Una gata pequeña.

Una gata pequeña.

Mascotario

La Ley del Bienestar Animal lo confirma: está prohibido que tu mascota viva en la terraza (y esta es la consecuencia)

Tu mascota no puede vivir en una terraza porque, sencillamente, no es un lugar para vivir, sino un espacio puntual de paso o esparcimiento.

Más información: La Ley de Bienestar Animal dos años después: incompleta y pendiente de reglamento, pero mejora la conciencia social

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Tu mascota no puede vivir en una terraza porque no es un lugar de residencia, sino un espacio complementario y temporal. Convertirla en el sitio donde pasa la mayor parte de su vida implica exponerla a soledad, estrés, clima extremo y falta de estímulos.

Detrás de esta idea no hay solo una cuestión legal, sino una razón básica de bienestar: perros y gatos son animales sociales, sensibles y vulnerables, que necesitan compañía, seguridad y un entorno estable dentro del hogar.

Desde el punto de vista emocional, un perro o un gato no son un objeto que se deja fuera para que "no moleste". Son seres que necesitan contacto diario, juego, afecto e interacción con su familia.

Si pasan casi todo su tiempo al otro lado de una puerta o una barandilla, separados de lo que ocurre en la vivienda, se sienten aislados. A medio y largo plazo, ese aislamiento puede traducirse en ansiedad, tristeza, ladridos o maullidos constantes, conductas destructivas o, por el contrario, apatía y desánimo.

El frío y el calor

Aunque tengan comida y agua, lo que perciben es que están solos. Además, en una terraza, el animal está expuesto directamente al frío del invierno, al calor del verano, a la lluvia, al viento y a los cambios bruscos de temperatura.

En los meses calurosos, el suelo puede quemar las almohadillas, el aire se vuelve irrespirable y el riesgo de golpe de calor se dispara, especialmente en perros de morro chato, animales mayores o con problemas de salud.

En invierno, la humedad y el frío pueden provocar enfermedades respiratorias, agravar dolores articulares y debilitar sus defensas. Una caseta o una manta no sustituyen el confort térmico de un interior de vivienda.

También hay un problema de seguridad física. Balcones y terrazas pueden parecer seguros a simple vista, pero están llenos de riesgos. Un gato puede intentar saltar tras un pájaro o subirse a una barandilla y caer al vacío si no hay protecciones adecuadas.

Un perro puede meter la cabeza entre los barrotes, intentar escapar o lesionarse con objetos que haya en el exterior. Si el animal pasa muchas horas allí, aumenta la probabilidad de que alguno de estos riesgos termine en accidente.

Además, los ruidos de la calle, las obras y el tráfico se sienten con más intensidad desde una terraza y pueden generar miedo constante si el animal no tiene un refugio interior al que acudir.

Una pobreza de estímulos

Vivir casi exclusivamente en una terraza, además, supone una pobreza de estímulos. Un perro necesita paseos, olfatear distintos entornos, relacionarse con otros animales y personas, explorar.

Un gato necesita moverse por diferentes estancias, trepar, esconderse, observar desde lugares elevados, jugar y "cazar" juguetes. Si su mundo se reduce a una terraza monótona, sin variedad ni interacción suficiente, su desarrollo emocional y mental se resiente.

Tampoco ayuda a la buena convivencia con los vecinos. Un perro que se siente solo y frustrado tiende a ladrar o aullar con más frecuencia, especialmente si ve o escucha a gente pasar. Un gato que vive fuera puede maullar insistentemente y marcar territorio.

Si, además, los excrementos y la orina se acumulan en la terraza o el patio, aparecen olores y problemas de higiene que derivan en quejas, conflictos y, en ocasiones, denuncias. Lo que empieza como una "solución" para que el animal no moleste dentro, termina siendo un foco de problemas fuera.

Finalmente, está la dimensión ética y legal. Asumir la responsabilidad de un animal implica verlo como un miembro más de la familia, no como algo que se deja fuera cuando estorba.

La normativa de bienestar animal recoge justo esta idea: una terraza, un balcón o un patio pueden usarse de forma puntual, pero no pueden ser el lugar donde el animal vive de manera habitual o permanente.