Las croquetas dentro de la fábrica.

Las croquetas dentro de la fábrica. Royal Canin

Mascotario

Un viaje al laboratorio de la fábrica francesa que produce más de 169,500 toneladas de croquetas para mascotas

El corazón de esta marca de alimentación de mascotas está en Aimargues dónde reside el campus rodeados de viñedos y vegetación mediterránea.

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En medio del vasto campo de la periferia de Montpellier, en el sur de Francia, se erige una torre blanca que emite humo. El olor fuerte a croqueta te invade y, si escuchas atentamente, puedes notar el ladrido de los perros corriendo. Se trata de la fábrica de Royal Canin, compañía francesa de alimentos para gatos y perros.

Fundada en 1967 por el veterinario Jean Cathary, la empresa está presente en más de 90 países de todo el mundo. Sin embargo, sus oficinas centrales están en Aimargues, y allí al lado el destino de nuestro viaje.

Como en la fábrica de chocolate, no todo el mundo puede acceder a las instalaciones dónde se fábrica el producto. Para esta ocasión especial, Royal Canin España ofreció una oportunidad en exclusiva para Mascotario para acceder al corazón de la marca y profundizar en el proceso de innovación.

Junto con compañeros provenientes de otros países extranjeros, llegamos a la fábrica. El campus incluye la sede central, un Centro de Mascotas (Pet Center), una fábrica y un laboratorio, rodeados de viñedos y vegetación mediterránea.

Allí fabrican más de 100 productos de referencia cada día. De hecho, según sus últimos datos en 2023 se produjeron 169,500 toneladas de croquetas, generando más de 250 puestos de trabajo.

Las tres 'Ps'

Ofrecen alimentos para todas las etapas y necesidades de la vida de perros y gatos. Sin embargo, entienden que para que las mascotas estén bien, el entorno y el planeta también deben estarlo. Por ello, trabajan la sostenibilidad bajo la política del grupo Mars basada en tres pilares o "Tres Ps": Planet (Planeta), People (Personas) y Pets (Mascotas).

Se enfocan en la trazabilidad de las materias primas, buscando proveedores de cercanía y priorizando los nutrientes por encima de los ingredientes. Además, apuestan por energías renovables en las fábricas y la reducción de plásticos en los envases.

A nivel de oficinas, los llamados "Green Teams" promueven acciones cotidianas como eliminar los plásticos de un solo uso, usar sensores de luz y consumir productos locales para reducir la huella de carbono.

La fábrica de Royal Canin vista desde lo alto.

La fábrica de Royal Canin vista desde lo alto. Royal Canin

La prioridad es el bienestar animal. Trabajan estrechamente con refugios y criadores para promover estándares de cría responsables y evitar las crías extremas. Hacen un gran énfasis en la medicina preventiva, combatiendo problemas actuales como la obesidad, que afecta a más del 50% de perros y gatos debido a que los humanos tendemos a sobrealimentarlos. También destacan el desafío con los gatos, ya que por naturaleza esconden sus síntomas de debilidad y los dueños suelen llevarlos al veterinario cuando ya es muy tarde.

Con la Fundación Royal Canin, buscan devolver valor a la sociedad colaborando con asociaciones (como Pata de Azúcar o Yaracán) que utilizan perros de asistencia para niños con autismo o en hospitales. A nivel corporativo, la empresa otorga a sus empleados dos días al año de voluntariado en horario laboral.

A través del Mars Ambassador Program, los empleados pueden postularse para ayudar en proyectos globales, como el rescate de animales en Puerto Rico, o locales, como la asistencia durante la DANA. También auditan a sus proveedores de materias primas para garantizar el respeto a los derechos humanos y un salario justo.

La empresa prioriza estrictamente lo que dicta la ciencia sobre lo que exigen las modas del mercado. Cerca del 50% de la plantilla en España está compuesta por veterinarios, y el equipo de formulación incluye a diplomados europeos y doctores en nutrición animal. Esto les permite estar en constante interacción con sociedades científicas para aplicar las últimas innovaciones nutricionales.

Las zonas amarillas, rojas y azules

Para reducir el riesgo de contaminación, las fábricas de Royal Canin se organizan en tres zonas distintas: roja, amarilla y azul. Las primeras son áreas calificadas como de alto riesgo de contaminación, donde almacenan las materias primas.

Las amarillas son las áreas de procesamiento donde se lleva a cabo la extrusión. El riesgo en esta zona transita de alto a bajo, dependiendo de la etapa de procesamiento en la que se encuentre el producto.

La estatua del veterinario Jean Cathary, fundador de la compañía, junto con su perro.

La estatua del veterinario Jean Cathary, fundador de la compañía, junto con su perro. Royal Canin

Por último, las áreas azules son de bajo riesgo de contaminación, posteriores al proceso de extrusión. Además, existen varios Puntos Críticos de Control (CCP) y un Programa de Prerrequisitos Operativos (oPRP) para prevenir o eliminar cualquier peligro significativo para la seguridad alimentaria, o reducirlo a un nivel aceptable.

Royal Canin tiene casi 60 años de historia y fue pionera en crear alimentos específicos según el tamaño y la raza del perro. A nivel de producción, destacan por su riguroso control, realizando más de 500.000 análisis de calidad al año entre materias primas y productos terminados para evitar cualquier problema de salud en los animales.

Después de protegernos enteramente con tutas y cascos apósitos para no contaminar, entramos con una guía en el laboratorio. Para adentrarte y observar desde dentro los puestos, es fundamental desinfectar las manos y los zapatos y utilizar tapones para los oídos, debido al ruido extremo de las máquinas.

El laboratorio utiliza tecnología de vanguardia. En particular, emplean un texturómetro que imita los dientes de gatos y perros según su edad, tamaño y raza: mide la fuerza necesaria para romper la croqueta y la distancia de penetración, lo cual es útil para la acción de higiene dental.

Además, todas las materias primas se analizan rigurosamente antes de ser descargadas en la planta y solo se utilizan si cumplen con estrictas especificaciones. Todo lo que entra en las instalaciones se somete a un control.

Una de sus grandes innovaciones es que la fórmula se basa en el perfil de aminoácidos (proteínas concretas) y no en el ingrediente en sí. Esto significa que, dependiendo de la fábrica en el mundo, pueden usar diferentes ingredientes locales, como la soja en Japón o una planta distinta en Europa, para obtener exactamente la misma proteína.

Las 6 etapas de la croqueta

En la planta baja, donde residen todas las maquinas, nos explican que el proceso de fabricación se divide en 6 etapas bien definidas: recepción y análisis de materias primas, dosificación y molienda, extrusión, secado, recubrimiento (coating) y, finalmente, envasado.

Aquí cada maquinarias realiza un trabajo distinto: desde la mezcla de las materias primas hasta el envasado, siempre con supervisión de por lo menos dos trabajadores. Dentro de la misma planta existe un área dedicada al control de calidad.

Las croquetas dentro de la fábrica.

Las croquetas dentro de la fábrica. Royal Canin

Allí se toman muestras de cada croqueta, se tritura, se homogeneiza y se muele para sus análisis. Una vez aprobada por el laboratorio, el software libera la "llave" (sistema de calidad Poka Yoke a prueba de errores).

Cuando el producto está acabado, chequean en varias ocasiones que no haya residuos metálicos ni de otros materiales y para cada envío conservan muestras durante dos años para asegurar su calidad.

Las materias primas se escanean con una máquina de infrarrojo cercano (NIR) y los resultados se comparan con una base de datos global. Cualquier desviación provoca el rechazo automático.

Royal Canin cuenta con otras 11 fábricas de alimento seco, 2 de alimento húmedo y 2 de empaque en el mundo. Todas aplican el mismo proceso industrial preciso y las mismas herramientas para asegurar que las croquetas sean idénticas en cualquier lugar.

El campus y la fábrica funcionan al 100% con electricidad renovable (hidroeléctrica) y generan unos 70,000 kW anuales mediante paneles solares. Además, cuentan con colmenas y hoteles de insectos para preservar la biodiversidad local.

Desde 2015, las fábricas son "cero residuos a vertedero": todo se recicla, se composta o se utiliza para recuperación energética (metanización). El objetivo principal de la compañía es hacer un mundo mejor para las mascotas.