Una veterinaria con un perro.

Una veterinaria con un perro. istock

Mascotario

Alba Fernández, veterinaria: "Es importante preguntar al animal si realmente desea el contacto físico antes de invadirlo"

Los autores de 'Tu perro habla' comparten sus ideas sobre la relación entre humanos y perro para tener una buena convivencia.

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En un contexto donde los hogares cuentan cada vez con más miembros de cuatro patas, la relación entre humanos y perros parece estar en su punto más álgido. Sin embargo, el desconocimiento sobre su verdadera naturaleza sigue siendo el principal motor de los problemas de convivencia.

Los educadores caninos Alba Fernández y Víctor Padilla acaban de lanzar una nueva guía que busca, precisamente, tender un puente de comunicación real entre ambas especies. Tu perro habla: aprende a entenderlo (Penguin Random House, 2026) está ya disponible para comprender mejor a los peludos.

A diferencia de su anterior publicación de 2021 —un proyecto muy visual enfocado a los niños—, este nuevo libro profundiza en las etapas esenciales del desarrollo y bienestar canino.

"Hemos profundizando en cada una de las etapas que para nosotros nos parecen imprescindibles para tener una buena convivencia", explica Alba Fernández, veterinaria y educadora canina.

El peligro de la "mala traducción"

Uno de los puntos más críticos que aborda el libro es la incapacidad del ser humano para leer las señales de calma o incomodidad de los perros antes de que la situación escale a un conflicto mayor.

Tendemos a reaccionar solo ante el ladrido o el gruñido, ignorando el lenguaje sutil que ocurre por debajo. "Para nosotros lo más peligroso precisamente es no entender bien esas fases iniciales de la comunicación y dar constantemente el mensaje a los perros de 'tienes que ser más intenso para que yo te entienda'".

Según ella, ahí muchas veces vienen los perros que a veces nos dicen las familias que pasan de cero a cien y no avisan... porque quizá lleva mucho tiempo avisando y no se le ha entendido.

Señales cotidianas como el bostezo, relamerse el hocico, sacudirse o apartar la mirada suelen ser catalogadas erróneamente como sueño, hambre o "besitos". Los autores insisten en la necesidad de "preguntar" al animal si realmente desea el contacto físico antes de invadir su espacio.

Desmontando el mito del "macho alfa"

El adiestramiento tradicional basado en la fuerza y el autoritarismo sigue resonando en algunas conversaciones de parque, pero la ciencia lo dejó atrás hace décadas.

Fernández recuerda que el propio biólogo David Mech, quien acuñó la teoría de la dominancia en los años 70 estudiando lobos en cautividad, se retractó en el año 2000 tras comprobar que en la naturaleza los lobos cooperan en estructuras familiares similares a las humanas.

"Los perros no tienen intención de dominar nada ni a nadie, simplemente tienen unas herramientas X en ese momento y hacen lo que pueden con lo que tienen", aclara la experta.

Lejos de ser un desafío al dueño, los problemas de conducta suelen ser llamadas de auxilio: "La mayor parte de los 'malos comportamientos' son peticiones de ayuda, son una forma de decir 'no tengo herramientas para gestionar esto que tengo delante'".

Humanizar a los animales

El debate sobre la humanización está de actualidad, pero los autores sugieren que la sociedad tiene un concepto equivocado del término. El problema no radica en el afecto o en compartir los espacios de descanso.

Para los autores, "el exceso de amor no existe". Dejar que el perro suba al sofá o duerma en la cama es una elección respetable de cada familia. La humanización real ocurre cuando se ignoran las necesidades biológicas de la especie.

"El problema es cuando no soy consciente de las necesidades reales que tiene mi perro en concreto y no las cubro pensándome que tiene necesidades de un humano", señala Fernández.

La veterinaria puso como ejemplo el error de tratar a un perro de raza pequeña pero con instinto de caza como si fuera un "perro faldero" de bolso, privándolo de su estimulación cognitiva y olfativa.

Problemas de convivencia, no de comportamiento

A la hora de evaluar la reactividad o la ansiedad, el entorno y la rutina juegan un papel determinante. Muchas veces se etiqueta al animal como "problemático" cuando en realidad el entorno le sobrepasa.

"La gran mayoría de las veces más que ser un problema de comportamiento, es un problema de convivencia. Es decir, que ese problema se da por el entorno en el que vivo y la situación que yo tengo", afirma Alba.

No obstante, cada perro llega con su propia "mochila" de experiencias previas, traumas o un destete temprano.

El objetivo del libro —y de su filosofía de trabajo— no es dar recetas mágicas o instrucciones rígidas, sino dotar a las familias de la autonomía necesaria para que entiendan a su compañero de vida.

"Siempre llega un perro que nos dice que no sabemos tanto de animales. Si nos formamos un poquito antes de tener los problemas gordos, podemos hacer las cosas bien desde el principio y evitar muchos dolores de cabeza", concluye Alba.