Madre e hija, rostros del negocio.
Haití cumple 70 años como una 'superviviente' en el Centro de Málaga: "Cada vez quedamos menos negocios históricos"
La histórica corsetería fundada en los años 50 sobrevive en pleno centro de Málaga gracias a la especialización y a una clientela fiel, mientras los alquileres y la transformación comercial ponen en jaque al pequeño comercio.
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Aunque suene a paradoja, la calle Comedias de Málaga está viviendo un auténtico drama. En esta conocida vía del Centro de Málaga, han ido cayendo persianas históricas y los alquileres tensionan cada metro cuadrado, pero una estrechita tienda, de estilo clásico, se muestra como símbolo de resistencia a apenas unos metros de la Iglesia de los Santos Mártires.
La corsetería Haití sigue abierta más de 70 años después de su nacimiento. Mientras a su alrededor, crecen hoteles, franquicias y negocios pensados para el visitante fugaz, este local de lencería mantiene un mostrador clásico donde se ofertan productos de calidad con un nivel de atención que, dicen, es su punto fuerte para mantener a su clientela desde hace décadas.
No hay libro de apertura que certifique la fecha exacta, pero la memoria familiar sitúa el origen de Haití en la posguerra, por el año 1955, gracias a Rafael Galacho y Rosario Bech, los abuelos de Alicia, la actual responsable de la tienda.
Los Galacho Bech, procedentes de la provincia de Cádiz, llegaron a Málaga con cuatro hijos y una determinación férrea de trabajar. “Todos mis tíos estudiaron carrera y mis abuelos trabajaron mucho en unos tiempos complicados”, recuerda Alicia, nieta de los fundadores, desde el otro lado del mostrador de la tienda.
Su comercio nació, de inicio, como venta al por mayor. Desde los pueblos acudían clientes que cargaban sacos y sacos de mercancía cuando en sus localidades apenas había oferta. Entonces vendían ropa interior, trajes de novia y hasta batas enguatadas que el abuelo de Alicia traía a Andalucía tras subir a Galicia para tratar directamente con los fabricantes.
Entre ellos, ni más ni menos, el propio Amancio Ortega, que en aquellos tiempos daba los primeros pasos en Goa, antes de construir su actual imperio con Zara.
La primera tienda de Haití ocupaba un edificio entero de la calle Compañía y la segunda, la actual, se situó en la calle Comedias. Con el paso del tiempo y tras el fallecimiento del abuelo de Alicia, el negocio se dividió entre la familia. Uno de los tíos de Alicia se quedó con aquel primer local y su madre, hace unos cuarenta años, con el que sigue abierto.
Cuando su tío se jubiló, la madre de Alicia, que se llama como ella, pudo quedarse al frente de los dos, pero la conciliación es complicada y decidió seguir solo con la de Comedias, por lo que la actual tienda Haití quedó como único testigo de una saga comercial que ha sobrevivido a muchas crisis y a una transformación inmensa del Centro de Málaga.
Hoy la base sigue siendo la lencería, pero no cualquier lencería. La especialización es su escudo. Mujeres con problemas por el tamaño de su pecho encuentran allí copas que en los centros comerciales no encontrarían nunca. Además, las trabajadoras de Haití llevan décadas trabajando en la tienda, por lo que el asesoramiento que dan tiene detrás una experiencia difícil de improvisar.
"Un sujetador es una prenda difícil de comprar por Internet”, explica Alicia, que asegura que el auge de las compras online se ha notado en ventas, pero no les ha afectado de lleno, ya que un pijama puede pedirse por Internet, pero la ropa interior de calidad es más complicada de encontrar. Esa es su fortaleza.
El perfil de clientela tampoco ha variado excesivamente. Siguen las clientas fieles de toda la vida, mujeres que compraron allí su ropa interior de novia y ahora llevan a sus hijas, pero también hay extranjeras que “picotean” porque no encuentran este tipo de comercio en sus países.
Además, Alicia agradece el trabajo conjunto con diseñadores malagueños como Montesco, en el ámbito nupcial. Gracias a esta colaboración, han consolidado a Haití como referencia para las novias que buscan un conjunto de ropa interior específico para su gran día.
Entre las anécdotas que se deslizan entre sus percheros y estanterías aparecen nombres propios. Alicia se ríe cuando piensa en el día en el que se quedaron sorprendidas con la entrada inesperada de la tonadillera Isabel Pantoja, que acudió al establecimiento a comprar unos camisones para la modelo Jessica Bueno, que en aquel entonces estaba a punto de ser madre de su hijo con Kiko Rivera. "Había estado comprando ropita de bebé en Mariola, una tienda que ya cerró; y vino aquí a por pijamas. Nos sorprendió mucho", declara.
También han sido clientas Diana Navarro o la propia Celia Villalobos. Y destaca cómo el actor Antonio Banderas siempre recomienda a sus actrices del Teatro del Soho CaixaBank que acudan a Haití, "porque hay que apoyar al comercio local malagueño". "Es un detalle que siempre le agradecemos", expresa.
Familia
Ya que estamos en Semana Blanca, durante la entrevista, las hijas de Alicia irrumpen en el local junto a su abuela, Alicia Galacho (madre), quien asegura que su hija también correteó por el mismo pasillo que sus nietas.
"Ella nunca quería que me fuera sola a trabajar, siempre lloraba para que me la trajera", expresa con una sonrisa tierna, consciente de que la Haití, antes que una tienda, es una familia unida y luchadora.
Madre e hija comparten la misma opinión acerca del centro de la ciudad. Sobre todo, del problema del alquiler. "Nosotras sobrevivimos porque mi madre pudo comprar este local. No sé qué hubiera sido de Haití con alquiler. Le han pedido a compañeros más de 5.000 euros mensuales en esta calle. Y en calle Nueva, tan de moda ahora, son 15.000 o 20.000 euros. ¿Cuánto tienes que vender?", lamenta Alicia hija, a la que le sobran dedos de la mano para contar los históricos que siguen en pie.
"Iberia, Aparicio, nosotros...", reflexiona, mientras que su madre completa su frase con otros nombres, como el del quiosco Arturo o la Farmacia Mata, en la calle Larios.
Alicia hija cree que esta situación está haciendo que "la gente ya no llegue al centro". "¿Quién viene a comprar al centro? Van a centros comerciales, hacen su compra y listo. Además, en esta calle sentimos que pese a estar a dos pasos de la Constitución, es como otro mundo. Para la gente esto no es el centro de la ciudad. Tengo la esperanza de que la calle se revitalice con la próxima apertura del hotel aquí al lado", lamenta.
Alicia madre recuerda cómo en los años ochenta, cuando el centro aún no era escaparate turístico, los comerciantes decidieron montar su propia feria de agosto al mediodía. Cada negocio invitaba a una copa, los caballistas recorrían las calles y en la plaza se cocinaba una paella enorme organizada por su padre.
"Nosotros fuimos el inicio de la feria del Centro; los comerciantes. Se llenaba todo de farolillos, nos vestíamos de gitana... Pero a las cinco se acababa la fiesta y se seguía trabajando, que había que ganarse el pan", recuerda la mujer, que a sus 80 años no duda en pasarse a visitar a su hija y al resto de trabajadoras siempre que puede.
Ambas aseguran que lo mejor que les ha dado Haití es trabajar durante años en algo que disfrutan. "Nos ha ayudado a vivir, nos va bien y no nos quejamos. Es lo que hemos vivido desde siempre. Nos gusta el comercio y estar de cara al público", explican.
"Los Galacho hemos vivido para el comercio desde siempre. Primero en la calle Ancha del Carmen, después otras tiendas en calles como Compañía o Andrés Pérez, pero hemos sido una familia malagueña dedicada al textil desde hace más de 60 años", dice Alicia madre, a la que preguntamos si le gustaría ver a sus nietas al frente de Haití.
"Pues no sé qué querrán hacer ellas. En cualquier caso, yo no lo veré. Creo que acabarán estudiando sus carreras, trabajarán de otras cosas, que no creo que ganen mucho más que con la tienda... Pero veo difícil que siga el negocio", dice la abuela de las niñas, mientras que su madre rompe una lanza a favor de la Haití.
"Algo bueno que tiene este trabajo ahora es que tú eres tu jefa, te organizas con horarios. Mi madre no podía estar conmigo, pero yo me organizo para poder verlas y no perderme como crecen... Así que serán ellas las que decidan", concluye.
Mientras tanto, Haití sigue levantando la persiana cada día. En una calle que cambia demasiado deprisa, este pequeño local continúa haciendo lo que sabe desde hace más de 70 años: escuchar a sus clientas y ajustarse a sus necesidades con una sonrisa en la cara. Lo demás, el futuro del centro y el relevo generacional, ya no depende solo de madre e hija. Será el tiempo el que les dé la mejor respuesta.