Un perrito durmiendo en la calle.

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Mascotario

España endurece las normas: aumentan los procedimientos judiciales relacionados con abandono de animales

La gestión pericial de las acciones de maltrato animal debe gestionarse desde un enfoque pericial veterinario.

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María Fernández Álvarez
Publicada

La protección animal ha dejado de ser una cuestión periférica para convertirse en una materia social, jurídica y política de primer orden.

En España se ha producido en los últimos años un cambio profundo en la forma de entender la relación con los animales, y esa transformación ya no se manifiesta solo en la sensibilidad ciudadana y en el debate público, sino también, de manera cada vez más visible, en los cambios normativos que actualmente son aplicados por los tribunales.

Hoy son más frecuentes los procedimientos judiciales relacionados con presunto maltrato, abandono, negligencia en el cuidado, responsabilidad profesional veterinaria o valoración del daño ocasionado a un animal.

Sin embargo, entre la denuncia inicial y la resolución judicial existe un terreno decisivo que no puede ser ocupado por meras impresiones, intuiciones o reacciones emocionales.

Hechos objetivos y evidencias

En el ámbito de la justicia no basta con sospechar, ni siquiera con creer que algo ha sucedido pues es imprescindible acreditarlo fundamentándolo en hechos objetivos o evidencias; y precisamente en ese punto adquiere una relevancia esencial la figura del perito veterinario.

La gestión pericial de las acciones de maltrato animal debe gestionarse desde un enfoque pericial veterinario. Su intervención resulta determinante porque introduce ciencia, método y objetividad allí donde existen versiones contradictorias, hechos incompletos o interpretaciones enfrentadas.

En los asuntos que afectan a animales, la dificultad no consiste únicamente en averiguar qué ocurrió, sino en establecer con el mayor rigor posible cómo sucedió, cuándo pudo producirse, qué consecuencias generó y si existe una relación causal objetiva entre una conducta determinada y el daño finalmente observado.

Criterios técnicos verificables

Ese análisis no puede descansar en apreciaciones subjetivas, sino en criterios técnicos verificables. El juez conoce el Derecho y debe valorarlo, pero no tiene por qué disponer de los conocimientos científicos necesarios para interpretar adecuadamente cuestiones clínicas, patológicas, zootécnicas o de bienestar animal.

No le corresponde saber, por ejemplo, si unas lesiones son compatibles con una caída accidental o apuntan más bien a una agresión de etiología traumática incluida dentro del grupo de lesiones no accidentales propias del maltrato animal.

Si un determinado cuadro clínico responde a una evolución natural, a una omisión de cuidados o a una intervención deficiente; si existió sufrimiento evitable; o si una actuación veterinaria se ajustó, o no, a las exigencias de la lex artis ad hoc.

Esa frontera entre el hecho bruto y su verdadero significado facultativo solo puede ser aclarada mediante una lectura especializada proporcionada por el perito veterinario.

Interpretar los datos

La función pericial, por tanto, no se limita a describir lesiones o resumir antecedentes clínicos. Su auténtico valor reside en interpretar los datos con rigor científico, contextualizarlos y traducirlos a un lenguaje comprensible para el proceso judicial.

El perito veterinario a través de un complejo proceso de investigación forense analiza documentación, explora hallazgos, evalúa mecanismos lesionales, estima tiempos de evolución, pondera niveles de sufrimiento, examina la adecuación de las actuaciones realizadas y, en su caso, valora la existencia de daño, secuelas o nexo causal.

Su informe no sustituye al juez, pero le ofrece una base técnica imprescindible para que pueda decidir con fundamento. Además, en el transcurso de una hipotética vista oral, el perito veterinario ayudará y auxiliará al tribunal en todas aquellas dudas que se le puedan presentar.

La credibilidad del perito veterinario nace, ante todo, de su conocimiento e independencia técnica. No está llamado a defender emociones, intereses particulares ni relatos preconcebidos, sino a sostener conclusiones objetivas, motivadas y científicamente defendibles.

Esa misma solvencia exige también reconocer los límites del conocimiento disponible cuando existan. Porque un buen perito no solo convence por lo que afirma, sino también por la prudencia con la que delimita aquello que no puede asegurarse con certeza.

En sede judicial, esa honestidad metodológica es, muchas veces, una de las mayores garantías de fiabilidad. En un contexto real y eficiente en el que la protección animal ocupa un lugar cada vez más relevante en nuestra sociedad, la pericia veterinaria se consolida como una herramienta imprescindible.