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Belleza

Gregory Fuenmayor, maquillador: "Para disimular las ojeras hay que poner corrector amarillo en el lagrimal y en la parte externa del ojo"

El maquillador de Revlon revela dónde aplicar el corrector y qué tonos elegir para disimular las ojeras, manchas y rojeces sin cubrir todo el rostro.

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El corrector se ha convertido en uno de esos productos que cuesta imaginar fuera del neceser. De hecho, podríamos decir que poco a poco ha ido desbancando a la base de maquillaje, especialmente cuando buscamos un resultado ligero y natural.

El cambio se nota especialmente en verano, cuando el calor hace que las fórmulas pesadas resulten menos apetecibles y la piel pide maquillajes más ligeros. Un par de toques estratégicos pueden ser suficientes para disimular una ojera, una pequeña mancha o una rojez sin cubrir por completo la piel.

Pero que sea un producto sencillo no significa que sea imposible equivocarse con él. Elegir mal el tono, aplicar demasiada cantidad o colocar el producto donde no corresponde puede conseguir justo el efecto contrario al que buscamos.

Gregory Fuenmayor, Makeup Artist Pro Collaboration de Revlon Spain, ha explicado a la revista Hola! algunos de los errores más habituales y comparte sus trucos para conseguir una piel uniforme y luminosa.

El truco para que las ojeras desaparezcan

Aunque el verano haya quedado atrás, la tendencia hacia maquillajes más ligeros sigue muy presente.

La base de maquillaje, que durante años ha ocupado un lugar protagonista, comparte ahora ese espacio con protectores solares e hidratantes con color, y, sobre todo, el corrector, que permite unificar la piel sin necesidad de cubrir todo el rostro.

En ese escenario, el corrector adquiere una función mucho más importante. Ya no se trata de utilizarlo únicamente para cubrir una imperfección después de aplicar la base, sino de convertirlo en el producto encargado de hacer pequeñas correcciones allí donde realmente hacen falta.

El objetivo, según el maquillador, es sustituir las capas de producto por una aplicación mucho más localizada, capaz de corregir ojeras, granitos, manchas o rojeces sin perder el aspecto de piel desnuda.

Precisamente en el caso de las ojeras, uno de los errores más frecuentes consiste en cubrir todo el contorno con una cantidad generosa de corrector.

Aunque pueda parecer la manera más lógica de ocultar la oscuridad, el exceso de producto tiende a acumularse en los pliegues y puede hacer que la zona se vea más pesada.

Fuenmayor propone trabajar con apenas "un par de puntos estratégicos" de corrector luminoso. Su recomendación es colocarlos en el lagrimal y en la parte externa del ojo y después difuminarlos hacia fuera.

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La clave está en no extender el producto indiscriminadamente por toda la ojera, sino concentrarlo allí donde realmente aporta luz y corrección.

La aplicación puede hacerse con una brocha, una esponja o incluso con los dedos. De hecho, el maquillador apuesta por aprovechar el calor de las propias manos para conseguir que la fórmula se funda con la piel.

"El propio calor de la piel hace que la fórmula se funda mágicamente con la piel dando un acabado de efecto de piel desnuda", explica.

El gesto es sencillo: se coloca una pequeña cantidad en los dos puntos señalados y se difumina con ligeros toques, sin arrastrar el producto. De esta manera, la cobertura queda más concentrada donde se necesita y prácticamente desaparece en los bordes.

Tan importante como saber dónde aplicarlo es elegir qué tono utilizar. No todas las ojeras tienen el mismo color y, por eso, un único corrector no funciona necesariamente igual en todas las personas.

Fuenmayor explica que puede recurrirse a un tono nude neutro ligeramente más claro que la piel o a un matiz rosado cuando la zona presenta determinados tonos azulados.

"Si el problema es una mirada cansada o unas venitas azuladas en la zona de las ojeras, hay que ir al corrector rosa", señala. El objetivo del pigmento rosado es neutralizar visualmente esa tonalidad oscura y aportar un aspecto más fresco a la mirada.

Esto explica por qué elegir simplemente el corrector más claro disponible no siempre es una buena idea. Aclarar una ojera sin tener en cuenta su subtono puede dejar la zona grisácea o demasiado evidente. La corrección del color debe hacerse antes de pensar únicamente en iluminar.

El amarillo para manchas y rojeces

Hay otro tono que puede resultar especialmente útil cuando queremos prescindir de la base: el amarillo.

Aunque pueda parecer un color extraño para utilizar sobre el rostro, los correctores coloreados funcionan precisamente porque ayudan a neutralizar visualmente determinados tonos que aparecen en la piel.

En determinadas pieles, las manchas y las rojeces pueden adquirir mayor protagonismo y el maquillador recurre al amarillo para trabajar ambas.

"Las manchas solares suelen tener un subtono amarronado o un punto cetrino y amarillento que apagan realmente el tono de la piel", explica Fuenmayor.

Su propuesta es utilizar el tono Yellow del Revlon Glimmer Correcting Concealer sobre la zona hiperpigmentada. La cantidad vuelve a ser fundamental: no se trata de cubrir la mancha con una capa gruesa de corrector amarillo, sino de colocar un pequeño toque exactamente donde se necesita.

Para integrarlo, recomienda utilizar el borde de una esponja húmeda y dar pequeños toques sobre la mancha hasta que el producto quede fundido con la piel.

Después, si es necesario, se puede añadir encima una pequeña cantidad de corrector del tono de la piel para terminar de igualar la zona.

Con las rojeces el procedimiento cambia ligeramente. En este caso, el producto necesita quedar mucho más integrado para evitar que se acumule y termine creando una zona grisácea.

El maquillador recomienda difuminarlo hasta que quede "fusionado con la intensidad del rojo sin dejar parches grisáceos en la piel".

Los dedos también pueden ser suficientes para conseguirlo. El calor de las manos ayuda a trabajar pequeñas cantidades y permite controlar mejor hasta dónde se extiende el producto.