Un grupo de lobos.

Un grupo de lobos. Istock

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Ni en la Edad de Piedra ni en la de los Metales: un nuevo estudio confirma que la domesticación de perros fue hace 16.000 años

Los científicos confirman un nuevo estudio sobre cuándo los perros empezaron a formar parte de las comunidades humanas creando un vínculo.

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Un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Nature ha revelado la evidencia genética más antigua de perros domésticos. Gracias al análisis de ADN antiguo, un equipo internacional de científicos ha identificado restos de perros que vivieron hace entre 14.000 y 16.000 años en yacimientos arqueológicos del Reino Unido y Turquía, mucho antes de la aparición de la agricultura.

El descubrimiento, liderado por investigadores del Museo de Historia Natural de Londres, la Universidad de Múnich y la Universidad de Oxford, cambia nuestra comprensión sobre cuándo y cómo surgieron los primeros perros.

Hasta ahora, se pensaba que la domesticación ocurrió más tarde, cuando los humanos ya eran agricultores, pero este estudio sitúa el vínculo entre personas y canes al final de la última Edad de Hielo, cuando todos éramos cazadores-recolectores.

ADN que habla del pasado

Los científicos analizaron genomas completos extraídos de restos hallados en la Cueva de Gough, en el suroeste de Inglaterra, y en Pınarbaşı, en el centro de Turquía. Al compararlos con más de mil muestras de lobos y perros antiguos y modernos, confirmaron que se trataba de auténticos perros domésticos.

"El hallazgo supone un cambio de paradigma", explica el doctor William Marsh, del Museo de Historia Natural. "Demuestra que los perros ya estaban ampliamente distribuidos por Europa y Asia Menor hace al menos 14.000 años".

Estos perros antiguos estaban genéticamente más emparentados con los antepasados de razas como el bóxer o el saluki que con razas árticas como el husky siberiano. Es decir, las grandes líneas de perros modernos ya existían en el Paleolítico Superior.

Compañeros de caza y de espíritu

Aunque no está del todo claro qué papel desempeñaban estos primeros perros, las evidencias apuntan a que fueron mucho más que simples animales útiles.

En el yacimiento turco de Pınarbaşı se hallaron restos que muestran que los humanos alimentaban a los perros con pescado y los enterraban de forma intencionada. Esto sugiere una relación emocional y simbólica, similar a la que mantenemos hoy con nuestras mascotas.

Artistic reconstruction of Pınarbaşı c. 15,800 years ago based on evidence from archaeological excavations by University of Liverpool.

Artistic reconstruction of Pınarbaşı c. 15,800 years ago based on evidence from archaeological excavations by University of Liverpool. Kathryn Killackey

En la Cueva de Gough, algunos huesos presentaban marcas de manipulación humana, lo que podría indicar un significado ritual. En cualquier caso, los investigadores creen que estos animales ya formaban parte de las comunidades humanas, viajaban con ellas y eran valorados por su compañía y sus habilidades durante la caza.

Una historia compartida

El profesor Greger Larson, de la Universidad de Oxford, añade: "Lo sorprendente es ver lo parecidos que eran genéticamente estos perros, a pesar de encontrarse a miles de kilómetros de distancia. Esto sugiere que los primeros perros fueron un verdadero punto de inflexión y se extendieron rápidamente por toda Europa".

Para los científicos, este descubrimiento no solo amplía la historia de los perros, sino que muestra cómo la colaboración entre especies cambió el rumbo de la humanidad. "El vínculo humano-perro fue una revolución silenciosa", asegura la doctora Silvia Bello, también del Museo de Historia Natural. "Transformó la forma de vivir, cazar y relacionarse con el entorno".

Del Paleolítico a nuestro sofá

El estudio también aporta un toque emotivo. La mandíbula del perro hallado en la Cueva de Gough, el más antiguo identificado en el Reino Unido, fue descubierta hace casi un siglo y donada al museo por el quinto marqués de Bath.

Hoy, su historia se vuelve a contar gracias a las nuevas técnicas genéticas, permitiéndonos entender un poco más la profundidad del lazo que nos une a nuestros perros.

Como resume la investigadora Sophy Charlton, de la Universidad de York: "Trabajando con simples fragmentos de hueso, estamos redescubriendo una historia compartida que comenzó hace más de quince mil años y que sigue viva en cada perro que nos acompaña hoy".