autoconciencia y desencadena una guerra nuclear que está a punto de acabar con la humanidad.
En muchas de estas historias aparece una IA personalizada y autónoma, cada vez más presente en el imaginario colectivo. Y la pregunta vuelve a surgir: ¿existe realmente miedo a la tecnología o, en realidad, a lo desconocido?
En pleno auge del debate sobre estos sistemas, conviene recordar que esta no tiene por qué arrebatar al ser humano ni el saber ni la creatividad. Si llegase a considerarse una amenaza capaz de quitarle todo al individuo, quizá sería porque esas capacidades ya no se encontraban suficientemente arraigadas.
Como decía Kavafis: "Hay que tener siempre a Ítaca en mente. Llegar allí es el destino. Mas no conviene apresurarse nunca el viaje". Quizá la clave esté precisamente en disfrutar de una de las épocas más disruptivas de la historia.
Porque, aunque no siempre lo parezca, detrás de toda esta revolución existe una selva estructurada, lejos de la arbitrariedad: un entramado de etiquetas, normas, protocolos y criterios que deben cumplirse.
La humanidad se encuentra ante un momento histórico y profundamente retador. Es la primera vez que varias tecnologías alcanzan simultáneamente un elevado grado de madurez y, además, son capaces de integrarse entre sí para ofrecer soluciones al servicio de las necesidades cotidianas.
Todavía no se sabe hasta dónde llevará este viaje. Pero, más que temerlo, el momento exige comprenderlo, cuestionarlo y, sobre todo, aprovechar la oportunidad de estar viviendo uno de los grandes momentos de transformación de la historia.