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Rosalía: inmensa… en el O2 Arena de Londres

Rosalía culminó el martes en Londres su gira europea con LUX, en un concierto que forma ya parte de la historia de la música contemporánea. Este es el relato personal de una de las asistentes.

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Cósima Ramírez
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Ego sum nihil, ego sum lux mundi.

("Yo no soy nada, yo soy la luz del mundo").

Esta entradilla en latín es un himno no dualista y trascendental, en el que la inexistencia sostiene la existencia, y el mundo invisible ilumina lo visible.

La cantante española ha conquistado a crítica y público en Londres.

La cantante española ha conquistado a crítica y público en Londres. Efe

Tal es así que podría servir tanto de koan japonés, al son de paradoja o pregunta retórica de monje budista para romper los hábitos racionales de la mente, como de manifiesto músico-místico del nuevo álbum de Rosalía – LUX – presentado esta semana en el O2 Arena de Londres.

La capital británica ha sido la última parada de una gira europea arrolladora, en que la artista española ha conmocionado a mortales de todas las nacionalidades, apoderándose de sus pantallas con imágenes exquisitamente estudiadas y auto-hagiográficas, que narran la santificación de una estrella del pop en la era digital moderna.

El paso de Rosalía por Wembley, embriagadora y casi-metafísica en su potencia audiovisual, ha consolidado su puesto entre las leyendas musicales de nuestra historia.

Todos estaban allí jaleándola. Enrique Morente, Camarón de la Isla, Paco de Lucía, y tantísimas otras figuras flamencas daban palmas desde los cielos. Ella les correspondía con creces con la fuerza de su duende y su talento, con la fuerza de su sublime escenificación teatral.

La acompañaban Bach, Vivaldi, Monteverdi, Mozart, Verdi, Wagner, von Bingen, Mahler, Stravinsky, Debussy, García Lorca, Lola Flores, Manolo Caracol, La Niña de los Peines, David Bowie, Prince, los Coltrane, Nina Simone, Billie Holiday, Leonard Cohen, Jeff Buckley, Nick Drake, Edith Piaf, Santa Rosa de Lima, Santa Teresa de Ávila, Juana de Arco…

Todos ellos fundidos, mezclados, indisolubles, viendo temblar 'el tablao' con vítores y ovaciones, desde el palco invisible expectante de su auto-canonización musical. Así, como una masa ferviente que flotaba sobre unos 20.000 fans-peregrinos londinenses y sus móviles.

La artista española con más impacto internacional de nuestra generación empezó su tour – LUX – hace apenas dos meses, el 16 de marzo de 2026 en la ciudad francesa de Lyon. Desde entonces ha evolucionado y revolucionado el concepto de un concierto en el siglo XXI.

Rosalía, en Londres

Trascendiendo espacios, tiempos y fronteras, se adueñó de todas las pantallas desde el escenario, y así, sin más, había inundado las redes con su iconografía, con su ascensión como sibila y profeta del nuevo mundo digitalizado.

El martes confesó ante sus fieles del 02 Arena que el gran sueño de su vida siempre había sido tocar en el Royal Albert Hall de Londres. Reconoció que aún no lo había conseguido, pero sonrió al decir que llenar el 02 Arena tampoco estaba nada mal y sus 20.000 fans-peregrinos, entregados, nos reímos con ella.

Se sentía la bruma de la fe colectiva, de la devoción por el supremo privilegio de poder reírnos con ella, de ser partícipes de aquella aparición flamenco-pop-orquestal divina que, apabullante, nos deslumbraba.

La imagen de la pequeña humana Rosalía se proyectaba grandiosa sobre dos pantallas gigantescas que la flanqueaban, dos avatares celestiales que seguían sus movimientos perfectamente sincronizados desde las alturas.

Como una titánica Madonna modernista, se alzaba inmensa en su belleza y en su gigante estatura.

La cantante, durante su concierto en Madrid.

La cantante, durante su concierto en Madrid. Gtres

Pude ver en todo momento su cara desde la marea del océano de fans-peregrinos, allí en su púlpito. También la veía en los móviles de quienes me rodeaban. Y aun así, ella se alzaba digitalmente sobre el público, con altura elevada, infinita, multiplicada como una efigie colosal.

Así, ella, sin más, envuelta en un manto blanco que brillaba en la oscuridad de un escenario forrado de cortinas negras, la artista parecía la fusión eterna de la estatua de una Virgen impresionista con el pequeño holograma de la Princesa Leia pidiendo ayuda en el espacio.

Cantaba sobre los delirios y peligros de la fama, pero también nos contó con la intimidad con la que solo se confiesa una ante sus 20.000 feligreses, que ella había decidido estar ahí. Y desmontó cualquier falso mito sobre la ambición, defendiéndola con su dignidad. Por complicado que sea su papel como icono y superestrella global, ella lo defenderá porque ha luchado para llegar, porque aún le quedan sueños por cumplir.

"No soy una santa pero estoy blessed" reveló en Reliquia.

La emoción colectiva y la mía personal se quedó impresa en mi piel. Emocionante e inspiradora, elevada a las alturas de su arte, ofreciendo su voz y sus palabras como tributo a los dioses que tanto anhelábamos. Nos llevamos en el alma su figura como icono, su voz como vehículo y su canto como súplica colectiva.

"Dios desciende y yo asciendo", declaró triunfal en Magnolias.

Preparar la liturgia antes del concierto me había convertido en una fan mega-freaky de Rosalía, sin apenas ser consciente.

Había estudiado la letra de cada una de las canciones de LUX, un auténtico salterio humanista escrito en 13 idiomas. Me salían los datos por los ojos y las orejas.

Cada pieza es un poema que intentaba reunir el reino de los dioses con el de los mortales.

La puesta en escena de 'LUX' es apoteósica.

La puesta en escena de 'LUX' es apoteósica.

Sin darme cuenta, me había pasado horas traduciendo extractos, persiguiendo hilos narrativos, tamizando referencias históricas y musicales, coleccionando perlas, texturas y matices de este fastuoso álbum. Me salían los datos por los ojos y las orejas.

No te equivoques, me dijo una amiga, jamás estarás preparada.

Y efectivamente, nada me podría haber preparado para verla en escena. La sofisticación de su lenguaje estético se me instaló en las entrañas para siempre.

Rosalía era una bailarina Bauhaus subida a un escenario futuro-minimalista – dos escaleras cubiertas por telones a cada lado y un círculo sol/luna llena flotando en el vacío –, evocando los comienzos del cine y las escenografías de su época dorada, y, transformándose ante nosotros en una escena de 2001 Space Odyssey cruzada con una obra de James Turrell.

Qué más puedo deciros con palabras…

Si Dios es 'Un Stalker', imagino que seguirá los pasos de Rosalía atentamente mientras ella sobrevuela el Atlántico para llegar a las Américas…