Un veterinario con un gato.

Un veterinario con un gato. Istock

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La amplia versatilidad de la pericia veterinaria: una disciplina al servicio de la ciencia, la salud y la sociedad

La pericia veterinaria suele asociarse de forma casi automática a los procedimientos por presunta mala praxis profesional. Sin embargo, es una disciplina mucho más amplia.

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María Fernández Álvarez
Publicada
Actualizada

La pericia veterinaria constituye hoy una herramienta técnica de enorme valor, capaz de proyectarse sobre múltiples áreas de actuación en las que el conocimiento científico del veterinario resulta esencial para esclarecer hechos, valorar daños, interpretar evidencias y fundamentar decisiones con rigor.

Es cierto que una de sus aplicaciones más conocidas se encuentra en el análisis de actuaciones clínicas y sanitarias, especialmente en casos en los que se cuestiona la adecuación de una intervención profesional.

En este contexto, la pericia veterinaria permite estudiar si la actuación desarrollada se ajustó a la lex artis, valorar la documentación clínica, interpretar la evolución del paciente, examinar la relación de causalidad entre los hechos y el resultado final, y ofrecer una conclusión técnica basada en criterios objetivos.

Este campo abarca no solo la clínica de animales de compañía, representada de forma predominante por perros, gatos y también animales exóticos, sino también todas las áreas de la medicina veterinaria aplicada a especies de producción. Por ejemplo: vacuno, ovino, caprino, porcino y equino, donde los conflictos pueden estar relacionados con reproducción, sanidad, mortalidad, manejo, transporte, deporte, manejo alimentario, tecnología industrial o bienestar animal.

No obstante, la pericia veterinaria va mucho más allá del ámbito estrictamente asistencial. Su intervención es igualmente relevante en los sectores vinculados a la productividad ganadera, donde el veterinario puede analizar pérdidas económicas derivadas de procesos sanitarios, fallos reproductivos, disminución de rendimientos, brotes infecciosos, defectos de manejo o incumplimientos de bioseguridad.

En estos casos, el informe pericial no solo tiene un valor técnico, sino también económico, al permitir cuantificar daños y valorar el impacto real de un problema sobre la explotación. Del mismo modo, la pericia veterinaria desempeña un papel destacado en la producción de alimentos y en la seguridad alimentaria, ámbitos en los que confluyen salud animal, salud pública y responsabilidad empresarial.

La valoración técnica de incidentes relacionados con productos de origen animal, contaminaciones, alteraciones organolépticas, fraudes alimentarios, alteraciones de la cadena de frío, incumplimientos higiénico-sanitarios, trazabilidad o control de riesgos exige una visión especializada que el veterinario, por su formación, está especialmente capacitado para aportar.

Aquí, el dictamen pericial puede resultar decisivo para interpretar el origen de una incidencia, delimitar responsabilidades y evaluar sus consecuencias sanitarias y económicas. A ello se suman las áreas relacionadas con la protección medioambiental, donde la participación del veterinario adquiere una importancia creciente.

Episodios de mortandad animal, sospechas de intoxicación, vertidos, contaminación de ecosistemas, afección a fauna silvestre, zoonosis o problemas de salubridad pública requieren con frecuencia una evaluación pericial capaz de integrar conocimientos de patología, epidemiología, sanidad ambiental y bienestar animal. En este terreno, la pericia veterinaria actúa como nexo entre la ciencia, la administración y el derecho.

En definitiva, la pericia veterinaria es una disciplina de carácter transversal que no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de la mala praxis clínica.

Su verdadero valor reside en su capacidad para aplicar el conocimiento veterinario a contextos muy diversos, desde la asistencia sanitaria hasta la producción ganadera, la seguridad alimentaria, la economía agraria o la protección ambiental.

Esa amplitud funcional confirma que el veterinario perito no solo analiza hechos: aporta evidencia, interpreta técnicamente la realidad y contribuye a sostener decisiones más justas, más seguras y mejor fundamentadas.