Un perro border collie marrón y blanco tumbado en un prado.

Un perro border collie marrón y blanco tumbado en un prado. istock

Mascotario

Manuel Manzano, veterinario: "Si tu perro sufre de ataques epilépticos, mantente cerca de él, para que te vea"

El experto recomienda despejar el área de objetos peligrosos, niños y otros animales para garantizar un entorno seguro y tranquilo durante el episodio.

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Enfrentarse a una convulsión en un perro es un trance duro y perturbador para cualquier tutor. Sin embargo, en el instante en que el cuerpo del animal entra en espasmos, la prioridad deja de ser el pánico y pasa a ser la actuación fría y calculada.

El veterinario Manuel Manzano lo sintetiza de forma directa al dirigirse a los cuidadores: "Es algo práctico pero al mismo tiempo hay que reconocer que es muy desagradable".

A pesar del impacto inicial, mantener el control es la única vía para garantizar que la crisis no derive en lesiones mayores.

La calma y el aislamiento del entorno

La primera norma en este tipo de emergencias no involucra fármacos ni maniobras complejas, sino la propia autorregulación del tutor. Para Manzano, este punto no admite discusión: "Lo primero y principal, obvio y de cajón: mantén la calma. No vas a hacer nada si estás nervioso o nerviosa, fundamental".

La tensión del entorno se transmite de inmediato al perro, por lo que serenar la propia mente es el primer paso para protegerlo.

Acto seguido, la prioridad física es despejar el espacio donde se encuentra el animal. El veterinario aconseja retirar de inmediato a otras mascotas de la estancia —tanto perros como gatos— y, sobre todo, a los niños.

Esto no solo evita un impacto emocional en los menores, sino que impide que otros animales reaccionen con agresividad o entorpezcan la asistencia.

Paralelamente, es indispensable apartar cualquier objeto contra el que el perro pueda impactar involuntariamente durante los espasmos, especialmente muebles bajos o la clásica mesilla de centro del salón con bordes filosos.

Hiperactividad eléctrica

Dado que la mayoría de estas convulsiones están originadas por episodios epilépticos —el escenario más habitual en la clínica diaria—, el sistema nervioso del perro se encuentra en una situación de hiperactividad eléctrica.

Para frenar esa sobrecarga, Manzano recomienda reducir al mínimo la iluminación de la habitación bajando las persianas por completo, evitando así que los ojos del animal reciban destellos que puedan prolongar el ataque.

Durante el episodio, el veterinario sugiere permanecer al lado del perro, vigilando su evolución y aplicando caricias extremadamente suaves, pero sin intentar sujetarlo ni frenar sus movimientos a la fuerza.

Conviene recordar que la inmensa mayoría de las crisis convulsivas son autolimitantes y remitirán espontáneamente en cuestión de pocos minutos.

La desorientación post-ictal

El cese de los espasmos no marca el final del peligro; inicia lo que en medicina veterinaria se conoce como el periodo post-ictal.

En esta etapa, al bajar la intensidad del ataque, es muy común notar que la mascota se encuentra desconcertada, torpe y totalmente aturdida.

Manuel Manzano advierte sobre el error habitual de intentar consolar al animal de forma invasiva en ese momento: "No conviene en estos casos que lo atosigues; simplemente mantente cerca de él, que el perro te vea, pero piensa que va a estar completamente desconcertado".

Debido a esa desorientación extrema, el perro ha perdido la noción del espacio y del tiempo, por lo que una caricia brusca o un abrazo bienintencionado podría ser malinterpretado por la mascota como una agresión.

La mejor pauta es darle espacio y tiempo para que recupere el equilibrio a su ritmo.

Proteger el entorno

La administración de medicamentos durante una crisis debe responder únicamente a un diagnóstico previo o a una situación extrema donde el ataque sea de enorme gravedad.

Si el animal ya padece epilepsia, el tratamiento preventivo habitual suele ser el fenobarbital; si se produce una recaída en un perro diagnosticado, Manzano señala que lo primero que se debe verificar es si se ha saltado alguna de las dosis diarias.

Afrontar una convulsión exige un equilibrio entre la empatía hacia el sufrimiento del animal y la ejecución precisa de medidas de seguridad.

Proteger el entorno, reducir la luz, respetar el proceso de desorientación posterior y aplicar medicación de rescate solo cuando esté estrictamente indicado constituyen el protocolo que todo tutor debe conocer.

Como concluye el doctor Manzano tras repasarlos, estos consejos prácticos son herramientas que todo cuidador debe guardar en la memoria esperando, sinceramente, no tener que utilizarlas nunca.