Un perro.

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Mascotario

España marca las normas: una nueva propuesta quiere obligar a registrar el ADN de todos los perros con muestras de saliva

Esta nueva medida pretende identificar de forma inequívoca el origen de un perro abandonado, sancionar a los dueños que no recogen los excrementos e impedir maltratos.

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Angelica Rimini
Publicada

Las calles de nuestras ciudades se enfrentan a un cambio tecnológico definitivo en la lucha por la limpieza y la convivencia vecinal.

Diversas comunidades autónomas y municipios en España están impulsando nuevas propuestas de leyes y normativas locales para hacer obligatorio el registro de ADN de todos los perros. No es una ley penal, sino una normativa de orden público y convivencia.

Esta medida, que complementa al tradicional microchip, busca crear un banco de datos genéticos unificado que permita cruzar la información de las mascotas con las cacas abandonadas en la vía pública, localizando y sancionando directamente a los propietarios incívicos.

Hasta ahora, la implantación de este sistema genético dependía exclusivamente de la voluntad de cada ayuntamiento, lo que generaba un mapa legislativo caótico donde un dueño podía ser multado en un municipio pero quedar impune si paseaba por la localidad colindante.

Un infalible documento de identidad

Las nuevas propuestas autonómicas pretenden unificar los criterios y obligar por ley a todos los propietarios a acudir a su veterinario para extraer una muestra de saliva o sangre de su perro. Este perfil genético se asocia de forma única a la ficha del animal en el registro oficial, convirtiendo la huella biológica en un infalible "documento de identidad" que acompaña al can durante toda su vida.

Mientras la Ley de Bienestar Animal se centra en la protección y los derechos del animal, el Censo Genético, popularmente conocido como "DNI genético para perros", está impulsado por el poder municipal con un enfoque puramente de convivencia, limpieza urbana y civismo.

La gran mayoría de ayuntamientos y comunidades que implantan este sistema en España lo hacen contratando a una empresa tecnológica pionera y especializada que patentó el software de gestión. El sistema informático y las placas que llevan los perros en el collar suelen llevar la marca ADN Canino o CanID.

Un sistema de protección

El procedimiento sancionador es tan innovador como disuasorio. Los servicios de limpieza o agentes de la autoridad local recogen las muestras de los excrementos abandonados en la calle bajo un estricto protocolo de custodia para enviarlas a laboratorios homologados.

Una vez obtenido el mapa genético de la muestra, el sistema lo coteja con el registro autonómico y, si hay una coincidencia, se tramita de forma automática la correspondiente denuncia administrativa. Al eliminarse la necesidad de pillar al infractor "con las manos en la masa", la eficacia de las multas se multiplica de manera exponencial.

Más allá del evidente impacto en la limpieza urbana, los defensores de esta unificación normativa argumentan que el registro de ADN aporta grandes ventajas en materia de bienestar animal. Este sistema permite identificar de forma inequívoca el origen de un perro abandonado al que se le haya arrancado el microchip de forma cruel, impidiendo que los maltratadores eludan la acción de la justicia.

También sirve para esclarecer la autoría en casos de ataques a otros animales o personas, o para demostrar la propiedad real de un perro en situaciones de robo o disputa legal.

El debate

Por supuesto, las iniciativas no están exentas de debate, especialmente en lo relativo al coste inicial de la prueba que, por el momento, suele recaer en el bolsillo de los ciudadanos, y a la complejidad técnica que exige coordinar los laboratorios.

Sin embargo, el éxito de las experiencias piloto en las ciudades que ya lo aplican, donde las deyecciones en las calles se han reducido hasta en un ochenta por ciento en pocos meses, está acelerando la tramitación de estas leyes.

España camina con paso firme hacia un modelo donde la responsabilidad de tener un perro ya no se puede camuflar en el anonimato de la noche, consolidando el civismo como un requisito obligatorio para disfrutar de la compañía canina.