Perros en un refugio.

Perros en un refugio. GlobalP iStock

Mascotario

El refugio de montañas donde los perros sobreviven a las bombas: "El estrés acústico e invisible mata a los animales"

Detrás de los bombardeos se esconde el drama de miles de perros y gatos abandonados que arrastran el trauma del conflicto en santuarios saturados.

Más información: Confirmado por el Derecho Internacional: si un país entra en guerra se prohíbe atacar al ganado pero no a las mascotas

Publicada
Actualizada

"Lo verdaderamente crudo de los bombardeos, aparte de las explosiones en sí, es el estrés acústico e invisible que destroza a los animales; muchos mueren de paros cardíacos antes de que les toque una sola esquirla", afirma uno de los portavoces de las redes de rescate locales en Líbano.

El país del cedro se encuentra inmerso en una realidad devastadora por el conflicto y, aunque el foco mediático internacional se centra de forma lógica en las cifras de pérdidas humanas, los colectivos de bienestar animal denuncian una tragedia silenciosa.

El abandono masivo y el trauma profundo de miles de mascotas domésticas que se quedan desamparadas cuando sus familias se ven obligadas a huir con lo puesto.

Esa masa de ciudadanos huye de las zonas calientes del sur o de los suburbios de Beirut de forma precipitada.

Muchos intentan llevarse a sus perros o gatos, pero la masificación de los refugios humanos, que prohíben la entrada de animales, empuja a un destino fatal a la inmensa mayoría.

Piensan que quizás alguien los alimentará en las calles vacías, pero la realidad es otra: las bombas caen igual y el hambre aprieta en pueblos fantasma.

El estrés como secuela permanente

Lejos del estrépito de la costa y las grandes urbes, las montañas del Líbano se han convertido en el epicentro de los refugios improvisados.

Activistas independientes y pequeñas ONG locales han levantado santuarios en zonas rurales altas, buscando el único escudo natural posible contra el ruido y la metralla.

"La gente ve las fotos de los rescates en redes sociales y piensa que una vez que el animal llega al refugio de la montaña todo está solucionado, pero el proceso es de una complejidad psicológica tremenda", relata una de las voluntarias de un centro de acogida saturado en el Monte Líbano.

Una vida de hacinamiento y desespero

Todavía existe cierta desconexión social respecto al sufrimiento de estos seres en contextos bélicos.

Los animales llegan sofocados, heridos por cortes de cristales rotos o deshidratados tras pasar trayectos interminables metidos en transportines improvisados o furgonetas de evacuación bajo temperaturas extremas.

Los rescatistas aseguran que se han encontrado casos de felinos y canes que, al abrir los contenedores de rescate, ya han fallecido por golpes de calor o paros respiratorios derivados del pánico absoluto.

En las montañas del Líbano, la geografía no perdona: el invierno es gélido y los recursos escasean debido al bloqueo de carreteras y el desabastecimiento general del país.

Al no dar abasto las instalaciones, se produce otro factor crítico: el hacinamiento propicia la transmisión rápida de enfermedades como el parvovirus o la leucemia felina.

Por el propio susto y las heridas mal curadas, la atención veterinaria de urgencia se dispara en un país cuya economía está completamente colapsada.

La opacidad de las cifras y el olvido institucional

Uno de los grandes muros con los que se topa el sector es la absoluta falta de transparencia y registros oficiales por parte de las autoridades gubernamentales.

No existe una suma total de animales domésticos afectados a nivel nacional, ni tampoco planes de contingencia públicos o ministeriales para la evacuación de protectoras o zoológicos.

Para conocer el impacto real, los activistas tienen que coordinarse barrio por barrio mediante grupos de mensajería instantánea, monitorizando las alertas de bombardeos para entrar a las zonas afectadas justo después de los ataques a recuperar a los supervivientes que vagan desorientados.

Además, el daño colateral se extiende a la fauna de granja y animales de tiro que quedan atados en los campos del sur, muriendo de inanición ante la imposibilidad de que los granjeros regresen a por ellos.

El blindaje burocrático ante la adopción internacional

El principal obstáculo actual para vaciar los refugios de las montañas y darles un futuro real a estas mascotas es el laberinto burocrático enfocado en la exportación de animales.

Las fronteras libanesas están prácticamente cerradas, los vuelos comerciales son limitados y las normativas sanitarias de la Unión Europea y EE. UU. exigen costosas pruebas de anticuerpos de la rabia y periodos de cuarentena de varios meses que son inviables de costear en masa en mitad de una guerra activa.

A pesar de las trabas, las coaliciones y santuarios de las montañas siguen resistiendo y logrando ganar pequeñas batallas, fletando de manera puntual transportes terrestres compartidos hacia países vecinos de Oriente Medio que sirven de puente para un futuro hogar en el extranjero.

"Es tristísimo que la geopolítica humana termine castigando de esta forma tan severa a seres que no entienden de fronteras, de guerras ni de religiones, y cuyo único pecado fue haber sido fieles a familias que no tuvieron otra opción que dejarlos atrás", concluyen desde el refugio de las alturas libanesas.