En un mundo donde el exceso de información, de cualquier formato, es tremendo, uno se plantea de manera recurrente si realmente merece la pena sentarse delante del teclado como un vulgar columnista.

Un columnista con el ideal de reflexionar para construir opiniones y críticas dirigidas a una sociedad que parece por momentos congelada. Opiniones y críticas que serán publicadas (desde esta insignificante atalaya) para buscar convertirse, por un instante, en señales de humo perceptibles únicamente para aquellos paladines que aún reconocen este tipo de augurios.

Y es precisamente en esa búsqueda constante de valor cuando un domingo cualquiera del mes de septiembre me decidí a profundizar en un concepto que me ha acompañado durante toda mi trayectoria profesional y personal, terminando por ser el santo y seña de identidad de este sagrado espacio periodístico. “Kaizen”

Kaizen proviene de la combinación de dos palabras japonesas, “kai” cuyo significado es “cambio” y “zen” cuyo significado es bueno o mejor. Es un término positivista, que nos impulsa a cambiar para mejorar siempre. Pero no grandes y propagandísticos cambios; sino muchas y diminutas acciones en la sombra, sostenidas durante largo tiempo.

Como guiño histórico, después de la II Segunda Guerra Mundial, el país atravesaba grandes dificultades económicas. Japón necesitaba reinventarse. En 1949 se creó la Unión Japonesa de Científicos e Ingenieros (JUSE), que fue fundamental para el desarrollo del Kaizen. Masaaki Imai es considerado el padre de la criatura. Esta filosofía tiene una doble vertiente empresarial y humanista.

Como metodología empresarial busca involucrar a los empleados, identificar problemas, crear una solución, probar la solución, analizar los resultados, adoptar la solución exitosa para volver a arrancar un ciclo continuo de repetición. Todo ello basado en formación continua. En definitiva es una actitud cultural que debe permear en toda la empresa, desde la parte operacional a la alta dirección.

Como filosofía de vida busca que el individuo mejore cada día mediante la aplicación de pequeños cambios sostenidos. Cambios que se consoliden en hábitos, y hábitos que generen transformaciones significativas en la persona.

Se trata por tanto de autoanalizarse. El autoconocimiento es crítico para identificar pequeñas acciones y gestos que podamos incorporar a nuestra rutina, ya sean del plano emocional, físico, espiritual…desde leer 15 minutos diarios o caminar cada día o comer un alimento saludable al día.

Todo pasa por marcar una hoja de ruta clara y alcanzable alineada a nuestros objetivos. Eso motivará la reflexión continua y de manera regular sobre lo que hacemos, cómo lo hacemos, qué impacto tiene en nosotros y en nuestro entorno más cercano y entender qué procesos nos funcionan y cuáles no. Un proceso que una vez que se inicia se puede convertir en imparable.

El Kaizen personal requiere compromiso con uno mismo para trabajar la resistencia al cambio y siempre va ligado a la consecución de los objetivos personales que nos marquemos. Esto se traduce en pararnos a reflexionar de manera recurrente, un lujo no al alcance de cualquiera en los tiempos que vivimos.

Pero cuando los años del calendario van pasando, nos damos cuenta (a veces tarde) que no todo en la vida gira en torno al éxito profesional.

La familia, los amigos, la pareja y las relaciones adquieren un peso importante. Sentirse físicamente bien y emocionalmente estable también se convierte en meta importante. Incluso el planteamiento a nivel espiritualidad (entendido en el significado más amplio) adquiere importancia. Esto nos convierte en seres más complejos, que para evolucionar y explicar el motivo de su existencia, necesita buscar mecanismos y procesos de mejora en diferentes planos vitales.

En definitiva, en un mundo caótico y vertiginoso saturado de información y desinformación, donde el individuo pierde su identidad y su valor social, este humilde columnista aboga por aplicar a nivel personal el arte de crecer cada día, paso a paso, disfrutando del proceso y haciendo sostenible la transformación de manera individual y con impacto colectivo y social.

¿Kaizen sí o Kaizen no?