Inma Miralles, autora de 'Una temporada con las Malva Roller Dolls', junto a la portada de su libro.

Inma Miralles, autora de 'Una temporada con las Malva Roller Dolls', junto a la portada de su libro. Cedida

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Fue al observar lo invisible cuando comprendí, por fin, que siempre había sabido escribir

Inma Miralles
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Hay una frase, que quizá escuché en una película o leí en la cita de algún libro, que me ha perseguido desde niña, cuando lo de convertirme en autora no era más que una aspiración remota. La frase es: "Si ves lo invisible, sabrás qué escribir".

No sé a quién pertenece, pero a mí me atravesó y atraviesa casi como un mantra cada vez que afronto un proceso de escritura. "Si ves lo invisible, sabrás qué escribir".

De una manera más o menos consciente, la semilla de Una temporada con las Malva Roller Dolls está en un fenómeno exponente de esta asociación esotérica entre literatura y fantasmagoría. Y es que la imagen de la protagonista, Priscila, actuó como manifestación de lo invisible.

Se me aparecía a fogonazos, completamente descontextualizada, mucho antes de empezar la escritura de la novela. Paseando por la playa, saliendo a correr. Allí estaba, inmiscuyéndose: la imagen de una mujer muy enfadada en una fiesta (igual que en la escena inicial del libro).

Era una imagen muy sugestiva que me invitaba a indagar en su conflicto. Pero, en ese momento, yo estaba muy alineada con mi existencia e intenté no hacerle mucho caso. Sin embargo, cuando por diversas circunstancias empecé a estar tan enfadada como ella, la cosa cambió.

La mecha de Una temporada con las Malva Roller Dolls se empezó a prender y ya no hubo quién la apagase. El punto de partida es la voz individual de Priscila, pero pronto se abre a una novela coral donde su problemática se refleja como colectiva.

Priscila encuentra dificultades para localizar su enfado por una cuestión muy concreta: ha padecido un tipo de violencias que, en ciertos ámbitos de la sociedad, todavía tienden a normalizarse. Precisamente por esta causa, a ella le cuesta mucho nombrarlas.

Es desde esa necesidad de dar contraste a su experiencia y de encontrar un espacio de iguales que Priscila empieza a practicar Roller Derby, un deporte sobre patines donde la velocidad y el contacto reglado forman parte del juego.

Allí conocerá a un grupo de mujeres con unas cualidades ciertamente curativas para ella. Una temporada con las Malva Roller Dolls abarca multiplicidad de temas. Tanto visibles, como la importancia de la amistad y de establecer redes constructivas de apoyo. Como invisibles: la cara oculta de las relaciones familiares y del amor romántico.