Un perro sonriente.

Un perro sonriente.

Mascotario

Los educadores coinciden: si un perro se lame el muso o el hocico te está diciendo que no quiere que lo acaricies

Antonio Puccio explica las señales de calma de los perros, un mecanismo para autorregularse en situaciones de estrés.

Más información: Los veterinarios coinciden: el temblor involuntario de tu perro puede ser la primera señal de dolores graves

Publicada

Existe un mito tan extendido como peligroso en nuestra convivencia con los animales: la creencia de que si un perro se queda quieto mientras lo acariciamos, es porque está disfrutando el momento.

"Si se deja tocar, entonces le gusta", solemos pensar de forma automática. Sin embargo, la realidad de la psicología canina es muy distinta.

Los perros se comunican continuamente y, a menudo, nos dicen con total claridad que se sienten incómodos, aunque nosotros no sepamos leer las señales.

El educador canino Antonio Puccio insiste en la importancia de romper con este sesgo antropomórfico. "Muchos propietarios malinterpretan la sumisión o la indefensión aprendida con el placer", explica Puccio.

"Que un perro no se retire ni gruña no significa que dé su consentimiento. A veces, simplemente está aguantando la situación porque no ve otra salida, lo cual genera un estrés silencioso que puede pasarle factura a largo plazo".

El "por favor" del lenguaje canino

Para evitar malentendidos, es vital aprender a identificar lo que los etólogos llaman "señales de calma". Son sutiles mecanismos corporales que los perros utilizan para autotranquilizarse, pedir espacio y rebajar la tensión del entorno.

Como indica el experto, algunas de las señales críticas que debemos observar son:

  • Se lame el muso o el hocico: Un gesto rápido, casi imperceptible, que suele aparecer cuando invadimos su espacio personal.
  • Bosteza repetidamente: No es síntoma de sueño; en un contexto de interacción, el bostezo es un claro indicador de estrés y ansiedad.
  • Se muerde la cola: Aunque a veces se asocia al juego, cuando se repite de forma compulsiva suele ser una válvula de escape ante la frustración o el agobio.
  • Mantiene las orejas hacia atrás: Acompañado a menudo de una mirada esquiva, muestra desconfianza o sumisión por miedo.

En otras palabras, cuando un perro despliega estos comportamientos mientras lo abrazamos, lo tocamos o lo forzamos a interactuar con un desconocido, nos está diciendo un mensaje muy claro: "Por favor, dame espacio".

La escalera de la comunicación

El peligro de no hacer caso a estos pequeños gestos es que obligamos al animal a "subir el volumen" de su protesta. "El lenguaje canino funciona como una escalera", advierte Antonio Puccio.

"Si el perro utiliza las señales de calma (los peldaños más bajos) y el humano las ignora, el animal se ve obligado a recurrir a señales más drásticas, como el gruñido, el marcaje o, en última instancia, la mordida".

Puccio enfatiza que el perro nunca muerde "de la nada". Cuando ocurre un incidente, casi siempre se debe a que el humano ha pasado por alto decenas de advertencias previas.

"Castigar a un perro por gruñir es un error gravísimo, porque le quitas su última herramienta de aviso. Si aprende que avisar no sirve de nada, la próxima vez morderá directamente", concluye el educador.

El respeto como la mayor muestra de afecto

Aprender a descifrar este mapa de comunicación no solo previene accidentes, sino que transforma por completo el vínculo que tenemos con ellos. Los perros agradecen profundamente que se respete su autonomía y sus momentos de intimidad.

Aprender a leer y respetar estas señales es, sin duda, una de las mayores formas de amor y respeto que podemos dar a nuestros perros. Porque quererlos no significa colmarlos de abrazos cuando a nosotros nos apetezca, sino ser capaces de darles un paso atrás cuando ellos nos lo están pidiendo a gritos en su propio idioma.