Me despiertan las campanas de la Piazza dei Signori, suaves pero firmes, como si quisieran recordarme que estos muros llevan escuchándolas desde hace siglos. Aún con la velada de anoche en mente, bajo a la Piazza dell’Università de Treviso y me pido un macchiato. Mientras, las niñas corretean alrededor de la fuente y siento que el tiempo se detiene.

Vamos a Padua a ver la cúpula de los Scrovegni. Entramos en silencio, porque los frescos de Giotto no permiten otra cosa. Y es ahí, mirando el azul ultramar del Juicio Final, que lo siento con certeza: esto no es solo pasado, es también futuro. El futuro necesitará la tradición y la historia.Valoraremos más que nunca que un fresco pintado hace más de 700 años siga emocionando.

En un mundo que compite en la carrera de la innovación y la inteligencia artificial, Europa parece impasible, pero no es ajena.

Según el informe The Future of Jobs 2023 del Foro Económico Mundial, las competencias humanas ligadas a la creatividad, el pensamiento crítico y la sensibilidad cultural serán algunas de las más demandadas en la próxima década. No es casualidad. La historia no compite con la inteligencia artificial; es su guía.

Europa tiene una ventaja que no se puede programar: siglos de arte, pensamiento y contradicciones. Desde Sócrates hasta Simone de Beauvoir, desde el Partenón hasta el Guggenheim, desde Dante hasta Zadie Smith. Un patrimonio que no es solo estético, sino profundamente político y existencial.

Quizá por eso este viaje en familia está siendo también una forma de enseñarles a mis hijas que hay cosas que no caben en una pantalla. Que la cultura y la tradición están en su ADN. Que comer un risotto en la plaza no es solo un acto gastronómico, sino una lección de civilización. Que Europa no es solo un destino, sino una forma de mirar el mundo.

Mientras otros corren por la plaza, Europa observa como una madre que ya ha visto muchas primaveras. No necesita gritar para hacerse oír, ni correr para demostrar que sigue en juego. Le basta con estar, con recordar, con mantener en pie las campanas que han sonado durante siglos y seguirán sonando, mientras el mundo gira. Porque sabe que, antes o después, todos mirarán hacia ella.