Patti LuPone recibe el Premio Lux Ductor y ofrece en el Teatro del Soho CaixaBank una master class de lo que significa ser de las mejores del mundo del musical.

Hay noches que no se olvidan. La que vivimos en el Teatro del Soho Caixabank fue una de ellas. Patti LuPone, una de las grandes figuras de Broadway —no por aclamación, sino por demostración— subió al escenario acompañada únicamente de un piano y convirtió una hora y media en algo que el público vivió como un instante. Así de sencillo es describir lo que ocurrió. Así de difícil es lograrlo.

Además, una vez finalizado el espectáculo, Antonio Banderas junto a su hermano Javier Banderas, entregaron a la artista el Premio Lux Ductor por su trayectoria en el teatro musical. Un reconocimiento que, visto lo visto, se quedó corto. Los premios a veces llegan tarde, a veces llegan justos. Este llegó en el momento exacto: en el mismo escenario donde ella demostró, una vez más, por qué lo merece.

LuPone no gritó. No escaló hacia la nota más aguda para arrancar aplausos. No compitió. En los tiempos que corren, en los que el musical parece haberse convertido en una disciplina atlética donde el mérito se mide en decibelios, esto es casi un acto subversivo. Cantar para transmitir, para emocionar, para construir un personaje con cada frase y cada silencio: eso es lo que hizo esta señora durante toda la noche. Y eso es lo que muchos de los que hoy trabajan en el musical deberían ver obligatoriamente, cuaderno en mano.

Fue, sin rodeos, una master class. De interpretación, de presencia escénica, de inteligencia musical, de saber exactamente dónde está el límite entre el artificio y la verdad. Hace fácil lo difícil, que es el mayor elogio que se le puede hacer a un artista. Lo que LuPone mostró sobre el escenario del Teatro Soho CaixaBank no se aprende en una escuela: se construye con talento, décadas de oficio, de riesgo y de amor real por el trabajo.

El público lo entendió desde el primer momento. Entregado, emocionado, consciente de estar ante algo excepcional. Quienes la seguimos desde siempre y quienes la descubrieron anoche compartimos la misma sensación: que Málaga nos había dado un regalo.

Y aquí hay que detenerse un momento para decir lo que hay que decir. Cuando Antonio Banderas anunció que quería traer Broadway a Málaga, hubo quien lo escuchó como una declaración de intenciones noble pero vaga. Lo de tener a esta grande sobre el escenario no fue intención: fue realidad. Patti LuPone en el Teatro del Soho CaixaBank fue Broadway en toda su dimensión. Sin matices, sin peros. La promesa se cumplió.

El Teatro Soho CaixaBank no es solo un teatro que pone en escena espectáculos de excelencia. Es un proyecto que funciona de arriba abajo: desde lo que ocurre sobre el escenario hasta el equipo humano que lo sostiene, ese conjunto de personas que hacen que todo encaje con la precisión y el cuidado que distingue a los mejores teatros del mundo. Eso también es parte del milagro.

Así que como parte de las Artes Escénicas y como público, digo: Gracias Antonio Banderas. Y gracias al equipo del Teatro Soho CaixaBank. Málaga tuvo sin lugar a dudas una noche de esas que se recuerdan para siempre.