Una chica con un primate.

Una chica con un primate. Refugio.

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Mascotario

El refugio que rescata animales que no deberían haber vivido en hogares humanos: "No son las mascotas de nadie"

El Refugi el Cau del Bosc visibiliza el drama del mascotismo exótico a través de cinco emotivas historias de superación.

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En los últimos tiempos, tendencias como la apertura de oficinas pet-friendly se han consolidado como estrategias sostenibles que transforman positivamente el ambiente de trabajo y mejoran el bienestar de las personas y sus animales de compañía.

Sin embargo, este creciente amor por los animales a veces cruza una línea roja muy peligrosa: la domesticación de especies salvajes y exóticas.

Confundir el cuidado de un perro o un gato con la tenencia de un animal silvestre en un piso es un error que se paga con el sufrimiento de estos últimos.

Para combatir esta realidad y ofrecer una segunda oportunidad a las víctimas del comercio ilegal y los caprichos humanos, trabaja el Refugi el Cau del Bosc.

Este santuario está formado por un grupo de personas profundamente comprometidas con la defensa animal que, con dedicación, cariño y constancia, trabajan cada día para garantizar a los animales una vida digna y respetuosa.

A través de sus vivencias, conocemos a cinco de sus habitantes que demuestran por qué la fauna salvaje nunca debe vivir en un hogar humano.

Loki: 14 años de oscuridad bajo una escalera

Un coatí.

Un coatí.

Loki es un coatí que pasó catorce años de su vida encerrado en el hueco de una escalera.

Cuando la policía intervino la vivienda donde se encontraba de forma ilegal, descubrieron que este el animal jamás había conocido la naturaleza ni había interactuado con otros miembros de su propia especie.

Hoy en día, su realidad es muy diferente: el refugio le ha proporcionado un espacio naturalizado de 40 metros cuadrados equipado con rampas, estructuras para trepar y una caseta llena de mantas donde por fin puede ser él mismo.

Nessie: la injusta etiqueta de la "nutria agresiva"

Una nutria.

Una nutria.

Las nutrias requieren hábitats acuáticos complejos y una estimulación constante.

Nessie vivía en unas condiciones deplorables que no cubrían en absoluto sus necesidades biológicas, lo que le provocó un nivel de estrés tan alto que llegó a mandar a varias personas al hospital debido a sus mordeduras.

Tras su rescate, Nessie comparte su espacio con otra nutria llamada Nilo y varios gatos, interactúa pacíficamente con sus cuidadores y jamás ha vuelto a atacar a nadie.

Queda demostrado que el problema nunca fue Nessie, sino el cautiverio.

Eko: un zorro no es un perro

Un zorro.

Un zorro.

Eko sufrió el empeño de sus antiguos dueños por tratarlo como si fuera un perro doméstico, manteniéndolo encerrado en una jaula dentro de un piso.

Su instinto indomable le llevó a escaparse en dos ocasiones, siendo recuperado por sus propietarios.

A la tercera vez que logró escapar, simplemente lo abandonaron a su suerte en la naturaleza, donde un zorro criado en cautividad no sabe sobrevivir.

Actualmente, Eko ha recuperado su dignidad y ejerce con éxito como el líder de un grupo de tres zorros no liberables en el santuario.

Kenia: una líder que fue sometida

Un suricato.

Un suricato.

Kenia fue decomisada por las autoridades en el mismo caso policial que Loki, Congo y Timoma.

Debido a los años de cautiverio, está muy improntada con los seres humanos, lo que la convierte en un suricato delicado que puede morder y hacer mucho daño si se siente amenazada.

Sin embargo, en el refugio entendieron su verdadera esencia: hoy en día lidera su propio grupo familiar dentro del santuario. Kenia nació para ser una matriarca libre, no la mascota de nadie.

Castaña: la víctima de una moda pasada

Un erizo pigmeo africano.

Un erizo pigmeo africano.

Castaña apareció abandonada dentro de una caja de cartón junto a otra compañera de su misma especie.

El erizo pigmeo africano se volvió sumamente popular como mascota exótica hace unos años, pero las modas pasan y, con ellas, el interés de los compradores, lo que derivó en una ola de abandonos.

Hoy, Castaña vive una vida tranquila, segura y sin que nadie la moleste en el refugio junto a otras tres erizas.

El Refugi el Cau del Bosc es una asociación sin ánimo de lucro que no percibe ningún tipo de ayuda ni subvención del Estado.

Para poder mantener estas instalaciones, alimentar a los animales y asegurar sus tratamientos médicos, la ayuda ciudadana es completamente imprescindible.

El amor verdadero por los animales debe traducirse en respeto y libertad.

Proteger a la fauna silvestre empieza por comprender que su hogar no es un salón, sino su hábitat natural, y que apoyar a organizaciones como el Refugi el Cau del Bosc es el paso necesario para reparar, en la medida de lo posible, el daño causado por el mascotismo.