El veterinario y divulgador, Tomás Palomares, con sus perras adoptadas.

El veterinario y divulgador, Tomás Palomares, con sus perras adoptadas. Nubika

Mascotario

Tomás Palomares, veterinario: "En España se abandonan 800 animales al día; la gente solo aprende cuando hay multas"

El experto señala que las cifras de abandono permanecen estancadas debido a una profunda falta de educación y a una legislación incompleta.

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"Seguimos fallando como sociedad en la tenencia responsable de mascotas. Mientras existan estos fallos, las cifras de abandono seguirán siendo alarmantes", afirma Tomás Palomares, veterinario especialista, divulgador científico y colaborador de Nubika, en una entrevista con Mascotario.

Venimos de años con cifras récord que rondan los 290.000 animales recogidos y, aunque los datos más recientes de 2025 muestran un ligero estancamiento en unos 285.000, no hay una reducción real.

Según el experto, nos falta muchísima educación y seriedad a la hora de aplicar la ley: "Es verdad que las protectoras y asociaciones hacen un trabajo increíble y hay más concienciación, pero la realidad es durísima: se abandonan 33 animales cada hora, unos 800 al día".

Además, precisa que estas son solo las cifras de los animales que se contabilizan, es decir, a los que se les abre ficha en una protectora. No entran en la estadística los que se encuentran ya muertos, los que matan sus propios dueños, ni las cajas llenas de cachorros o gatitos que se tiran a la basura.

Un problema estructural

Todos los años se publican las causas del abandono y siguen siendo las mismas. Los datos reflejan que las principales son las camadas no deseadas (15%), la pérdida de interés por el animal (14%), los cambios de domicilio (12%), el fin de la temporada de caza (10%) y los problemas de comportamiento (10%).

Estos porcentajes no solo reflejan una mala educación, sino un problema estructural que no sabemos sanar. "Me parece tercermundista que en pleno 2026 las camadas no deseadas sigan siendo una de las razones principales", lamenta Palomares.

Desde el punto de vista veterinario, la situación es frustrante: "La castración es una técnica quirúrgica sencilla, segura y de rutina diaria. Que siga habiendo camadas indeseadas es por el simple hecho de que al dueño no le ha dado la gana castrar a su animal".

Por otro lado, Tomás confiesa que le preocupan mucho las excusas de conducta de las personas, como no tener tiempo o no poder llevar a la mascota al nuevo piso. "Renunciar a él por comodidad denota una falta absoluta de empatía y de entendimiento de lo que es una vida animal", añade.

Todavía hay muchas personas que rechazan la idea de que un perro ladra, tiene necesidades reales ajenas a nosotros y requiere educación a nivel comportamental.

Tomás vive muy de cerca estos casos en su clínica y confirma que mucha gente ve al etólogo como un "psicólogo para perros" de forma cómica o como un "sacacuartos". Cuando surgen problemas (ladridos, destrozos), en lugar de acudir a un profesional y dedicar tiempo a solucionar el conflicto, prefieren erradicarlo devolviendo al animal a la protectora.

Redirección de la violencia

Estos porcentajes esconden una falta absoluta de etología previa por parte de los dueños, lo que les lleva a fracasar antes de empezar a convivir con el animal y, en muchos casos no contabilizables, a una dinámica de violencia y de maltrato. "Siguen existiendo casos horribles de ensañamiento y lo más grave es que esa gente convive con nosotros en el día a día".

El veterinario recuerda el caso que, hace poco, se hizo muy mediático en Murcia, donde un hombre mató a la gata de su expareja en plena calle mientras la insultaba como si fuera la mujer. Y pregunta: "Si hace eso con un animal, ¿qué no le habría hecho a ella? La violencia hacia los animales suele ser una redirección de la violencia hacia los seres humanos".

El problema es que a la mayoría de los maltratadores no se les encuentra. Se permite que los animales no estén identificados o carezcan de microchip, lo que genera una sensación de impunidad total. Alguien baña a un perro en alquitrán, lo tira a un pozo y se va a su casa sabiendo que no le va a pasar absolutamente nada.

Según el experto, los padres son responsables de educar a las nuevas generaciones en el respeto a los animales, pero a veces el ejemplo es bochornoso. Tomás cuenta el caso de una señora que abandonó una caja con gatitos recién nacidos en un contenedor de basura.

"¿Qué mensaje le estás dando a tu hija? Le estás enseñando que, ante una irresponsabilidad (no castrar a la gata), la solución es tirar las vidas a la basura. Es fundamental que tanto padres como educadores en los colegios enseñen a convivir con respeto con el resto de especies del planeta".

En este caso concreto, se pudo localizar a la familia ya que, al tirar la caja, incluyeron por error facturas y los deberes escolares de la hija. El abandono con riesgo de muerte se considera una infracción grave con multas que pueden ir de 10.000 a 50.000 euros. A esta mujer se le impuso una de 10.000 euros, pero como colaboró diciendo dónde estaba la gata madre, se la rebajaron a unos 600 euros.

"Esto es ridículo. Sale más barato económicamente pagar la multa de 600 euros que hacerse cargo de los gastos veterinarios y de alimentación de ocho cachorros", denuncia el veterinario. Por desgracia, "la gente solo aprende cuando le duele el bolsillo; si la multa hubiese sido de 10.000 euros íntegros, se lo habrían pensado dos veces".

Una ley incompleta

Para Palomares, la Ley de Bienestar Animal todavía no se ajusta a la realidad. Opina que ha habido un avance importante porque jurídicamente se reconoce a los animales como seres sintientes y se han endurecido las penas. Sin embargo, tiene un error clave: ha dejado fuera a los perros de caza, de trabajo y de rescate. Y esto, afirma, "es una hipocresía".

"Queremos que un perro de rescate nos salve la vida en un derrumbe, pero luego no le damos la misma protección legal". Los datos de las protectoras demuestran que el sector cinegético es uno de los principales focos de abandono y maltrato, especialmente al finalizar la temporada.

"Una ley no puede ser una solución completa si divide a los animales en categorías según el uso que le dé el ser humano". Además, las penas y las multas, como se ha visto en el caso anterior, siguen siendo muy laxas.

El desgaste veterinario

Esta realidad no solo desborda a las protectoras y los refugios —los únicos lugares que realmente se ocupan de los animales desamparados—, sino que la situación ha llegado a desgastar también la trinchera clínica. Casi todos los días los profesionales tienen que gestionar situaciones donde un dueño exige la eutanasia de un animal sano o curable.

"Ser veterinario implica enfrentarse a diario a dilemas éticos brutales. Existe lo que llamamos fatiga por compasión o estrés moral. Nuestra obligación legal y ética es negarnos a la eutanasia si hay posibilidad de curación". El problema, cuenta, llega cuando el dueño le dice de forma directa: "O lo duermes tú, o me lo llevo a mi finca y le pego un tiro" o "Lo paso por debajo de la rueda del coche".

"Ahí entras en un limbo terrible: ¿Qué es mejor para el animal? ¿Cometer una ilegalidad y practicar una eutanasia digna y sin dolor, o dejarlo en manos de un salvaje?". La mayoría de las veces los veterinarios tienen que ejercer de psicólogos. Tomás respira hondo e intenta convencer al dueño modificando presupuestos o alargando plazos para salvar la vida del paciente.

"Este desgaste psicológico, sumado a las condiciones precarias, hace que la profesión esté al límite: de mi promoción de carrera, solo seguimos ejerciendo la clínica dos personas; el resto se ha cambiado de sector".

Sin embargo, frente a este panorama, Tomás no pierde la esperanza. Todos los días se despierta y lucha para que haya un poco de luz en los casos que trata. Según él, la solución definitiva pasa por dos pilares: la educación férrea de las nuevas generaciones y que la ley se cumpla estrictamente.

"Igual que te llega una multa de tráfico de forma inevitable, debe llegar la sanción por maltratar a un animal. No pedimos más, solo que se cumpla de manera digna", respira hondo, y concluye.

"Hace años era impensable ver un caso de maltrato animal en un tribunal y hoy la sociedad alza la voz. Hay un movimiento muy potente de personas concienciadas que consideran a los animales parte de su familia".