Un perro oliendo la mano de una señora.

Un perro oliendo la mano de una señora.

Con la colaboración de:

Mascotario

Elisenda Saperas, veterinaria, sobre los perros que detectan cáncer y tumores: "Sólo hace falta una pequeña muestra"

Estos canes pueden ayudar a sobrellevar situaciones difíciles dentro de un hospital, reduciendo el estrés y la ansiedad.

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"El olfato de los perros está mucho más desarrollado que el de los humanos a nivel anatómico: cuentan con unos 300 millones de receptores olfativos frente a los 5 o 6 millones de los humanos", afirma Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de comunicación de Purina, en una entrevista con Mascotario.

Elisenda explica que su cerebro está mucho más adaptado para procesar y extraer información. En el caso del cáncer, el metabolismo de las células cancerosas es diferente y libera unas sustancias llamadas compuestos orgánicos volátiles.

"Estas sustancias crean perfiles olfativos específicos que los perros pueden diferenciar en orina, sangre, saliva, sudor o heces". Con una pequeña cantidad de muestra, estos animales son capaces de detectar la enfermedad.

El refuerzo positivo

Estos perros de detección pueden mostrar reacciones diferentes según el tipo de entrenamiento que hayan recibido. "Lo importante es que para el animal sea un juego y algo divertido, basado en el refuerzo positivo y no en el castigo".

Se seleccionan ciertos perros y se les educa con normas básicas de convivencia, como lo haría cualquier tutor. Después, se lleva a cabo un entrenamiento más específico, similar al de los perros de detección. Los entrenamientos son procesos largos que no se completan en seis meses y que dependen del animal y de cada caso concreto.

Un don cálido

"Los animales tienen el don de hacernos sonreír", afirma Elisenda. "Nos dan consuelo, tienen esa calidez que nos acompaña en los momentos más difíciles. Aunque parezca contradictorio, ayudan a humanizar el entorno hospitalario".

Durante las analíticas y consultas, un perro brinda seguridad y tranquilidad. La veterinaria indica que numerosos estudios científicos demuestran que reducen el estrés y la ansiedad, además de mejorar el estado de ánimo.

También ayudan a aliviar la sensación de dolor percibido, ya que actúan como distracción (por ejemplo, cuando pinchan a un niño) y como motivación para acudir al hospital. Ver a un animal en ese entorno ayuda a sobrellevar la presión del momento.

De hecho, se han observado varios beneficios psicológicos en los niños que interactúan con perros de terapia. Disminuye su miedo a los procedimientos médicos y aumenta la predisposición a cumplir con las terapias.

Asimismo, mejora la autoestima y la autoconfianza, ya que los perros no juzgan y ofrecen amor desinteresado. También favorecen la comunicación: facilitan que los niños expresen sus emociones o inquietudes al perro, lo que permite a los sanitarios entender mejor su situación.

"Es muy difícil que un niño estresado, en una situación que le sobrepasa, exprese sus emociones. El hecho de que haya un animal reduce esa ansiedad y promueve la socialización y el juego".

Un recurso de apoyo motivacional

Seguir incluyendo programas de terapia con animales en hospitales públicos no es solo una ventaja para los pacientes: la ciencia avala su eficacia y demuestra beneficios tanto para los niños como para sus familias y el personal sanitario.

Sin embargo, aclara que los perros no curan —"eso lo hace la medicina"—, pero sí son un recurso de apoyo motivacional y emocional que puede facilitar los procesos complicados.

En este sentido, se ha creado la alianza Purina Terapia Animal, cuyo objetivo es divulgar conocimiento, capacitar al personal sanitario y acompañar a los centros en la implementación de estos programas.

"España es uno de los países pioneros en intervenciones asistidas con perros, gracias al gran trabajo de las entidades y a la labor de investigación científica", destaca Elisenda. Señala hospitales que han apostado por estas iniciativas, como San Joan de Déu (Barcelona), La Paz (Madrid) y Vall d’Hebron, entre muchos otros.