El refugio de Sonsóles Ónega en Galicia.

El refugio de Sonsóles Ónega en Galicia. Automontaje

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El refugio de Sonsoles Ónega en una aldea de 200 habitantes en Galicia: Reserva de la Biosfera y el mejor pulpo

La presentadora vuelve a sus orígenes cada vez que puede, un lugar en el que el tiempo parece haberse detenido, al igual que el encanto de sus calles y sus tradiciones más arraigadas.

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Hay lugares que no necesitan cartel de bienvenida para reconocerse como "hogar". A Sonsoles Ónega le ocurre con Mosteiro, una pequeña aldea del municipio lucense de Pol a la que su apellido está unido por una memoria familiar muy profunda.

Allí nació su padre, el periodista Fernando Ónega, y allí conserva la presentadora una parte esencial de su biografía íntima. Desde los veranos de infancia, los regresos siempre que puede, hasta una casa de piedra que mira más al origen que al escaparate televisivo.

Mosteiro no es un destino de "postureo" ni mucho menos. Enclavada en el interior de Lugo, en el entorno de A Terra Chá y la comarca de Meira, la localidad se mueve en cifras mínimas, alrededor de los 200 vecinos.

El INE recoge estas poblaciones por unidades concretas a 1 de enero, a partir de la información comunicada por los ayuntamientos. Es, precisamente, esa escala reducida la que explica parte de su atractivo: aquí casi todo se sabe, casi todos se saludan y casi nada parece tener prisa.

Raíces en A Chaira

Aunque Sonsoles nació y ha desarrollado su carrera en Madrid, Mosteiro forma parte de su mapa emocional. La periodista ha recordado públicamente sus veranos en esta aldea de Lugo, donde nació su padre y donde pasó parte de su infancia y adolescencia.

Hace poco, la periodista hablaba con total sinceridad y cariño de su "gen rural" y de la querencia por un lugar al que la familia no descarta regresar algún día.

La conexión no es sólo sentimental. La familia conserva la casa de su abuela, una vivienda ligada a la memoria de los Ónega que la presentadora ha definido como una asignatura pendiente: rehabilitarla y devolverle vida.

Esa imagen, la de una casa familiar de piedra esperando una segunda oportunidad, encaja con la Galicia interior que resiste entre prados, carreteras secundarias y parroquias donde la identidad pesa más que la fama.

Fernando Ónega, fallecido en marzo de 2026, mantuvo siempre ese vínculo con Mosteiro. HOLA publicó tras su muerte que el periodista tenía su corazón en la pequeña localidad lucense donde nació, y que Sonsoles llamó al alcalde de Pol para comunicarle la noticia porque sabía cuánto quería su padre a su tierra y a sus vecinos.

El verano de Mosteiro

Mosteiro es de esos lugares en los que el verano no se mide por reservas hoteleras, sino por regresos. La Fiesta al Emigrante de Pol, celebrada cada 24 de agosto en la Carballeira de Mosteiro, resume ese espíritu: homenajea a quienes se marcharon y aprovechan esas fechas para volver.

Ese calendario explica por qué el pueblo tiene tanta fuerza simbólica para quienes viven fuera. Durante buena parte del año, la aldea mantiene un pulso tranquilo. En verano, sin embargo, se encienden más casas, se llenan las mesas y la carballeira recupera el ruido amable de las familias que regresan.

Para Sonsoles Ónega, acostumbrada al ritmo de los platós, Mosteiro representa lo contrario: anonimato relativo, paisaje conocido y una memoria que no depende de audiencias.

No es un retiro de lujo, sino una vuelta a lo esencial. Una aldea de piedra, verde y silencio donde la presentadora puede volver a ser hija y nieta antes que rostro televisivo.

El plato que no falta

Si hay un sabor que identifica las mesas de feria en esta zona lucense, ese es el pulpo á feira. La receta tradicional consiste en cocer el pulpo, trocearlo y aderezarlo con sal gruesa, aceite y picante, servido en platos de madera y comido con palillos. En las feiras de la comarca, además, el pulpo está siempre presente.

A su alrededor aparecen otros emblemas de A Terra Chá: el queso San Simón da Costa, que Turismo de Galicia sitúa como una de las grandes exquisiteces de la zona, y el capón de Vilalba, producto con fama dentro y fuera de Galicia.

Pero en una fiesta popular, entre vecinos y emigrantes que vuelven, el plato que mejor dibuja la escena sigue siendo el pulpo á feira, un manjar sencillo, compartido y profundamente gallego.

Por eso Mosteiro no necesita grandes reclamos. Su valor está en lo que conserva: casas de piedra, memoria familiar, una fiesta de regreso y una mesa donde el pulpo sabe a verano. Para Sonsoles Ónega, ese pequeño punto del mapa lucense no es una escapada más. Es el lugar donde el apellido vuelve a su origen.