Izah y Niala.

Izah y Niala. Cedida por la autora

Mascotario

Izah, cantante y compositora española: "Mi perra Niala fue un apoyo en un momento de gran vulnerabilidad"

La artista Isabel Hernández-Bronchud cuenta su vínculo con su perra y cómo se ha convertido en su punto de referencia, su lugar seguro en un mundo frenético.

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"Ella es Niala; la llamamos así en honor a las gacelas saltarinas sudafricanas", explica Isabel Hernández-Bronchud, conocida artísticamente como Izah, en una entrevista exclusiva con Mascotario.

A pesar de sus ocho años, esta Dóberman desafía el paso del tiempo con una energía inagotable. "Sigue jugando, escarbando y corriendo con la misma vitalidad que cuando era apenas una cachorra", añade la artista con una sonrisa.

Para la cantante y compositora española —de profundas raíces andaluzas y aragonesas—, Niala no es solo una compañera, es un pilar emocional. Su amor por ella es tan visceral que incluso en los momentos más determinantes de su vida, Niala estuvo presente en su pensamiento.

Mientras Izah se encontraba en el hospital en pleno proceso de dilatación para dar a luz a su hijo, Gio, su mayor consuelo fue buscar el refugio en lo digital: pidió acariciar su pantalla, perdiéndose en las fotos y vídeos de su perra para encontrar la calma necesaria.

Más que una mascota, un espejo del alma

Niala es su punto de referencia, su lugar seguro en un mundo frenético. "Si pudiera hablar, estoy segura de que diría que cocino rico", bromea Izah. Aunque la conexión fue instantánea desde el primer día, hubo un punto de inflexión que cambió para siempre la percepción que tenía de ella.

"Hubo un momento clave: cuando estaba embarazada y ella me daba besitos en la barriga. Ahí pensé: 'Vale, aquí alguien está entendiendo mucho más de lo que parece'". A partir de entonces, dejó de verla como una mascota para entenderla como un ser espiritual.

Niala.

Niala. Cedida por la autora

Izah describe a Niala como una perra extremadamente cariñosa que posee una habilidad casi mística: "Transmuta mi energía como si fuera una chamana", confiesa, reconociendo que su perra logra equilibrar sus emociones de una forma que nadie más ha conseguido igualar.

Convivencia, "telepatía" y aprendizaje

La vida de ambas es una coreografía de rutinas compartidas y complicidades silenciosas. Comparten cada detalle del día, incluyendo esas pequeñas travesuras que, aunque a veces resultan algo embarazosas, Izah termina adorando. "Se mete en las piscinas aunque sepa que no debe. Le apasiona el agua", comenta entre risas.

La comunicación entre ellas ha llegado a un nivel de sofisticación que roza lo extrasensorial. Se entienden con una simple mirada o un gesto imperceptible que sirve de invitación para el momento favorito de Niala: "Es casi telepatía. Tenemos una señal mínima que significa 'ok, puedes subir a la cama'".

Pero más allá del juego y la compañía, Niala ha sido una maestra de vida para la artista. A través de ella, Izah descubrió una faceta protectora que luego florecería con el nacimiento de Gio. Aprendió a observar el mundo con paciencia y sin juicios.

Durante la etapa de lactancia, la presencia silenciosa de la Dóberman fue su tabla de salvación. "Estuvo siempre conmigo, acompañándome de cerca; fue un apoyo fundamental en un momento de gran vulnerabilidad".

El equilibrio entre el instinto y la devoción

Como en toda relación profunda, existen desafíos. Izah reconoce que la intensidad de Niala a veces la supera, especialmente cuando aflora su temperamento "alfa" y gruñe reclamando atención o cuando su exceso de energía se vuelve difícil de gestionar.

Sin embargo, cualquier sombra desaparece al llegar la noche. Cuando Niala finalmente se acurruca en la cama, la observa con una devoción absoluta. Es un vínculo circular y perfecto donde los roles se desdibujan: "Me mira como si yo fuera su madre... y, al mismo tiempo, como si fuera su hija".