Los americanos se han ido a su fiesta nacional del 4 de Julio con la ley de presupuestos de Donald Trump. Una ley que anticipa un gasto en defensa muy superior al gasto social y que ha sido contestada en el Senado por los propios republicanos hasta el punto de que el vicepresidente J.D. Vance ha tenido que desempatar con su voto el bloqueo.
En España, cuando ha habido cambio de ciclo, la derecha ha recortado o contenido la inversión en I+D+i y en política industrial. Un mantra neoliberal thatcheriano que dio la puntilla a una industria inglesa y que la escuela de Chicago y Reagan apuntalaron.
Se inauguraba la era de las deslocalizaciones, de las reconversiones industriales. La era de las manos blancas, negras o amarillas, ¿qué más daba quién fabricara las cosas? La derecha monopolizó e instauró un mantra, un dogma, influida por la financiarización.
La economía financiera, la que invierte en comprar y vender participaciones de empresas, futuros, seguros, se iba haciendo con el control ideológico de todo lo que había entre el centro y la extrema derecha y todos pensaban igual. Si no es competitivo ciérralo.
Si las teles, los teléfonos, los coches, los transistores, o los ordenadores son más baratos fuera que dentro cómpralos fuera. Llegó Blair, la tercera vía y antes, Boyer, Solchaga y los ministros económicos del PSOE y compraron la mercancía. Ahora hacemos barcos, ahora cerramos los astilleros. Los lunes al sol, ¿recuerdan?
Ahora los astilleros de Navantia en El Ferrol podrían construir un portaaviones de 40.000 tm para despegue vertical. Un proyecto que puede suponer 5.000 millones de euros. ¡Viva la madre superiora! En América estos asuntos no están sujetos a bandazos. Seguridad Nacional.
En la era en la que hay que construir láseres de 1MW para destruir misiles supersónicos y drones baratos a decenas de miles, nosotros, que tenemos nuestra principal amenaza a 14 kilómetros, vamos a construir un portaaviones. Aún así el efecto tractor del proyecto sería enorme.
Y mejor invertir en hacer portaaviones y submarinos que dedicar el aumento del presupuesto de defensa a importar tecnología de otros. La pregunta es si el esfuerzo será sostenido, para no dar bandazos. Si hay alguien al otro lado ocupándose de la estrategia, de las decisiones de Estado y de la Política Industrial como un aspecto de Seguridad Nacional, al igual que lo debiera ser la garantía del suministro alimentario o farmacéutico.
Empezó a finales de los 70. La producción, ya fuera primaria, secundaria, ya fuera el campo, el mar, la granja, la mina, la central energética o la fábrica, no era lo importante. Eso no era lo que generaba verdadero valor. Los chicos más listos se iban a trabajar con la verdadera materia prima, el dinero.
Un dinero que se imprimía con cada vez más alegría. Nixon se carga el contravalor y ahora le llaman al dólar un dinero fiduciario. Ya no hay oro ni nada tangible que sustente el billete. Y los bancos, con sus coeficientes de caja, multiplican la liquidez que les otorgan los bancos centrales.
Los bancos fabrican dinero, las instituciones financieras fabrican dinero y lo multiplican en las épocas expansivas más rápido de lo deseado y lo restringen exponencialmente en las épocas de crisis. Ya no va de que tú le prestas el dinero al banco y con ese préstamo que te debe remunerar y se llama depósito, ellos prestan a muchos otros.
Dependiendo del arte y la audacia del banco, por cada euro que tú ahorras y apenas te pagan ellos prestan 8 o 10. Pero, además, prestan a inversores sin dinero que apalancan dinero privado, público y deuda para invertir en comprar empresas, a menudo con deuda de adquisición y deuda operativa.
No es raro que, con 20 millones de verdad, puedas acabar comprando una empresa de 100 millones de euros. Si el ciclo te acompaña, la empresa devuelve la deuda en 5 o 6 años, y crece un poco, ya sacas mucho más al vender las acciones que lo que la propia empresa genera.
Muchas veces la empresa dedica toda su caja a crecer, no ha dado un resultado en años, ni un dividendo, ha amortizado fondos de comercio, y otros inventos, de manera que tiene pérdidas, pero eso no importa. Crecen las ventas y el margen y con ello la vendes y haces caja. Mucha más de lo que los accionistas harían esperando pacientemente a cobrar su dividendo, después de impuestos, claro.
El mundo se ha ido llenando de paraísos fiscales, lugares de baja tributación, en países supuestamente serios como Luxemburgo, Holanda, en islas de corsarios como las del canal, en Chipre, Malta, Barbados, Panamá o en Delaware.
Montan sus empresas, las apalancan, crean filiales que son vehículos en los países en los que quieren invertir, a menudo vuelven a invertir con apalancamiento local en empresas apalancadas que se acaban quedando. El fin, venderlas. Lo que pase con ellas, irrelevante siempre que les hayan podido dar el pase.
Picar piedra en crear valor de verdad, del de toda la vida, cultivando, extrayendo, faenando, produciendo o fabricando es de pobres y de pringaos. Hay una élite que invierte y desinvierte dinero propio y de otros y hay unos idealistas que piensan en inventar, fabricar y vender compitiendo contra viento y marea.
Nadie pensó que había una debilidad enorme en trasferir no solo enormes cantidades de riqueza hacia los países que iban ganando competitividad y poder, sino que además perdíamos el conocimiento para siempre.
Los mercados de materias primas, de maquinaria, de suministros, se desplazaban, los servicios industriales se perdían, los astilleros se cerraban, el capital se amasaba en otros sitios, el capital de verdad, no el especulativo que se disuelve como la capitalización de Tesla en los últimos trimestres. Ni antes podía valer más que Volkswagen o Toyota ni ahora es un chicharro.
La nueva derecha nacionalista que abandera Trump, Urban y otros, sin embargo, son industrialistas. Por primera vez un cambio de ciclo de izquierda (si a los liberales se les puede considerar como tal) a derecha, hace una apuesta mayor por políticas industriales.
Recorta en servicios sociales, pero aumenta los incentivos en aquellas áreas que el gobierno norteamericano considera estratégicas. En el gobierno de las ayudas a la industria de los semiconductores hay directivos de seguridad nacional.
Trump aumentó los incentivos fiscales y las ayudas a los fabricantes de semiconductores del 25 al 35% más allá de lo que le IRA de Biden garantizaba. Disponer de capacidades industriales en la base de la tecnología que sustenta su economía y su dominio militar es estratégico, no es una opción de partido es una política de Estado.
Esta semana PSOE y PP tienen reuniones importantes. Veremos si hablan más de 2 minutos sobre temas estratégicos, sobre las apuestas de innovación, tecnología e industria o seguimos en modo corto plazo y en modelos ideológicos caducados hace tiempo. Veremos si el tiempo que el Sr. Nadal ha estado fuera le ha hecho reflexionar o viene con las recetas de antes.
La política industrial no es ni de izquierdas ni de derechas, son cosas de comer y con ella no se juega. Energía suficiente, abundante, bien distribuida, barata, conocimiento y ciencia, centros tecnológicos bien dotados y conectados con industrias bien arropadas como piezas estratégicas de la seguridad nacional, del futuro de los nuestros.
A ver si no se nos pega lo malo del presupuesto de Trump, una deuda desproporcionada y unos recortes sociales que pueden llevar el país a ser un estado fallido por la fractura social.