Hace unos pocos días aconteció uno de los eventos más traumáticos que ha afectado a mi país de origen, Colombia. Un terremoto de 7.4 en la escala de Richter con epicentro en la zona del Chocó, el cual tuvo un impacto mayor en ciudades como Quibdó, Cali o Pereira, además de muchos municipios afectados. Debido a este hecho, hubo grandes pérdidas materiales y, lo más difícil de todo, pérdidas humanas.
Muchos, a través de la familia y amigos, nos enteramos del daño real acontecido en las zonas y también pudimos saber que, gracias a las alarmas de sismo activadas por los dispositivos Android, se salvó gran cantidad de vidas. Es increíble cómo incluso solo 30 segundos pueden marcar la diferencia entre tener la oportunidad de ponerse a salvo o no en un evento tan catastrófico.
A raíz de este hecho, he estado investigando y leyendo acerca de estas alertas recibidas y, al parecer, funcionan con una tecnología que, al emitirse una vibración en diversos dispositivos, esta se va propagando, creando un aviso, llegando a alertar del sismo con unos 30 segundos de antelación, permitiendo a muchas personas y sus animales salvaguardarse y así evitar que la terrible cifra de fallecidos hubiese sido aún mayor.
En momentos así, elementos como los tecnológicos deben ser utilizados como herramientas que pasan a jugar un papel primordial. Las primeras 48 horas después de un desastre de estas magnitudes son cruciales para actuar rápidamente.
La misma noche del 10 de agosto del presente año, Nicolás Contreras y el equipo de Alexander Torrenegra desarrollaron una plataforma denominada Encontrados.co, a través de la cual se comparan patrones faciales de las fotos compartidas por los familiares de los desaparecidos con aquellas personas que iban siendo encontradas por los rescatistas, bomberos, voluntarios o policías, permitiendo que aquellas duras horas de incertidumbre se vieran reducidas. Una vez encontrada la persona, la foto es eliminada de la plataforma, por protección de datos. Esta iniciativa también fue extendida para encontrar a las mascotas.
La interconexión mundial a través de las redes sociales permitió además que provincias españolas, entre ellas, Málaga, se hermanaran con la causa y enviasen ayuda a los afectados a través de donaciones.
Esa misma semana, el día 15 de agosto, sentimos con fuerza a la 1:04 a. m. en Málaga otro terremoto, cuyo epicentro se situó en Alhendín, Granada, de 5.0 en la escala de Richter, causando diversos daños materiales y más de 40 réplicas, afortunadamente sin tener pérdidas humanas.
Lo curioso en este caso es que no hubo alarma de ES-Alert y tampoco de Android; los servicios de emergencia reaccionaron “a posteriori”, pero no hubo alarma de prevención. Esto me llevó a preguntarme el motivo y, según los servicios responsables, un terremoto es muy difícil de predecir, de ahí la imposibilidad de advertir o crear ninguna alarma.
Lo que sí han puesto los organismos estatales a disposición de los ciudadanos es, a través de la Agencia de Emergencias de Andalucía, una guía acerca de cómo actuar en caso de terremoto y tsunami.
Con los avances de la tecnología, desde mi parecer, la prevención debe ser fortalecida, y crear y/o utilizar más aplicaciones y plataformas para educar acerca de cómo actuar en estos casos, comunicarse y salvar vidas empleando los medios tecnológicos.
Tengamos siempre en cuenta el problema que tenemos, la urgencia de solución y los medios. Gracias al ingenio humano apoyado en herramientas como la inteligencia artificial o el reconocimiento facial, es posible crear un producto digital y tecnológico en cuestión de horas, que sea capaz de salvar vidas, recibir donaciones u organizar proyectos para el despliegue de ayuda.
Al cierre de este artículo, lamentablemente han acontecido más eventos: los terremotos de México, Costa Rica e Indonesia y la riada en Nepal. En consecuencia, podemos vislumbrar cómo la vida puede cambiarnos en cuestión de segundos y debemos estar preparados ante estos posibles acontecimientos.
Utilicemos las herramientas que tenemos a mano, desarrollemos productos de prevención con propósito, pensemos en problemas reales y utilicemos la tecnología como aliada.