Gatos en la calle.

Gatos en la calle. istock

Mascotario

Uruguay marca las normas: una nueva ley propone enterrar a los dueños junto con sus perros y gatos en los cementerios

Para autorizar la sepultura conjunta, se exigirá de manera obligatoria una manifestación expresa de la última voluntad del fallecido.

Más información: España da un paso histórico: llega la solución definitiva para encontrar a los animales perdidos en minutos

Publicada

La evolución del concepto de familia en las sociedades contemporáneas ha comenzado a derribar las barreras legales más tradicionales, llegando incluso a redefinir los ritos funerarios.

En Uruguay, un innovador proyecto de ley presentado por el diputado Felipe Schipani propone autorizar la sepultura conjunta entre personas y sus animales de compañía en los cementerios del país.

La iniciativa, que busca regular y reconocer legalmente el profundo vínculo afectivo que une a los humanos con sus perros o gatos, ha abierto un intenso debate sobre los derechos emocionales y el destino final de los miembros no humanos del hogar.

Hasta la fecha, la normativa uruguaya prohíbe de forma estricta el entierro de restos animales en necrópolis humanas debido a ordenamientos históricos y consideraciones sanitarias del siglo pasado.

El nuevo texto legislativo pretende modificar la Ley Orgánica de los Municipios, otorgando a los gobiernos locales la potestad de gestionar esta excepción, respondiendo así a una demanda social creciente que considera a las mascotas como parte integral del núcleo familiar.

Dos modalidades bajo un estricto control sanitario

Para garantizar la viabilidad del proyecto y evitar objeciones de salud pública, la propuesta establece directrices técnicas muy precisas. La condición indispensable para que un animal pueda descansar junto a su cuidador es que sus restos hayan pasado obligatoriamente por un proceso de incineración previa.

El texto excluye por completo la posibilidad de sepultar cuerpos de animales de forma tradicional en estos espacios. Una vez obtenidas las cenizas de la mascota, el proyecto contempla dos formas de proceder.

La primera opción permite incorporar la urna con las cenizas del animal dentro del mismo féretro o sepultura del humano en el momento del entierro. La segunda modalidad ofrece la alternativa de disponer los restos cenizosos en un compartimento anexo o nicho separado, pero siempre dentro de la misma propiedad funeraria o panteón familiar.

El consentimiento y la acreditación del vínculo

El engranaje legal de la ley también ha previsto salvaguardas para evitar conflictos familiares o disputas hereditarias respecto al uso de las tumbas.

Para autorizar la sepultura conjunta, se exigirá de manera obligatoria una manifestación expresa de la última voluntad del fallecido, ya sea mediante un testamento formal o un documento firmado en vida.

En caso de que el deceso ocurra de forma imprevista sin dejar constancia escrita, la ley requerirá la solicitud unánime y el consentimiento de los familiares directos.

Asimismo, el proceso administrativo exigirá la presentación de los registros veterinarios y la documentación oficial del animal que acredite tanto la titularidad por parte del difunto como el cumplimiento de las normativas sanitarias vigentes durante la vida de la mascota. Con esto se busca certificar que existía una convivencia real y un lazo afectivo legítimo antes del fallecimiento.

Una respuesta a las familias multiespecie

Los fundamentos que sostienen esta iniciativa no solo son legales, sino profundamente sociológicos y psicológicos. El impulsor de la ley argumenta que las llamadas "familias multiespecie" son una realidad consolidada y que el derecho debe adaptarse a los sentimientos humanos.

Además, el proyecto busca dignificar el duelo por la pérdida de un animal, un proceso a menudo invisibilizado, y acabar con las prácticas clandestinas de personas que introducen en secreto las cenizas de sus mascotas en los ataúdes de sus seres queridos ante la falta de alternativas legales.

Uruguay se sitúa así a la vanguardia de esta materia en América Latina, alineándose con una tendencia que ya cuenta con precedentes en el hemisferio norte.

En Estados Unidos, estados como Nueva York ya permiten que las cenizas de animales domésticos descansen en cementerios residenciales humanos.

Por su parte, Alemania e Italia disponen desde hace años de los denominados cementerios familiares para humanos y animales (Mensch-Tier-Friedhof), espacios diseñados exclusivamente para que el último adiós no suponga una separación definitiva de los compañeros de vida de cuatro patas.