El pasado martes 28 de enero se presentó en Málaga el informe titulado “La economía digital en España. Avances y retos por regiones y sectores 2025”, elaborado por la Fundación COTEC y el apoyo académico del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE).
El evento tuvo lugar en el espacio Telefónica 42, la joya de la corona del Polo Digital establecido por el Ayuntamiento de Málaga en uno de los antiguos pabellones de Tabacalera. No es posible un mejor escenario para hablar de economía digital y competencias digitales que este lugar puntero y entusiasta, insomne y cooperativo, por el que han pasado ya más de 5.000 personas de todas las edades dispuestas a dar un empujón a sus carreras profesionales, o a protagonizar un giro de guion, impulsados por una idea de origen francés aclimatada a España de la mano de nuestra principal empresa de comunicaciones.
Del informe, que tiene 260 páginas, me han llamado la atención, para escribir esta columna, tres cuestiones. La primera, que entre Madrid (28’3%) y Barcelona (20’6%) se concentra casi la mitad de la economía digital nacional. En tercera posición aparece Andalucía (10’9) y a continuación la Comunidad Valenciana (8), y el País Vasco (6’2).
La segunda cuestión llamativa es que Andalucía es la comunidad autónoma en la que se observa una mayor diferencia entre su aportación a la economía española en términos de Valor Añadido Bruto (VAB) y su aportación en términos de economía digital: una brecha de 2.4 puntos porcentuales, lo que pone de relieve que la región sigue especializada en sectores de bajo valor añadido.
La tercera consideración que provoca la lectura del informe tiene que ver con los sectores productivos menos intensos en cuanto a la digitalización: agricultura y pesca, comercio al por menor, construcción, hostelería, actividades inmobiliarias. Precisamente las actividades económicas que suelen tirar del carro de la economía andaluza. No sorprende entonces, aunque no haya una relación muy evidente entre estos dos informes, que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) haya desvelado el 31 de enero que es Andalucía la comunidad autónoma que menos ha crecido en 2024, en términos interanuales, un 2’9%, lejos de la media española (3’5%).
Los diferentes informes que publican las instituciones públicas y privadas especializadas deben servir siempre para reflexionar en términos de public policy, de diseño de políticas públicas. En este sentido, a la vista de las distintas estrategias autonómicas de digitalización puestas en marcha (Plan de Capacitación Digital de Andalucía 2022-2025) o recién anunciadas y publicadas (I Estrategia Andaluza de Emprendimiento Digital y Transformación Digital de la PYME 2030), es necesario revisar los distintos ejercicios de rendición de cuentas para ver si se está siguiendo el camino correcto, máxime cuando los propios informes de la Unión Europea muestran que más del 40% de la población europea, casi en mitad de la llamada Década Digital Europea, aún carece de las habilidades y competencias digitales básicas definidas en los estándares institucionales.
En el caso de las pymes y su necesaria digitalización, es asimismo relevante el estudio y análisis en profundidad del concepto de Intensidad Digital, que ofrece indicadores relevantes sobre el grado de digitalización de las pymes – es decir, de la inmensa mayoría del tejido productivo andaluz, español y europeo-, y que incluye desde la presencia y actividad en redes sociales hasta el uso de herramientas de inteligencia artificial, pasando por el comercio electrónico, el uso de sistemas de gestión como ERPs o CRMs, el aprovechamiento de los datos a través del data mining o data analytics o las cuestiones relacionadas con la ciberseguridad.
¿Están alineados los incentivos públicos en la dirección de aumentar la intensidad digital de las pymes andaluzas? ¿Qué papel están jugando los agentes sociales empresariales, sean las asociaciones de empresarios o las cámaras de comercio en este proceso? La definición de objetivos medibles y alcanzables es siempre una garantía de éxito en el acierto de los instrumentos diseñados y ofrecidos para conseguir avances significativos en el mundo de la digitalización.
Finalmente, no me gustaría dejar de mencionar otra cuestión de interés. También se ha conocido en fechas recientes el Mapa del Empleo que elabora Telefónica, otra vez, a partir de las ofertas de perfiles tecnológicos en los principales portales laborales españoles (InfoJobs, Tecnoempleo, TicJob y BuscoJobs). De nuevo, Madrid (17.617) y Barcelona (11.294) concentran casi la mitad de las ofertas totales. La buena noticia es que Málaga ocupa la cuarta posición, con 1.475 ofertas, por detrás de Valencia (2.349). Los perfiles con más ofertas en Málaga son los de especialista en márketing digital, desarrollador/a de software, consultor/a TIC, profesional técnico TIC y digital Project manager.
Y ahora va la pregunta incómoda. De la misma manera que llama la atención que Madrid y Barcelona concentren la mitad de la economía digital española y sus ofertas de empleo, y que Madrid se haya convertido en una “aspiradora de talento” que atrae a profesionales de toda España, con las repercusiones que eso tiene para el resto del territorio, ¿cómo analizamos y valoramos que entre Málaga y Sevilla concentren tres de cada cuatro ofertas de empleo digitales en Andalucía? ¿Lo que es bueno para dos provincias -sean Madrid y Barcelona, sean Málaga y Sevilla- es bueno para el conjunto de la economía nacional y autonómica? ¿O quizás debería pensarse en algún mecanismo de distribución o retención del talento digital por todo el territorio, de manera que no dificulte que empresas de provincias se encuentren sin profesionales con los que acometer su propia y necesaria digitalización?
Quien crea que leer informes es aburrido y que no sirve para nada está muy equivocado. Sin información, es imposible hacerse preguntas. Y sin preguntas, sin cuestionar lo que sabemos o intuimos que sabemos, cualquier cosa que pase nos parecerá bien, pero, sobre todo, nos parecerá inevitable. Pero las cosas ocurren porque se toman decisiones, y siempre es bueno disponer de información e interés para no convertirnos en simples espectadores de un futuro diseñado a nuestras espaldas.