Amigas realizándose tratamientos de belleza.

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Belleza

Retoques, entre música, barré o tarot: por qué las 'bótox-party' son la tendencia que preocupa a los médicos

Las reuniones para hacer tratamientos estéticos en grupo son habituales en EEUU y empiezan a popularizarse en España. Estos son los riesgos que entraña.

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"Bótox, música y champán", estas tres palabras forman parte de uno de los anuncios que puede encontrarse en las redes sociales promocionando estas fiestas de belleza.

La idea es sencilla: un grupo de mujeres quedan para aplicarse un tratamiento en grupo, a menudo con descuentos y precios asequibles, mientras 'aderezan' la experiencia con otros elementos festivos.

Estas bótox-party —que no se limitan a neuromoduladores, también los rellenos de ácido hialurónico están presentes en ellas — son muy populares en Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica.

Esta tendencia ha llegado incluso a las empresas, donde se organizan como una nueva forma de convivencia entre empleados, auspiciada por el auge de la medicina estética y el cambio en los hábitos sociales.

Podemos encontrar ofertas de lo más variopintas que combinan propuestas en toxina botulínica con lecturas de tarot, deporte y sesión de peluquería o celebraciones del Día de la Madre con citas especiales que se llevan a cabo en salones de belleza. Bebidas, comida, un ambiente festivo... suena a plazano.

Este tipo de eventos están experimentando un auge en ciudades españolas como Madrid o Barcelona, auspiciadas por una tendencia de belleza rápida y barata y ese afán de estar perfectas y siempre jóvenes que tanto amplifican las redes.

Sin embargo, la realidad es que en muchas ocasiones los tratamientos se llevan a cabo en casas particulares y en lugares que no tienen el entorno médico-sanitario adecuado.

Este fast beauty pone en riesgo la salud y puede tener consecuencias fatales. Según la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME), alrededor del 47% de la población española se ha sometido alguna vez a algún tipo de retoques, lo que evidencia una normalización creciente de los mismos.

El problema es que buena parte de estos tratamientos se aleja de la normativa sanitaria vigente: datos de la propia SEME señalan que hasta el 65% los realizan profesionales no cualificados, y el 20% se practican en lugares no regulados, como peluquerías, centros de belleza sin supervisión médica o domicilios particulares.

Una normativa mucho más restrictiva que la estadounidense, donde en ciertos estados se permite hacerlo a domicilio por algún profesional licenciado o en los llamados MedSpas.

Son centros de estética que pueden funcionar como clínica si tiene un contrato con un médico que supervise los protocolos.

Este no tiene que estar allí, puede estar en su casa mientras un enfermero (RN) o un NP (Nurse Practitioner) realiza las inyecciones. La pregunta es, ¿cómo se comprueba eso? La línea es difusa. En España, las condiciones están mucho más claras.

Lo que opinan los expertos

Para analizar la irrupción de las fiestas de bótox, contamos con los especialistas de dos importantes centros estéticos. Lo primero que quieren dejar claro es que "estos tratamientos a domicilio están prohibidos por Sanidad y todas las Sociedades médicas alertan de graves riesgos debido a la falta de higiene, supervisión médica y control sanitario".

El doctor Abraham Benzaquén, médico estético del Grupo Pedro Jaén, asegura que son plenamente conscientes de que estas beauty parties existen y cree que el mayor problema de base empieza "cuando se presenta la toxina botulínica como si fuera una actividad social más, porque deja de percibirse como lo que realmente es: un medicamento que, como tal, debe administrarse en un acto médico por parte de un profesional, tras una valoración individual y en un centro sanitario adecuado".

Queremos saber si alguna empresa o grupo de personas les han contactado alguna vez para organizar un tratamiento en grupo.

"No, probablemente, quienes conocen nuestra manera de trabajar ya saben cuál sería nuestra respuesta. Sacar este tipo de tratamientos del entorno médico para llevarlos a un contexto festivo o informal es una forma de banalizar algo que exige criterio, seguridad y responsabilidad profesional", responde.

Desde la Clínica Menorca, en cambio, la doctora Andrea Marroquín reconoce alguna consulta esporádica: "Sí es cierto que algunos pacientes se han interesado por el tema, pero ha sido más a modo de curiosidad que buscando realmente realizarlas en grupo fuera de un centro sanitario".

El bótox es un tratamiento médico-estético que debe ser aplicado por un experto, previo diagnostico personalizado.

El bótox es un tratamiento médico-estético que debe ser aplicado por un experto, previo diagnostico personalizado. iStock

Los riesgos

La necesidad de recurrir a un centro médico especializado parece algo evidente, pero a la vista de lo que sucede no lo es tanto. Según datos de SEME de 2025 el 65% de los tratamientos médico-estéticos serían realizados por personal no cualificado y el 20% se harían en lugares no regulados.

Otro informe sobre dermatología estética en España indica que entre el 55% y el 59% de los usuarios sigue escogiendo centros no médicos para estos procesos. El fenómeno no es anecdótico.

"En mi opinión, es como plantearse hacerse un tratamiento dental en el salón de casa durante una reunión con amigos. Nadie lo haría, porque entiende que requiere un entorno sanitario, material adecuado y un profesional concentrado. Con los neuromoduladores ocurre exactamente lo mismo", precisa Benzaquén.

Los dos expertos consultados ponen sobre la mesa los peligros a los que se exponen las asistentes a esas bótox-party. "La infiltración de neuromoduladores exige asepsia, evaluación médica previa y trazabilidad del producto (conocimiento del fármaco desde su fabricación hasta su aplicación). En contextos informales como domicilios o eventos sociales hay ausencia de diagnóstico médico y falta de condiciones de esterilidad", empieza explicando...

"El riesgo más evidente es el de infecciones, por la falta de condiciones higiénicas y de asepsia que sí se garantizan en una consulta médica. Pero no es el único", añaden desde el Grupo Jaén.

Otras complicaciones que se pueden dar son la ptosis palpebral —caída anómala del párpado superior— ptosis de ceja —descenso anormal de esta zona— y asimetrías cuando falla la planificación o la técnica.

"La base para minimizarlos es clara: que el tratamiento se realice siempre en un centro médico, con las condiciones adecuadas y por un profesional cualificado". dice el Dr. Abrahám Benzaquén.

Una mina de oro

El bótox es uno de los productos más demandados y populares de mercado. "En los últimos cuatro años se ha triplicado la demanda de tratamientos con neuromoduladores. Aunque en la actualidad sigue creciendo, la tendencia ya está más estabilizada", dicen desde la clínica Menorca.

Los datos confirman que no estamos ante una moda pasajera, sino ante un tratamiento plenamente consolidado dentro de la medicina estética. La toxina botulínica sigue siendo, con diferencia, uno de los procedimientos estéticos no quirúrgicos más realizados en el mundo.

La encuesta global de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery sitúa estos tratamientos en torno a los nueve millones al año, lo que refleja su enorme penetración y aceptación entre la población, según explica el doctor Benzaquén.

Distintos análisis sectoriales señalan que el mercado global de toxina botulínica "supera ya los 13.000 millones de dólares y que se espera que siga creciendo de forma muy relevante en los próximos años".

Además, como explica el doctor Benzaquén, dentro del conjunto de tratamientos estéticos mínimamente invasivos, sigue ocupando una posición dominante.

La American Society of Plastic Surgeons la sitúa entre los procedimientos más realizados de su categoría en mercados maduros como el estadounidense.

En conjunto, todo esto refleja una tendencia clara: el paciente busca cada vez más tratamientos eficaces, poco invasivos, con resultados naturales y sin apenas tiempo de recuperación, y los neuromoduladores encajan perfectamente en ese perfil.

¿Por qué se produce esta botoxmanía? Desde Pedro Jaén responden: "El motivo por el que es uno de los tratamientos de referencia es que hace algo que muy pocos productos pueden hacer: actuar de forma muy selectiva sobre la musculatura para suavizar arrugas de expresión y modular ciertos gestos faciales que endurecen o envejecen el rostro".

Su gran ventaja es que no sólo mejora líneas, sino que puede rejuvenecer la expresión sin necesidad de cambiar los rasgos. Bien aplicada, la mirada se ve más descansada, el rostro más relajado y la expresión más armónica.

Y todo ello con un procedimiento rápido, poco invasivo y con una recuperación prácticamente inmediata.

Un centro de Guatemala ofrece una fiesta de bótox y barré.

Un centro de Guatemala ofrece una fiesta de bótox y barré.

La evolución y el manual de uso

Los neuromoduladores han experimentado un claro progreso en los últimos años. Por un lado, ha cambiado el perfil del paciente. "Hace años se asociaban a personas con un envejecimiento más avanzado y a perfiles muy concretos.

Hoy es un tratamiento completamente normalizado, mucho más transversal, que forma parte del cuidado estético habitual en distintos rangos de edad", aclaran.

No sólo eso, "hemos pasado de 'borrar' arrugas a modular la expresión". La técnica se ha vuelto mucho más personalizada, analizando la dinámica facial de cada persona y ajustando la dosis y puntos de aplicación con mayor precisión.

Las formulaciones también se han mejorado con el fin de reducir la pérdida de respuesta al tratamiento.

"El objetivo es la naturalidad y respetar la expresividad huyendo de la sobrecorrección", confirma la doctora Andrea Marroquín.

Es importante tener claro las pautas que dan los profesionales para su aplicación y su mantenimiento. Lo habitual es pautarlo cada 4 a 6 meses.

"Hay pacientes a los que les encaja perfectamente ese intervalo y otros en los que el efecto puede durar más y espaciarse incluso más tiempo. Lo importante es individualizar y no convertirlo ni en un tratamiento improvisado ni en uno protocolizado de forma rígida", dice Abrahám Benzaquén.

Una vez realizada la técnica, desde la Clínica Menorca, detallan la rutina post aplicación.

  • Hay que intentar ejercitar los músculos tratados durante 2/3 horas después del tratamiento (por ejemplo, frunciendo el ceño o levantando las cejas).
  • No hay que frotar o dar masajes en las áreas tratadas durante las 24 horas siguientes al tratamiento.
  • No aplicar maquillaje durante las cuatro horas siguientes al tratamiento.
  • No acostarse ni hacer ejercicio durante las cuatro horas siguientes al tratamiento.
  • Asegurarse de que cualquier pequeña marca o hinchazón desaparece unas horas después.
  • Serán necesarios unos 14 días para que haga efecto completamente.
  • Los resultados no son permanentes. Si se mantiene la frecuencia de tratamiento recomendada por su médico, la duración del tratamiento puede llegar a ser más larga de los 5 meses.

En resumen, recurrir a la toxina botulínica no es como realizarse una limpieza facial, requiere de manos expertas y un análisis personalizado que aseguren un resultado óptimo. Las reuniones de belleza pueden ser divertidas, pero, como insisten los profesionales, no son para este tipo de tratamientos.