Un perro encima de una tumba

Un perro encima de una tumba Istock

Mascotario

Bob, el perro que pasó 10 años junto a la tumba de su dueña, inspira una ley que permite ser enterrado con tu mascota

Una nueva normativa reconoce legalmente el vínculo afectivo que muchas familias sienten por sus animales, autorizando un entierro conjunto.

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Angelica Rimini
Publicada

En el estado de São Paulo, la muerte ya no tiene por qué separar a las personas de sus animales de compañía. Una nueva normativa acaba de revolucionar la manera en que pensamos la vida después de la muerte.

Conocida como Ley Bob Coveiro permite que perros, gatos y otras mascotas sean enterrados en las mismas sepulturas o panteones familiares que sus cuidadores humanos, reconociendo legalmente el vínculo afectivo que muchas familias sienten por sus animales.

La ley se bautizó en honor a Bob Coveiro, un perro que pasó diez años viviendo en el cementerio de Taboão da Serra, en la región metropolitana de São Paulo, junto a la tumba de su dueña.

Cuando Bob murió en 2021, las autoridades autorizaron que fuera enterrado junto a ella, un precedente que inspiró el proyecto de ley. A partir de ese caso, el Estado decidió extender la posibilidad de entierro conjunto a toda la población paulista, convirtiéndose en pionero en Brasil.

La norma, sancionada por el gobernador Tarcísio de Freitas, permite que animales como perros y gatos sean sepultados en tumbas y panteones familiares en cualquier municipio del estado, siempre que se respeten las normas sanitarias.

No obliga a los cementerios a ofrecer el servicio, pero les abre la puerta legal para aceptarlo, tanto en recintos públicos como privados. Los gastos asociados corren a cargo de la familia titular del nicho o panteón, igual que ocurre con los servicios funerarios habituales.

Los detalles de cada municipio

La ley fija el marco general, pero delega los detalles en los servicios funerarios de cada municipio. Serán los ayuntamientos y las administraciones de los cementerios quienes definan cuestiones como si exigirán cremación previa, qué requisitos sanitarios deberán cumplir los restos del animal o cómo se registrará su entierro en la documentación del panteón.

En el caso de los cementerios privados, estos podrán establecer normas propias, siempre dentro de los límites marcados por la legislación estatal y las autoridades sanitarias.

Este modelo flexible permite que ciudades más grandes, con estructura funeraria compleja, adapten el servicio con protocolos detallados, mientras que municipios pequeños puedan ir incorporándolo de forma gradual.

En todos los casos, el principio central es el reconocimiento del lazo emocional entre humanos y animales de compañía, que la norma equipara a un vínculo familiar a efectos simbólicos.

Un cambio cultural

La aprobación de la Ley Bob Coveiro refleja un cambio profundo en la manera en que la sociedad brasileña ve a los animales de compañía.

Brasil es uno de los países con más mascotas del mundo, con cerca de 160 millones de animales de compañía, y en muchos hogares se consideran miembros de pleno derecho de la familia. El caso de Bob, que se convirtió en figura conocida para quienes visitaban el cementerio y acompañaba incluso a otros cortejos fúnebres, se transformó en símbolo de lealtad y duelo compartido.

El debate público en torno a la ley también ha coincidido con una mayor sensibilidad hacia el maltrato animal, como mostró la indignación generada por la muerte del perro callejero Orelha en otra ciudad brasileña.

En este contexto, permitir que una mascota descanse junto a su dueño se presenta como un gesto de respeto hacia ese vínculo emocional, y una forma de ofrecer consuelo a quienes desean seguir unidos a su animal incluso después de la muerte.

El caso de Italia

São Paulo no es el único lugar que da pasos en esta dirección, aunque lo hace de forma especialmente amplia al autorizar el entierro de animales en la misma tumba familiar, no solo la colocación de cenizas.

En Europa, Italia se ha convertido en referente mediante normas regionales que permiten integrar a las mascotas en los rituales funerarios humanos, con condiciones específicas.

En la región de Lombardía, por ejemplo, se permite que las cenizas de los animales de compañía se coloquen en los nichos o tumbas de sus propietarios, siempre en urna separada y respetando las normas sanitarias.

Milán, capital de la región, fue la primera ciudad italiana en aplicar esta posibilidad en sus cementerios municipales, permitiendo que las urnas de perros, gatos y otros animales de compañía reposen junto a las de sus dueños.

La normativa milanesa exige una solicitud formal de la familia, certificación veterinaria y prevé que, si se trasladan los restos humanos, las cenizas de la mascota se trasladen también.

En la Toscana también se han aprobado normas que admiten la inhumación de cenizas de animales de compañía en panteones familiares, bajo regulación regional y control sanitario.

De este modo, aunque las fórmulas jurídicas varían, se observa una tendencia común: reconocer que el vínculo entre personas y mascotas puede prolongarse simbólicamente más allá de la vida, y que los cementerios ya no son espacios reservados en exclusiva a los humanos.