Abuelo y nieto sonríen para EL ESPAÑOL de Málaga.

Abuelo y nieto sonríen para EL ESPAÑOL de Málaga. EEM

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Manuel, el abuelo malagueño viral por dar consejos del campo con su nieto: "No podemos perder lo de toda la vida"

En La Granja de Dani, ambos muestran el día a día trabajando en sus cosechas y crean, casi sin percatarse, una cantidad inmensa de recuerdos en familia, algo que a Dani le encanta.

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Las claves

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Manuel Bonilla, de 82 años, se ha hecho viral junto a su nieto Dani dando consejos sobre agricultura tradicional en redes sociales.

Su perfil 'La Granja de Dani' acumula cerca de 300.000 seguidores entre Instagram, TikTok, Facebook y YouTube.

Ambos buscan preservar y transmitir los conocimientos del campo, soñando incluso con crear una academia para enseñar agricultura tradicional.

El éxito reside en la autenticidad y el carácter entrañable de Manuel, que sigue regalando cosechas y emocionándose con el cariño de sus seguidores.

Hasta hace apenas unos meses, Manuel Bonilla, vecino de Campanillas, en Málaga capital, tenía 15 nietos y una bisnieta de sangre. "Ahora tengo más de 300.000 nietos virtuales", confiesa entre risas junto a su nieto, Daniel González.

Este joven malagueño tiene 26 años y, sin darse cuenta, ha catapultado a la fama a su abuelo con La Granja de Dani, un perfil en redes sociales donde juntos crean recuerdos para toda la vida y, además, dan consejos a miles de personas sobre agricultura.

El abuelo Manuel se hizo viral casi sin saber cuál es el significado de esta palabra. Su nieto lo grabó un día por sorpresa mientras trabajaba la tierra en su barrio, a sus 82 años.

El hombre iba contando todo lo que hacía, que no es más que lo que lleva toda una vida haciendo. Lo hizo con un desparpajo asombroso que le ha valido para cosechar, nunca mejor dicho, toda una legión de seguidores.

Los primeros vídeos llegaron en enero de este año, coincidiendo con la temporada de recogida de naranja y siembra de patata. Daniel reconoce que el brutal crecimiento que han tenido en redes les ha pillado por sorpresa.

"Para nosotros es curioso porque no estamos acostumbrados a esas cifras. A lo mejor para nosotros cada vez es más normal subir un vídeo que coge 100.000 visitas, pero luego reflexionas sobre qué son 100.000 personas y te quedas flipado", expresa. En apenas seis meses se han convertido en influencers, con representante y todo.

Dani y su abuelo.

Dani y su abuelo. EFE

Su abuelo, admite Daniel, vive los números con más distancia todavía, sin terminar de entender qué es la viralidad. El anciano se define como un hombre muy caritativo, dispuesto a ayudar a todo el que lo desee, sobre todo a su nieto y a su familia.

"Por eso he hecho esto", dice con una sonrisa entrañable.

Preguntados por el vídeo que más éxito ha tenido de su hasta ahora breve pero intensa carrera virtual, Manuel señala el de la higuera malagueña y sus brevas, aunque insiste en que para él son casi todos iguales de importantes: en su huerto cultiva también sandía, pimiento, tomate, berenjena, pepino, calabacín, fresa, melón "y todo lo que me echen".

Sobre lo que aprende con el paso del tiempo, Manuel tiene una filosofía muy suya. Jamás enseña un truco a sus nietos virtuales sin haberse asegurado de que funciona. Cree que el campo es prueba y error. "Tú siembras unos tomates, cometes algún fallo, y la próxima ya te vas corrigiendo", explica.

"Este año mismo, por ejemplo, he sembrado una sandía que no es de mi gusto, y ya no siembro esa marca más", añade en un ataque de sinceridad, mientras que su nieto se parte de risa. Sabe que lo mejor de su abuelo es que es totalmente impredecible.

Es también él quien decide qué se graba y cuándo. Van pensando juntos ideas siguiendo como base el calendario de la cosecha en Andalucía. "Hay temporadas para una cosa o para otra", alega el abuelo, que es un gran guionista. Los próximos vídeos a preparar, adelanta, quiere que estén dedicados a los chumbos, algo que, según cuenta, se está perdiendo en buena parte de España.

"En Canarias me han dicho que ya no queda ninguno, ni por Barcelona tampoco", lamenta. Tiene su propio procedimiento para cultivarlos y piensa compartir todo con sus fieles seguidores, a los que adora.

El abuelo se pasa horas leyendo comentarios, algunos hasta la madrugada. Asegura que las críticas le resbalan: "En la vida todo el mundo critica. Uno, aunque haga las cosas bien, nunca queda bien para todo el mundo".

Cuando alguien se mete con él, cuenta, no hace ni falta que responda: son los propios seguidores quienes salen a defenderlo. La pulla que más se repite va dirigida a que regaña demasiado a Daniel delante de cámara, "que le aprieto mucho, pero no es a malas". "Me encanta que la gente me diga que les recuerdo a sus abuelos, me emociona. Nos dicen que disfrutemos de estos momentos juntos", asevera Manuel.

Nieto y abuelo.

Nieto y abuelo. EFE

Detrás de las cámaras, Daniel es quien lleva la parte menos romántica del negocio. Con lo que genera la monetización de Facebook paga a un amigo para editar los vídeos, y ya preparan el salto a YouTube con vídeos más largos. Entre todas las plataformas suman cerca de 300.000 seguidores: 143.000 en Instagram, 80.200 en TikTok, 69.000 en Facebook y 8.590 en YouTube.

No es su trabajo principal y trata de compaginar su labor en una fábrica con su faceta en redes sociales. "Aunque tengo que reconocer que me encantaría dedicarme al campo y a enseñar lo tradicional de este. De momento trato de no agobiarme mucho, que si no, es mucho peor", dice el joven, que intenta automatizar todo lo posible para que las redes tampoco le coman su corto tiempo libre.

La sabiduría de Manuel nació mucho antes que las redes existieran, en las noches que pasaba de niño regando junto a sus mayores. "Yo me ponía en la punta de la acequia y, cuando me llegaba el agua, decía: "Corta la torna"", recuerda con cariño.

A los 19 años cambió el campo por la construcción, y todavía recuerda el salto de sueldo como si fuera ayer: "Cuando me fui a la obra, en el año 60, me daban nueve duros. No veas el salto que pegué, de cuatro a nueve; yo estaba alucinando".

Años después montó su propia empresa, con un nombre que mezcla su apellido y el de su barrio: "Bonilla por mí y por Campanillas. Bonicamp". Fueron casi 25 años de obras por Málaga, entre ellas en el hospital de San Juan de Dios.

Sin embargo, nunca dejó la tierra del todo. "Siempre he tenido parcela, siempre he tenido campo, y siempre me ha gustado. Ahora, desde que me jubilé, estoy más pegado al campo y mi nieto ha aprovechado", dice.

Daniel llegó a crear La Granja de Dani por otro camino, uno que empezó a 12.000 kilómetros de Campanillas. Vivió cuatro meses en Filipinas y echó de menos la libertad y la forma de vida de allí. Al volver, decidió montar un huerto propio para pasar tiempo con su abuelo y aprender de él antes de que ese conocimiento se pierda para siempre.

De cara a un futuro cercano, los dos sueñan con montar una academia para que la agricultura tradicional no caiga en el olvido. "No se puede perder lo de toda la vida y no se le da voz", resume Daniel.

En este momento de la conversación, abuelo y nieto vuelven a chocar generacionalmente entre risas. A Daniel le gustaría cobrar por esa formación: está convencido de que lo gratis nunca se valora igual.

"No es la primera vez que alguien me escribe para ofrecerme dinero solo por pasar una hora con mi abuelo, la gente está loca por conocerle y aprender de él", expresa Daniel. Manuel, que haría todo por ayudar a los demás, piensa distinto, y así se lo recuerdan hasta sus propios hijos, que le llaman en broma "la hermanita de la caridad".

Prefiere seguir regalando la cosecha antes que venderla. "¿Cómo le voy a vender yo una caja de breva a un vecino? Se la regalo", dice, recordando que este año "todo el mundo quería brevas, que estaban riquísimas".

Mientras siguen debatiendo entre el negocio o el altruismo, el verdadero éxito de La Granja de Dani ya está más que asegurado. El triunfo no solo está en los miles de likes que reciben o en si monetizan más o menos en sus redes. Está en las lágrimas de emoción de Manuel leyendo las bonitas palabras de sus seguidores y en el orgullo de un joven que, buscando su propia libertad a miles de kilómetros, descubrió que el tesoro más grande de su vida lo tenía al lado de casa, cuidando de la tierra y labrando el amor de su familia en un rincón de Campanillas.